Recolocar…

Recolocar…

Hace poco más de cinco años me operaron del pie izquierdo. Según me dijeron eran tres operaciones en una, acabé con dos cicatrices enormes, unos pocos tornillos y grapas y una recuperación, que tenía que haber sido de tres meses y finalmente terminó en siete.

Pero me recuperé y el pie aparentemente se quedó bien pero conforme pasó el tiempo un dedo se desplazó y hizo que otro terminara montado, busqué solución y me «ofrecieron» rehacer la operación… Aguanté porque no quería pasar por lo mismo, no soy «quejica» pero aquello fue horrible y doloroso, los dos primeros días contaba las horas y minutos para poder tomarme el calmante. Y al final decidí operarme de nuevo porque el pie cada vez está peor.

Entre tantos papeleos y problemas con los seguros, recordé una clínica de aquí que tiene muy buena fama y un familiar se había operado hace muchos años con un resultado buenísimo y decidí visitarla y pedir otra opinión.

Allí me ofrecieron una cirugía completamente distinta que la que me habían hecho y «casi» garantizando un resultado mejor. No lo pensé mucho, las probabilidades de mejorar son más que en el otro tipo de operación y esta es «mínimamente invasiva» y con una recuperación por tanto más rápida y menos dolorosa.

A veces se hace todo a «lo grande» se abre del todo, se descolocan las cosas y se vuelven a colocar, si es necesario añadimos algo más para que queden «como deberían de estar» y después cerramos y al igual con dos pequeños cortecitos, con instrumental apropiado y  con mucho tacto, podemos conseguir un mejor resultado.

Esto me ha traído a la cabeza a aquellas personas que entran en nuestra vida alborotando todo, creyendo ser lo que nosotros necesitamos, descolocan y colocan a su antojo y después se van, pero no sin antes hacer una herida que nos dejará una cicatriz de por vida y hará que siempre recordemos ese momento. Y por otro lado, hay personas que llegan con delicadeza, se cuelan muy despacio por una pequeña rendija que quede en esa coraza que decidiste colocar un día, una vez dentro no desordenan, justo lo contrario, organizan el desorden que otros crearon  con cuidado de no hacer mucho daño y curando el mal que otros dejaron.

Mañana es el día y no sé cuando podré volver a dar esos paseos por el mar, aunque espero que antes de lo que yo pienso, pero mientras tocará hacer una pausa y recuperarse.

B.D.E.B.

Manuel Carrasco y  Mon Laferte – Dispara lentamente
Distraído

Distraído

Caminaba distraído, con la mirada perdida y los pensamientos quién sabe en qué lugar. Sus pies descalzos sentían la arena mojada y se dejaban acariciar por el agua del mar.

Caminaba lentamente, disfrutando del entorno, de la suave brisa y de esos ligeros rayos de sol que querían escapar entre las nubes. En algún momento se detuvo y miró hacia el horizonte, posiblemente preguntando al mar, esperando las respuestas que a veces nosotros no tenemos y ¿acaso el mar las tiene? No importa, siempre terminamos preguntándole, quizás porque nos sirva de terapia.

Yo caminaba unos metros detrás, observando como quien se observa a si mismo, buscando en otro el reflejo de lo que hacemos, de lo que nos es tan familiar.

Paseos que son más que un caminar, nos lleva más allá, camino a encontrarse con nosotros mismos, en ocasiones observando a otros…

B.D.E.B.

Leiva – Monstruos
Hora mágica

Hora mágica

Hay una hora mágica en el día, justo cuando el sol comienza a salir. En apenas unos minutos aparece en el horizonte, como emergiendo del mar, despacio, sin prisas y comienza a reflejarse en él como quien se observa en un espejo, acicalándose para lucir en todo su esplendor.

Unos minutos después sus rayos comienzan a calentar esas frías mañanas de invierno, ahí desaparece la magia y comienza el día.

Es justo en esa hora mágica en la que pienso en ti, te sueño, te dibujo en mi mente y te dirijo al corazón. En ese momento sonrío, miro al mar y al astro rey reflejándose en él.

Sus rayos impactan en la espuma blanca de las olas y estas brillan, ¿cómo tus ojos? Creo que sí, que tus ojos brillan cuando te emocionas, al igual que lo hacen los míos.

Te busco en ese momento, miro a lo largo de la orilla y busco a alguien mirando fijamente el horizonte, quieto, sintiendo y dejándose acariciar por la brisa fresca, por esos primeros rayos o quizás soñando como yo…

en que esas caricias sean las nuestras…

B.D.E.B.

Saurom – Cuando nadie nos ve

A quien me sustituya

A quien me sustituya

Mientras venía en el coche camino hacia ese amanecer en el mar, sonaba una canción que habré escuchado decenas de veces, me encanta. Pero hoy me ha hecho reflexionar, reflexionar sobre las relaciones que un día acaban y lo que viene después.

Cuando comenzamos una relación nos gustaría, incluso creemos, que será para siempre pero por desgracia no siempre es así, en ocasiones termina, a veces mal y otras porque ese amor «se acaba» y quienes antes se conocían hasta el último lunar del cuerpo, se convierten en desconocidos.

Y sería bonito que cuando esto se acaba, al menos permanezca parte de ese cariño que se compartió y poder escribir a quien llegue después como es esa persona de la que un día te enamoraste, escribir desde el amor y no del rencor, sin celos simplemente pedir que cuide ahora que tú ya no estás.

Porque en ocasiones nosotros miramos diferente y solo así podemos ver más allá de lo que otros ven.

B.D.E.B.

Carta a quien me sustituya – Borja Navarro y  Cori García

Soledad ¿necesaria?…

Soledad ¿necesaria?…

Si echo la mirada atrás no recuerdo la última vez que estuve sola en casa por unos días. Siempre han estado los chicos, o los dos o uno o el otro, pero sola realmente no lo recuerdo.

Esta tarde se lo comentaba a una amiga y me decía que eso está bien, que a veces es necesario, cuando ya estamos acostumbrados a vivir siempre en compañía, el estar solos por unos días, haciendo lo que te apetezca y si no apetece nada, no hacer nada es posible que sí haga falta y más cuando vives siempre con mil obligaciones o compromisos o los buscas cuando ves que tienes un rato libre.

Creo que estamos tan acostumbrados a tener la mayoría del día y de los días ocupados, que cuando aparece un fin de semana así casi que lo vemos extraño y no sabemos bien como va a resultar.

Hoy de momento ha sido tranquilo, después de regresar del aeropuerto de dejarlos, he trabajado un rato y quitando que salí a la peluquería de mi amiga luego ya me quedé tranquila en casa. Aproveché para hacer alguna cosilla que había pendiente y cuando me di cuenta ya se había ido la tarde también.

A veces parece que pase más rápido el tiempo cuando no hay nada planificado, simplemente dejarse llevar por lo que apetezca en el momento que cuando tienes un día de esos de no parar.

Mañana creo que aprovecharé para dar un paseo por el mar y ver el amanecer, aunque eso sea el plan del domingo, creo que mañana también lo haré, hay que aprovechar cuando no hay obligaciones para hacer lo que realmente nos gusta y no solo eso, además lo que nos sienta bien, nos relaja y nos sirve de terapia (últimamente bastante necesaria).

Creo que mi amiga tenía razón y en ocasiones necesitamos un poquito de soledad, de tranquilidad y de dejar de hacer, de vez en cuando no se está tan mal, además, mi negrita ahí está encima por si acaso yo también me voy, el otro ha aprovechado de que el sofá está libre para tumbarse a sus anchas sin que nadie le moleste.

B.D.E.B.

Ainda y Leiva – Tu soledad y la mía