Hay veces que los viajes de trabajo se convierten también en un poquito de ocio, sobre todo cuando viajamos a algún lugar que todavía no conocemos, que lo visitamos por primera vez.
Esta ha sido una de esas veces y se aprovecha para hacer un poco de turismo por la ciudad y descubrir ese lugar, que aunque en alguna ocasión has tenido en mente, nunca lo habías llegado a visitar.
Hoy ha sido una primera toma de contacto y, la verdad, me ha maravillado lo poquito que he visto. Además da la casualidad (bueno, más que casualidad ha sido recomendación) que la ciudad está de feria, así que más movimiento en la calle y aún más cosas por ver y disfrutar.
Me encanta descubrir esos lugares hasta ahora desconocidos, perderme por las callejuelas antiguas, probar la gastronomía típica y escuchar a sus gentes hablar con cariño de su ciudad.
Mañana tocará una parte de trabajo y otra de seguir descubriendo y para el sábado ya me han preparado un pequeño «tour turístico».
Si por algún motivo no me importa viajar por trabajo es este precisamente, que siempre hay ratitos de ocio en los que descubrir lugares que aún no conocía.
B.D.E.B.
Nil Moliner y Valeria Castro – Amelie.
Y si hay algo que también me encanta descubrir son canciones.
Si tu mascota pudiera hablar, ¿qué sería lo primero que diría?
Ahí está ella, siempre con ganas de jugar. En cuanto llegas, se pone loca de contenta, a dar saltos, a ladrar, pero como vea que saludas primero a su compañero, va a buscar enseguida un juguete para traerlo y que te pongas a jugar con ella.
Siempre tiene que ser la protagonista, si es preciso aparta al otro para ponerse ella más cerca, Ares se resigna y le deja el sitio y ella enseguida reclama tu atención.
Si hablara estoy segura que preguntaría eso «¿quieres jugar?» O peor, seguro que diría «ni lo pienses que te vas a tumbar, llevas todo el día haciendo cosas, ahora toca jugar conmigo», porque ella más que pedir las cosas casi que las exige.
Pero también sé que diría otra cosa «bah hazme un huequito a tu lado y cuéntame que te pasa», es juguetona, exigente, pero también muy cariñosa.
Hace poco más de un año, a los pocos días de instalarme en el camping compré esta plantita. Tenía más hojas y me llamaron la atención por la forma de su dibujo, de hecho, las primeras fotografías con la cámara nueva fueron de ellas.
Terminó el verano y se vino conmigo a casa. Pensé que no duraría mucho, mi poca mano con las plantas, pero para sorpresa mía la planta fue creciendo cada vez más, tipo enredadera y un día me sorprendió una pequeña flor (hablé de ella en una entrada fortaleza), después de esa llegaron algunas más y, la verdad, estaba contenta de que por fin una planta, no solo me había «sobrevivido» (bueno, hay alguna más por ahí) si no que cada día tenía más ramas, más hojas y estaba más bonita.
Este verano dejé a una persona encargada de regarlas, y para mi sorpresa, cuando llegué poco habían sobrevivido, y esta en concreto la había «ahogado», tuve que hacerle una buena limpieza y a la vista está lo que quedó de ella… me dió pena pensar que tanto que la había cuidado y al final…
Ahora toca empezar de nuevo, tratarla con cuidado, con mimo y con cariño y esperar a que se recupere, a que esas hojas vuelvan a salir bonitas, a que algún día me sorprenda de nuevo una flor y a que sus ramas ocupen todo el lugar que en su día le busqué porque ya no cabía donde estaba.
En esta ocasión es comenzar con ella, en muchas ocasiones en la vida tenemos que comenzar de nuevo con situaciones que por mucho que se haya tenido cuidado, por muy bonito que estuviera todo, de repente se estropea, por un descuido, por no cuidar o por pensar que alguien pueda hacerlo por nosotros. Cuando llega este caso, hay que intentar no dejarlo morir del todo, intentar poner remedio y que de esas «dos hojitas» volvamos a tener una maceta llena de ramas y hojas que de vez en cuando nos sorprendan con una flor.
Hay días que me gusta revisar imágenes de meses atrás, incluso algún año atrás, y ver algo en ellas que en su momento no lo observé, o no llamó la atención, o quizás se tomaron varias imágenes y decidiste escoger otras. Y de repente un día mientras las revisas, miras distinto, quizás un poquito más allá y le encuentras ese algo que te hace elegirla.
Puede ser esa zona anaranjada entre dos azules, donde el sol intenta «imponerse» pero las nubes se lo impiden. O puede ser esas nubes algodonosas, tal como las dibujábamos de niños. O quizás ese reflejo en un pequeño charco del mar, donde observamos ese cielo que amenaza con llover.
Miramos distinto, miramos más allá, incluso en ocasiones nos adentramos en la imagen, buscamos ese significado que quizás no era el que buscamos en el momento de tomarla, sólo al observarla con detenimiento lo encontramos.
En ocasiones vamos rápidos en todo, incluso para caminar por la vida, echamos una mirada rápida sin detenernos, nos perdemos los pequeños detalles por no mirar más allá, por no mirar distinto.
Es más, en ocasiones nos perdemos a las personas por no hacer eso, ver más allá, mirar distinto y profundizar un poquito más de lo que se ve a primera vista. A veces es complicado porque no todo el mundo lo permite y quizás hay que esforzarse un poquito más.
Pero que bonito es descubrir algo que se nos podría pasar por alto sólo por no fijarnos. Que bonito es aprender a mirar distinto…