Serenidad…

Serenidad…

Algunos días necesitamos revivir ese momento de paz, tomar aire y seguir caminando.

Situaciones que no terminamos de aceptar interiormente, que nos gustaría volver a atrás para ver qué pasó, si algo se hizo mal y poder remediarlo, pero hay cosas que no tienen vuelta atrás, y solo queda dejarlo en el pasado, no traerlo de vuelta y mirar hacia adelante.

Hoy regreso a esta imagen que me transmite tranquilidad, me lleva a ese momento que no me canso nunca de repetir, ese momento que es un encuentro conmigo misma y el mar está por testigo.

En ocasiones cuando se acercan los aniversarios, ese primer aniversario, aunque sea de algo que se rompió y a la vez te rompió a ti, necesitamos contrarrestarlo con aquello que nos devuelve esa serenidad que un día tuvimos y se perdió.

Seguimos caminando y esperando que un día regrese.

B.D.E.B.

Shinova – Los días que vendrán
Una fina línea

Una fina línea

Cuando está empezando a amanecer, momentos antes de que el sol sea visible en el horizonte, se forma una fina línea de tonos anaranjados y se hace visible la separación entre el azul del cielo y el del mar. Una vez el sol está arriba, brillando con todo su esplendor, esos dos azules se entremezclan y es más difícil distinguir esa línea que separa el cielo del mar, da la impresión de que se quisieran mezclar entre sí para ser solo uno.

Una fina línea que en más de una ocasión en la vida,  nosotros mismos «la dibujamos» y no queremos traspasarla, o a veces son otros las que las crean a modo de barreras para que no pasemos de ahí, para que no invadamos su espacio.

Esa línea es fina pero se ve, incluso más clara que la que separa el cielo del mar. Es una línea que respetamos, como si fuese una cuerda con la que tenemos miedo de tropezar y caer de bruces.

En otras ocasiones puede llegar a ser una línea imaginaria, creemos que está, otros creen que está y no cruzamos «por si…»

Pero no nos damos cuenta de que esas líneas no son necesarias, no nos impiden pasar, podemos intentarlo y ver como casi desaparecen, mezclar esos dos tonos y pintarlo todo de ese color azul que surge cuando se unen sin ninguna separación visible.

B.D.E.B.

Macaco y Vicente García – Hay una conexión
Algo en ti

Algo en ti

Hoy, mientras escuchaba una canción nueva para mí, me he quedado pensando (una vez más), en eso que vemos en algunas personas, ese detalle, ese gesto, eso que nos llega y que en ocasiones la otra persona no es consciente de ello, pero nosotros lo notamos y es suficiente para saber que ese «algo» te ha calado.

Quizás porque me considero una persona observadora, lo he dicho muchas veces, me mantengo en un segundo plano, menos visible que el resto y observo y me acerco a esas personas que les encuentro ese «algo», ese que me llama la atención y que me hace sentir de alguna manera, porque no todas las personas lo tienen o quizás a mí no me llega.

A veces yo creo que buscamos algo parecido a nosotros, otras algo completamente distinto, otras aparece ese gesto sin buscarlo. Puede ser las cosas que cuentan y lo que percibes tú cuando lo hacen, en ocasiones el leer entre líneas, o el mirar donde otros no se atreven, ver más allá de lo que en un principio se muestra y allí encontrar ese «algo» que estaba escondido.

Y cuando aparece ya solo nos queda acercarnos a esa persona que quizás se quede extrañada porque no sabe el porqué, que ha sido lo que has visto o qué ha hecho para que le consideres especial, pero tú sí sabes que está ese «algo» ese que en ocasiones ni nosotros sabríamos definir, pero está ahí y necesitas ese acercamiento, ese acompañar, ese estar para cuando lo necesiten.

Esas personas no siempre seguirán en nuestro camino, no siempre nos acompañarán o no estarán todo lo cerca de nosotros como nos gustaría, pero tengo claro que cuando descubro ese «algo» para mí seguirán siendo especiales aunque no sean concientes de ello.

B.D.E.B.

Eva Sola – Hay algo en ti

Un café…

Un café…

Un café delante y alzo mi mirada, la observo moverse, capturo el momento y regreso al café. Mientras lo saboreo lentamente sigo observando todo lo de mi alrededor, en ese lugar de costumbre.

Enfrente mía en una mesa y solitario como yo, un hombre joven, lee un libro y no puede contener la risa. De vez en cuando suelta una pequeña carcajada, intentando que no sea muy fuerte pero lo suficiente para que llegue a mis oídos, me sonrío, me encanta ver a la gente reír así, con una lectura o con alguna imagen o con un chiste que le contó su acompañante… es bonito ver reír, y más bonito aún hacerlo.

En el otro lado una pareja desayuna, parecen ajenos al resto, confesiones entre sorbos de café, miradas que lo dicen todo, un croissant compartido. Me da un poquito de esa envidia sana, luego recuerdo que en alguna ocasión yo también he estado viviendo una escena parecida, vuelvo a sonreír.

Un sorbo a ese café que se va quedando frío, no importa, me gusta caliente o frío, lo importante es saborearlo.

En el centro hay una mesa grande, redonda y con unas siete u ocho sillas alrededor, todas ocupadas. En ella varias conversaciones a la vez algunas parecen más serias, otras divertidas, solo hay que fijarse en sus rostros, hablan por si solos.

Al fondo una pareja mayor, van acompañados de su perrete, está quieto sentado al lado del señor y con su mirada suplicando un bocado de esa tostada que tiene una pinta deliciosa. El señor parece que lo ha intuido y disimuladamente agarra un trocito y acerca la mano al peludo para dárselo.

El último sorbo de café y mi mirada se dirige arriba de nuevo, hacia ella. Es curioso que nunca me había fijado en su presencia. Ese sitio que visito habitualmente los domingos y hasta ese día no la había visto, es como si ese día hubiese aparecido al igual que las personas que estaban allí, siempre extraños, rara vez coincido con alguien al que haya visto anteriormente, o quizás no me fije lo suficiente en sus rostros.

Quizás esté más pendiente de ese café y de mirar hacia el mar.

B.D.E.B.

Ricardo Arjona – Sólo quería un café
Caminar…

Caminar…

Las huellas de dos que caminan juntos, alineadas, con el mismo paso, el mismo camino, van dejando ese bonito pasillo a orillas del mar.

Un caminar que a veces se vuelve complicado, no siempre termina con esas dos hileras de huellas una al lado de la otra.

En ocasiones se divide en dos caminos diferentes, o uno se cansa y decide dar la vuelta, o incluso una piedra en el camino hace que uno de ellos la bordee, la salte o intente quitarla, el otro sin embargo no se atreve y decide abandonar el caminar.

Desde atrás observo esas huellas, me atrevería a decir que con un poquito de envidia, las mías en la arena siempre forman una sola hilera, pero en la vida caminamos por más lugares, en algunos solo quedarán mis huellas, en otros irán acompañadas…

B.D.E.B.

Zona- Labios rotos