Fortaleza…

Fortaleza…

En la oscuridad de la noche, cuando todos duermen, ella cierra sus hojas, se esconde de los fantasmas y sin darse cuenta algo nuevo crece en su interior.

A la mañana siguiente se despierta, despliega nuevamente las hojas como quien se está desperezando y ahí está, esa belleza escondida ha resurgido de la nada, en forma de unas pequeñas florecitas, nadie las esperaba pero ahí están, minúsculas, delicadas pero diciendo al mundo «aquí estoy, parezco frágil pero no lo soy, estoy rodeada de grandes hojas que aumentan mi fortaleza».

B.D.E.B.

*Gracias a ti por animarme a retomar viejas aficiones.

Entre fogones.

Entre fogones.

En la pandemia me atrevía con cualquier cosa que me pareciera interesante probar

Cuéntanos cuál fue tu mayor desastre en la cocina.

La verdad que me pongo a pensar y no recuerdo ningún «desastre» como tal en la cocina, si algunos inconvenientes de vez en cuando, como no bajar el fuego a tiempo y que se derrame lo que comienza a hervir o no lograr que salga algún plato como esperabas, pero nada desastroso.

Me gusta la cocina, algunos de vosotros ya lo sabéis y soy feliz entre fogones.

Es cierto que habían dos cosas que se me han resistido durante mucho tiempo, la tortilla de patatas y los arroces, pero con perseverancia he conseguido que al final queden «bastante bien» (según dicen los comensales, porque la opinión mía no sería del todo válida en este caso). Este verano incluso uno de los días hice un arroz para doce personas y no sobró nada ni en los platos ni en la paellera.

Los postres también se me dan bien, pero suelo ir a lo seguro, aunque para este finde me han puesto en un «compromiso» preparar un postre para presentar a un concurso de las fiestas de aquí…

Espero que no os lo tenga que contar como el mayor desastre en la cocina, ya veremos.

B.D.E.B.

Aprender de los errores

Aprender de los errores

Cuéntanos una lección que te gustaría haber aprendido antes.

Hay unas cuantas lecciones que tendría que haber aprendido antes, pero creo que en la vida vamos aprendiendo principalmente de nuestros errores (a veces, porque otras seguimos cometiéndolos una y otra vez), pero la mayoría sí que lo hacemos y aprendemos la lección justo en ese momento, puede ser que tarde pero sirve para no volver a hacer las cosas (si conseguimos que nos entre en la cabeza, sobre todo cuando es dura).

Si tengo que quedarme con una lección me voy a quedar con esa que estoy sufriendo actualmente y es que «no hay que arriesgar por los demás nuestro propio bienestar» al final siempre se sale perdiendo, al menos eso me ha pasado y hoy sé que no tendría que haber arriesgado tanto y quizás hoy todo sería más fácil, pero también sé que si volviese al principio lo volvería a hacer porque siempre confié más de lo que se debe, porque nunca crees llegar a ciertas situaciones, porque cada uno somos como somos y lo malo es que a veces pensamos que los demás son iguales y que lo que tú no harías ellos tampoco lo harán y lo que tú haces también lo harán por ti…error.

Nunca he esperado un reconocimiento porque hacemos las cosas porque creemos necesarias, porque surge en ese momento y lo haces, porque te nace, porque es lo que te han enseñado y porque nunca te niegas a ayudar, aún menos si lo necesitan, incluso cuando haya mucho en juego, material… no importa, los sentimientos van por delante, y al final lo que pierde, lo que duele, lo que daña y rompe, es precisamente eso.

Quizás no era una lección lo que tenía que haber aprendido, quizás fuera aprender a mirar más allá… hoy sé que no estaría así.

¿La tendría que haber aprendido antes? No lo sé, quizás sea ahora el momento de aprenderla y de sufrir las consecuencias.

Aprendemos de los errores, yo cometí uno y el pago de cometerlo es con una nueva cicatriz en el corazón.

B.D.E.B.

Cada cosa en su sitio…

Cada cosa en su sitio…

Hoy mientras caminaba he sentido que cada cosa volvía a su sitio.

El amanecer ya tenía color de septiembre, y observándolo ya no habían decenas de personas como semanas anteriores, ya vamos quedando «los de costumbre», los que salimos a pasear a esas horas, algunos ya con los perretes, alguna parejita prometiéndose amor eterno en ese amanecer, los que aprovechan para meditar o los que van a hacer ejercicio.

También me encontré con un fotógrafo aficionado pero bien equipado, me recordó a un compañero de blog, iba con su trípode, sus filtros, imagino que a tomar la mejor fotografía posible de ese amanecer y ese mar que hoy estaba precioso. Pasaba al lado de él con el móvil en la mano y casi lo escondo por vergüenza.

Luego estaban las gaviotas, volando, acercándose al mar a «pescar» algún pececillo despistado y no afincadas en la arena buscando los restos que dejamos los humanos.

El caso es que parecía que cada cosa volvía a estar en su sitio, hasta hoy habían más conchas en las orillas que días atrás, mas silencio, menos ir y venir de gente, más tranquilidad.

No soy persona que me desviva por el orden, pero si me gusta que cada cosa esté en su sitio, porque cuando no lo está es como que falla algo, esta tarde por ejemplo un bol de cristal que el chico mayor dejó donde no «fuera de su sitio» al abrir la puerta del armario cayó haciéndose mil cristalitos, es lo que pasa cuando las cosas no están en su sitio, que al final «se rompen».

Así que mientras caminaba y veía como todo iba volviendo a su sitio pensaba en la semana que comienza mañana, una semana que intuyo que será dura, aunque por otro lado quiero tener la esperanza de que por fin todo vuelva a su sitio y que nada más se rompa.

Cuando se trata de objetos es fácil volver cada cosa a su lugar y dejar todo ordenado en el sitio que ocupa, pero cuando son situaciones, momentos, sentimientos…es difícil controlar cuando van a volver a ponerse en orden.

B.D.E.B.