
¿Qué momento con un desconocido te devolvió por completo la fe en la gente?
…y la soledad se volvió compañía, las noches en vela no se hacían tan largas y las lágrimas se convertían en risas.
Tenías esa palabra adecuada, la facilidad para cambiar de tema y que olvidara todo aquello que dolía. Sabías acompañar en la distancia, hacías lo posible porque te sintiera cerca, no me soltabas de la mano.
Nunca te retirabas primero, siempre esperabas que lo hiciera yo, sobretodo esos días… Esos en los que sabías que necesitaba de alguien, necesitaba de ti. Te convertías en mi confidente, el guardián de mis secretos, el hombro en el que llorar y el «payaso» que me hacía reír.
Y me devolviste la confianza en la gente, en que no todo el mundo quisiera a los demás por interés, porque tú…
Tú nunca pediste nada a cambio, ni siquiera ese hombro para llorar, ni que escuchara tus problemas, no. Nunca quisiste añadir preocupaciones, solo intentabas aliviar las mías.
Siempre me reprocho el haberme alejado aunque fuese por «obligación». Te busqué después y nunca más supe de ti, aún así y por muchos años que hayan pasado, recuerdo aquellas noches, aquellas lágrimas y aquellas risas, recuerdo la música compartida, tu compañía, tus abrazos en la distancia, tu forma de consolar, tu manera de dar sin nunca pedir.
Tú me devolviste la confianza pero también me enseñaste que se puede conocer a un desconocido, que se puede querer sin conocer.
Esta noche hay lluvia de estrellas, si tuviera que pedir un deseo sería que nuestros caminos se cruzaran de nuevo.
B.D.E.B.
