¿Qué es lo que más odias que te pregunten? Explica por qué.
No me molesta para nada las preguntas, si creo conveniente las contesto (casi siempre lo hago) y si no lo creo pues me disculpo por no hacerlo.
Entiendo que cuando alguien pregunta es porque le interesa saber de ti por esa razón no me importa ni que me pregunten ni contestar, al contrario, depende de quién venga esa pregunta hasta me alegra que me las haga.
Pero también es cierto que si alguna persona no es de mi agrado (pocas hay) ahí quizás si me incomode que me pregunten,pero con evadirme de la pregunta ya estaría. También hay quienes te preguntan para después contarle a «otros», para esos siempre estoy genial y todo va perfecto.
Además creo que si no me gustaran las preguntas no contestaría las de aquí ¿verdad?.
En definitiva, puedes preguntar que seguramente contestaré sin problemas y con sinceridad, no me incomoda las preguntas, eso sí, me cuesta un mundo hacerlas, la timidez y prudencia me puede a veces.
¿De qué manera un fallo (o un aparente fallo) te prepara para un próximo éxito?
Hoy voy a darle un par de vueltas a la pregunta. Más que hablar de fallos que nos enseñan a llegar al éxito, voy a hablar de cuando fallamos e intentamos arreglar ese fallo o error, que hemos cometido.
Ayer sin querer cometí un error con el chico, ofrecí unos pequeños croisants que le había comprado, pensando que no se los iba a comer y cuando fue a buscarlos, no los encontró, así que le prometí que hoy enmendaría mi error y no se los iba a comprar, se los prepararía yo con todo el cariño. Esta tarde me puse manos a la obra y ahí están, el contento me lo ha agradecido y yo feliz de haber arreglado ese pequeño fallo.
En este caso ha sido una pequeña cosa, sin apenas importancia, pero que si nos hemos equivocado, tenemos que darnos cuenta e intentar solucionarlo, porque no siempre son unos «croisants» que hemos quitado de merienda, la mayoría de veces son cosas que duelen, que seguramente también hacemos sin darnos cuenta (porque si se hace a cosa hecha, no sé si hay manera de arreglarlo) y cuando nos damos cuenta de que a la otra persona le ha molestado, le ha dolido, es momento de intentar enmendar ese fallo y hacer que esa persona sepa que te arrepientes y no quieres verle mal.
Me equivoco no sé si muchas veces o algunas, porque es cierto que siempre voy con cuidado de no dañar a nadie (prefiero antes que me duela a mí) pero sin darte cuenta puede ser que lo hagas y si llega ese momento, es importante reconocer ese fallo o error y solucionarlo para que nadie sufra ni se estropee una relación, ya sea sentimental, de amistad o familiar.
Cuando arreglamos ese fallo, si conseguimos «el perdón» de la otra persona y sobretodo no haberle dañado profundamente, ya tenemos nuestro éxito, porque la mayoría de fallos se pueden arreglar, algunos cuestan más que otros.
Y cuando estás del otro lado, es decir, alguien te falla a ti y se da cuenta de ello, intenta por todos los medios enmendar ese error o errores, esas veces que te ha decepcionado, que te ha hecho daño sin querer hacerlo y se esfuerza por intentar curar esas heridas y verte feliz por todos los medios, seguramente te toca dar una oportunidad cuando ves que la intención sale del corazón.
Así que amigos, vamos a intentar fallar lo menos posible, si lo hacemos que sea sin querer hacerlo, pero reconociendo el fallo y poniendo solución, así conseguiremos el éxito, con nosotros mismos y con aquellos que queremos en nuestra vida.
Si tuvieras que escribir tu autobiografía, ¿con qué frase empezarías?
Durante el transcurso de un otoño, estación triste y a la vez la preferida de los poetas. En una pequeña ciudad bañada por las aguas del mar mediterráneo, llegó una niña a este mundo, para borrar la tristeza de los corazones de una familia que sufrieron el dolor más fuerte que unos padres pueden pasar.
La llevaron entre algodones durante muchos años, incluso cuando crecía y se convertía de niña a adolescente, siempre protegida hasta que ella misma fue capaz de pasear sola, por la orilla de ese mar que la vió nacer.
Enumera tres objetos sin los que no podrías vivir.
Los objetos pueden ser sólo eso, objetos, o podemos ir un poquito más allá y ver el significado que tienen para nosotros en nuestra vida, lo importante que son.
Uno de ellos sería un libro, porque con un libro en las manos tenemos la oportunidad de viajar y transportarnos a infinidad de sitios. Desde un mundo de fantasía, a vivir la más bonita historia de amor, ser el mejor detective para descubrir un crimen, dejarnos llevar con las dulces y dolorosas palabras de un poema, retroceder al pasado o volar hacia el futuro.
Sin dudarlo, una cafetera, ya expliqué no hace mucho que para mí un café, no es sólo la bebida, es mucho más, como me dijo alguien, me gusta el café acompañada, de amigos, de un libro, o de algo para escribir (ahora mismo el móvil donde escribo estas letras) un café es compartir y para prepararlo es necesario la cafetera.
Y el tercero sería, bueno tercero y cuarto, una libreta y bolígrafo (deben ir unidos), donde plasmar, como hago aquí, todo aquello que pasa por mi mente, que llega al corazón o que lo oprime en ocasiones, y por supuesto que también serviría para poder escribir a aquellos que me importan, porque si no tengo otra forma de estar en contacto, pues tendría que ser por carta ¿verdad?
Aunque hay varias experiencias que me han hecho crecer, algunas de ellas malas, bastante malas y dolorosas que hoy sinceramente, no quiero estropear el día recordándolas/les.
Así que voy a hablar de una bonita experiencia y a la vez complicada, la de ser madre, una experiencia que puede ser maravillosa pero que en algún momento también te puede estar matando lentamente.
Tengo dos hijos de los que he hablado en muchas ocasiones, no son perfectos ni mucho menos (ya sabéis lo que opino de la perfección) pero es cierto que no me puedo quejar, tienen sus cosas buenas y malas como todos los chicos, pero principalmente tienen un valor que les hemos inculcado desde bien pequeñitos, es el respeto, no solo hacia sus padres, hacia los profesores o personas mayores, el respeto hacia todo el mundo, sea cual sea su edad.
Anoche cenábamos con los amigos y cuando nos quedamos las tres amigas un poco apartadas, una de ellas nos contaba lo mal que lo estaba pasando con el chico, ella sólo tiene uno, acaba de cumplir hace unos días 15 años y casi no puede ya con él, para decir que hay días que no tiene ganas ni de llegar a casa… También nos contaba que muchas cosas no se las contaba al padre para que el tema no fuera a peor, a lo que yo le dije que quizás debería de hacerlo y así ella quitarse un poco de carga y llevarla entre los dos, porque ella lo dice y mi otra amiga y yo también lo pensamos, de seguir así ella va a terminar mal, muy mal.
Mi hijo pequeño se quedó ayer con ellos a dormir para hoy acompañar al chico a un sitio, la madre lo lleva, lo trae y todo lo que quiera, no sé si quizás ahí esté uno de los problemas…El caso es que a la hora de comer, nosotros en casa, mi hijo me ha dicho «mami, a veces no entiendo a… » y yo he preguntado el porqué, no sabía que quería decir y esta es su contestación » no entiendo como puede tratar así a sus padres, sobretodo a su madre, hablarles mal y faltarles al respeto «
Cuando un adolescente de la misma edad ve que el el amigo no lo está haciendo bien, es porque realmente algo está fallando, algo va mal, o eso creo yo al menos.
La experiencia de ser madre puede pasar de un sueño a una pesadilla en un abrir y cerrar de ojos, es algo que nos hace crecer porque desde ese momento en que lo llevas dentro ya tienes una responsabilidad para toda la vida, pero tampoco podemos permitir que esa misma responsabilidad nos la quite.
Es muy complicado y difícil, a veces lo hacemos bien pero otras nos cuesta demasiado el llegar a hacerlo.