Mi sueño, primera parte

Mi sueño, primera parte

¿Cuál es tu sueño más grande?

Tal día como hoy hace veintiún años, era martes. Tocaba de nuevo revisión, monitores, y todo me decía que esta vez no volvería a casa, me quedaría allí.

Yo me encontraba bien, sin ningún síntoma raro, sólo un calor horrible y un sueño, mi gran sueño, con ganas de cumplir.

Llegué allí, me acompañaron a la sala me tumbé y al poco tenía esa enorme tripa llena de cables, mi mirada se cruzó con la suya, me cogió de la mano y allí nos quedamos a solas mientras las máquinas se encargaban de registrar movimientos, latidos, etcétera…

Después otra sala, ya con un doctor, esa misma sala en la que años atrás me dieron la peor de las noticias ¿coincidencia? Puede ser, a veces el destino es así de «puñetero», quizás debía de olvidar ese mal momento, aunque creo que eso no se olvida nunca, a día de hoy casi recuerdo la ropa que llevaba esa primera vez, recuerdo el camino hasta la puerta, un pasillo que se me hizo interminable…pero regresemos a lo bonito.

El médico indicó que había llegado el momento, que no había que esperar más, había llegado el día y tenía que quedarme allí para que ese gran sueño se convirtiera en realidad.

A continuación, eran las doce del mediodía, me pasaron a una habitación, ropa cómoda, goteros, cables para monitorizar todo, de nuevo su mano sujetando la mía y al cabo de un rato dolor, un dolor que se repetía cada vez un poco más continuo pero no importaba, todo me decía que valdría la pena.

Pasaban las horas y el dolor cada vez era más fuerte, no chillaba pero alguna lágrima se escapaba en silencio, mi mirada se cruzaba con la suya y veía su sufrimiento de ver el mío, creo que lo sentía de distinta manera pero notaba que estábamos juntos en esto.

Sobre las cinco de la tarde avisaron al anestesista, llegaba el momento de aliviar un poco. Tardó un ratito pero a las seis, estaba allí y con una delicadeza que agradecí enormemente, me puso la «bendita» epidural y continué el proceso pero sin esos terribles dolores. Pero por algún motivo, esa personita que había dentro de mí, se movió y se subió más de la cuenta y a partir de ahí cada intento fue inútil.

Recuerdo que en un momento dado se escuchó un sonido extraño, vinieron rápidamente la doctora y dos enfermeras, me asusté, revisaron y todo estaba en orden, solo era un cable que se había soltado, lo colocaron en su lugar y allí continué, desesperada ya porque aunque no había dolor necesitaba saber que esta vez todo iba a ir bien. Todos me decían, «a la tercera va la vencida» pero yo necesitaba saber que era verdad, que mi gran sueño se cumpliría.

El martes veintiséis de julio estaba llegando a su fin, era cerca de las doce de la noche cuando me dijeron, «vamos a esperar una hora más, ¿te hace mucha ilusión parir?», a lo que contesté que no, y me dijeron que si en una hora no nacía iríamos a quirófano…

B.D.E.B.

Carla Morrison – Soñar.
Promesas en proceso de cumplir

Promesas en proceso de cumplir

¿Qué promesa te hiciste a ti mismo/a y de verdad la has cumplido?

Me prometí un 13 de diciembre no volver a llorar por un imposible.

Me prometí ser fuerte aún cuando las fuerzas se agotaran.

Me prometí no volver a culparme por las decisiones que otros tomaron.

Me prometí y prometí a otros el seguir en pie afrontando las tempestades.

Me prometí sacar fuera todo aquello que dolía y no dejarlo dentro.

Me prometí no dejarme «engatusar» de nuevo por aquellos que me hicieron daño.

Me prometí que afrontaría los problemas cuando llegaran y no antes de tiempo.

Desde hace poco más de un año, me he hecho más promesas a mí misma que en toda mi vida, algunas las he cumplido, otras están en proceso, porque a veces queremos, le ponemos ganas pero a veces puede más nuestra cabeza que nuestra intención.

Prometí no fallarme y lo que es más importante, no fallar a los que me quieren y creo que por el simple hecho de no hacérselo a ellos, lucho cada día.

Me prometí también que disfrutaría cada día de las pequeñas cosas que, cuando realmente nos damos cuenta, son las más importantes.

B.D.E.B.

Viva Suecia y Valeria Castro – Hablar de nada.
De los errores aprendemos…

De los errores aprendemos…

Aún no tiene nombre, hoy me lo han traído no sé muy bien si como un regalo, cómo curiosidad o quizás una pequeña muestra de lo que se puede hacer con el «nuevo juguetito» pero me ha resultado curioso y gracioso a la vez y lo he colocado en una de las plantas.

Enseguida he pensado en la persona que lo había hecho,  un chaval joven que fue una de mis «apuestas» y estoy contenta de que siga allí, aprendiendo y creando y con ganas que es importante.

En ocasiones nos hacemos ideas equivocadas con las personas, después de escoger su currículum, el día que se presentó pensé que diría que no pero me equivoqué, yo y más de uno,pensamos que no duraría mucho tiempo, porque no le iba a gustar ese trabajo, error, nunca se puede juzgar a nadie sin conocer, demostró su valía, sus ganas de aprender y su facilidad para hacerlo y a los pocos meses cambió su puesto por otro más cómodo y se adaptó igualmente a la perfección.

Ahora sigue ahí pero en los «ratos libres» se pone a practicar y a inventar e investigar, creo que le gusta eso, no parar de crear, utilizar un talento que, a mi modo de ver, tiene innato y sacar cosas que a otra persona no se le hubieran ocurrido.

Hoy, cuando me han traído ese «gusanillo» enseguida supe que había sido obra de él, es como si llevara su nombre (quizás sea el que le ponga) pero una vez más me ha hecho sentirme feliz de haberlo elegido y por supuesto de que él haya elegido quedarse.

Creo que tenemos (yo sobre todo) que aprender a no dejarnos llevar a veces por esa primera toma de contacto, a conocer y a profundizar un poquito más en las personas, soy de las que suele hacerlo pero en ocasiones por algún motivo juzgo antes y cuando pasa siempre me pego de frente con alguien que no es lo que parece, y que merece mucho la pena tenerlo cerca.

Se aceptan sugerencias para ponerle nombre 😉

B.D.E.B.

Paul Alone – Loca locura.

*Hoy la música no tiene nada que ver, pero tocaba un poquito de algo alegre.

Lo cotidiano

Lo cotidiano

Casi a diario, menos cuando «no me dejan», suelo hacer alguna pequeña pausa en el trabajo, tomo un pequeño tentempié y, principalmente ahora que estoy todo el día al aire libre, busco en lo cotidiano algo que me llame la atención y se pueda convertir en especial.

Me fijo en las plantas, los árboles, algún pajarillo que se acerca un poco, otras veces algún gato (aprovechan estos días que no están los perretes), observo el sol y si hay alguna nube, pero hoy algo ha llamado la atención, unas pequeñas gotas y unas burbujitas de aire que se han formado.

Enseguida cogí el móvil y me puse a acercar la imagen para «jugar» un poquito con aquello tan cotidiano que vemos cada vez que una botella de agua está fuera del frigorífico con estas temperaturas. Quise convertir lo cotidiano en algo diferente.

Me gustó el resultado y quería traerlo aquí, esas imágenes capturadas digamos que jugando un poquito con la cámara.

Lo cotidiano, lo que tenemos alrededor todos los días y a veces no le prestamos atención, siempre está ahí, siempre lo mismo y al final puede terminar en monotonía, pero ¿podemos cambiar eso?

Creo que sí podemos, es cuestión de hacer de ello algo especial, de convertir ese momento que nos parece haber vivido mil veces en un momento único, que cada día no sea igual al anterior, a veces cambiando la perspectiva, mirando más de cerca (como hacemos con el zoom de la cámara) buscando ese toque diferente.

Lo cotidiano se convierte en especial cuando no permitimos que una sonrisa sea otra sonrisa, si no que sea una más, diferente a la anterior porque el motivo también ha cambiado, porque no es otro abrazo, es uno más, es una caricia más, un beso que sabe diferente, porque nos hacen sentir de nuevo y eso siempre, siempre es especial.

B.D.E.B

Oxidado – Paula Mattheus.
Mirar a través…

Mirar a través…

Cuando me levanto por las mañanas el sol ya va subiendo y sus rayos se cuelan en la parcela «sin pedir permiso». Me gusta recibir esos primeros rayos mientras me tomo el café, pero estos días con las altas temperaturas y lo que es peor, la humedad, suelo echar una malla de sombreo para que deje pasar el aire(si es que hay) y evitar el sol directo.

Hoy mientras la echaba, me he fijado que es posible ver a través de ella, puedo ver si ya hay alguien en la parcela de al lado, se observan las plantas separadoras de una parcela a otra, los árboles y también el sol.

Ahí estaba el astro rey, yo me cubría de sus rayos pero él se podía ver en todo su esplendor a través de esa malla, se le notaba que iba a brillar con fuerza durante el día y así ha sido.

El mirar a través de la malla me ha recordado a otro mirar, cuando no nos fijamos en la «fachada» solo y intentamos ver más allá, quizás a través de una mirada, o de una sonrisa. A través de los gestos de esa persona, incluso a través de unas letras, leyendo entre líneas.

Y es que, al igual que esa malla deja entrever lo que hay detrás, a veces las personas también lo hacen, es más, en ocasiones incluso esperamos que alguien intente ver más allá, mostramos un poco y dejamos esa fina tela para que quienes estén interesados miren a través de ella.

Quizás detrás haya un sol brillante que quiera calentarnos o puede ser que estén esas nubes que amenazan tormenta, en ocasiones puede haber un bonito paisaje y en otras un desorden pidiendo ayuda para colocar todo en el sitio.

Lo importante siempre es ver a través, aprender a mirar y observar lo que nos quieren mostrar, porque no siempre podemos dejar todo a la vista, lo importante se cubre con esa fina tela esperando que solo las personas adecuadas sepan verlo.

B.D.E.B.

A los locos – Félis y Alex Robles