Un raro despertar

Un raro despertar

Hoy despertaba así el día.

Cuando salí de la caravana, café en mano, las nubes cubrían el sol y soplaba una ligera brisa, no me atrevería a decir «fresca» pero sí algo más que otros días.

Y, ¿sabéis esa sensación de que el día iba a ser un poquito raro?, pues así me he sentido al ver ese cielo y no iba del todo mal encaminada, aunque quizás en ocasiones nos sugestionamos con algo y al final puede ser que «agrandemos» un poco las cosas o les demos más importancia de la que quizá tengan.

Hasta mitad de mañana todo ha ido bien, una reunión de trabajo online, con alguien que ya en su día me causó muy buena impresión y que ayudará en unos pequeños cambios a la vuelta de vacaciones.

Pero después te llegan historias que tenías aparcadas a un lado, que aquí, en este lugar donde te encuentras, consigues evadirlas, dejarlas para no sobrepensar, para afrontar los problemas reales cuando lleguen y no anticipadamente, y en el momento en que alguien te nombra eso ya tú cuerpo se pone en alerta, aparece esa nube que cubre el sol y esa sonrisa de un rato antes, se borra como cuando no está bien dibujada.

Es curioso que un simple comentario consiga tanto, hacer que las emociones sean una montaña rusa, suba y baje ese estado de ánimo y toda esa paz interior de estos días se esfume en un solo instante.

Estuve entretenida organizando el viaje de alguien y así despejé un poco esos pensamientos, una pequeña siesta y una salida al súper hizo el resto. Aún así, aún queda un poquito de esa tensión, de ese malestar que a veces, aunque intentemos que no suceda, no podemos luchar contra nuestras emociones.

Hay días que amanecen raros y otros que lo hacen mucho mejor, pero aún en esos días raros podemos capturar algo bonito, quizá se trate de buscar la belleza en aquello que no creemos que la tenga.

B.D.E.B.

El polvo de los días raros – Leiva
Lo que me inspira a estar aquí

Lo que me inspira a estar aquí

Siempre ella…

¿Qué película o libro te inspiró a viajar?

No recuerdo ninguna película o libro que me hayan inspirado a viajar, creo que si hay algo que me inspira a hacerlo, a conocer lugares, son las imágenes que llegan hasta a mí de una manera u otra.

Veo imágenes, sobre todo las que publica la gente, porque claro, si ves las de las agencias de viajes, esas siempre invitan a visitar los lugares, por eso me guío más con las de «andar por casa» aunque hay quienes hacen maravillas con ellas (si te lo preguntas, sí, hablo de ti). Y esas imágenes son las que me inspiran a viajar, a conocer lugares que aún no conozco y otros que sí, pero que por lo visto me he perdido cosas.

Este verano, salvo cambio de planes, no hay viaje. Este verano decidí estar dos meses en este lugar y sé muy bien el porqué, creo que vosotros también lo sabéis porque no he parado de hablar de ello, pero quizá con imágenes se describa mejor.

La imagen de cabecera, ella, esperando ser cazada en cada una de sus fases.

Esos invitados especiales que aparecen en tu mesa para «robarte» un granito de maíz o qué se acercan a tu hamaca en busca de alguna miguita que alguien dejó, o que tú le dejaste para que se acercara un poquito más.

Ese repiqueteo de las gotitas de agua al caer en la piscina, no se puede comparar con el sonido del mar,pero a falta de este, también relaja.

Y ya de noche, tumbada escuchando cantar a algún grillo, observar esas plantitas y pequeñas luces que tengo en la parcela, algo que me animé a hacer el año pasado, darle un pequeño toque personal, y que este año he repetido incorporando también un jazmín, me encanta el olor de sus flores, aunque de momento no tiene ninguna, espero que lleguen antes del final del verano.

Las imágenes son las que me inspiran, y cuando más adelante las reviso, son las que me invitan a volver a los lugares.

B.D.E.B.

Diego Torres -Abriendo caminos.
Soledad

Soledad

Ayer hablaba de silencios, de esos ratitos que necesitamos para nosotros, huir del ruido y buscar el momento de paz, y una vez encontrado dejar fluir los sentimientos.

Esta tarde, cuando todos se habían marchado (hoy más temprano de lo habitual por el partido), he decidido mitigar un poco el calor con un baño en la piscina. Para mi sorpresa, aunque imagino que el fútbol tenía mucho que ver, la piscina estaba prácticamente vacía, justo como a mí me gusta, darme un chapuzón tranquila y secarme a ese sol que ya no pica y que comienza a hacer su retirada para darle paso a mi querida luna.

De nuevo sin ruido, dejándome llevar por los sonidos de los chorros del agua y casi diría que descansando, porque llega mi momento de tranquilidad, de estar conmigo. Además, como los perretes se los han bajado porque les toca pelu esta semana, no había prisa por volver a la parcela, podía disfrutar de esa tranquilidad.

Sé que no todo el mundo le gustaría esto, que no todo el mundo se encontraría bien en la soledad, pero a ratos creo que no se está tan mal.

Durante meses de mucha presión y nervios y lo que aún falta por venir, creo que se necesitan aclarar ideas, dejar las presiones a un lado y relajarse, porque simplemente con eso ya disfrutamos y somos un poquito más felices.

Ahora después de una ducha y minutos antes de ese partido, podría subir a disfrutarlo en esa pantalla gigante con el resto de campistas que ya están allí, pero una vez más elijo la soledad, la tranquilidad de estar aquí en la parcela, con poco más sonido que el del televisor y terminando de escribir esas letras diarias que tanto bien me hacen.

La soledad no es tan mala cuando somos nosotros mismos los que la buscamos.

B.D.E.B.

Soledad y el mar – Natalia Lafourcade
Silencios

Silencios

En ocasiones, en medio de todo el bullicio, buscamos un poquito de silencio. Buscamos un lugar apartado de todo y todos, donde «escondernos» aunque sea un momento y disfrutar del silencio y dejar paso a nuestras emociones.

Soy persona de estar rodeada de la gente que aprecio, salir con unos o con otros, estar aquí en el camping y disfrutar de los amigos, compartir con ellos, pero hay ratitos que preciso de ese silencio, de leer, de escribir… de observar esa pequeña flor de un arbusto feo pero que destaca, entre esas ramas.

Todos necesitamos ese momento, es ratito, o quizás uno más grande. Ante situaciones inesperadas, ante un dolor que nos ahoga, buscamos ese silencio, ese espacio donde nada ni nadie haga ruido.

Silencios que en ocasiones se convierten en ausencias, necesarias, comprendidas y no por ello llegan a ser olvido.

B.D.E.B.

Simon and Garfunkel – The Sound of Silence
Excusas…

Excusas…

Siempre se encuentra un momento para aquello que nos llena…

¿Cuál es la mejor excusa que has escuchado últimamente?

Llega un momento en la vida en el que cuando algo suena a excusa, desconectamos y no hacemos caso, hacemos «oídos sordos» y no nos molestamos en decir a la otra persona que se está excusando, al menos eso es lo que me ha sucedido a mí.

No sabría decir cuál es la mejor excusa, hay mucha gente que las usa, o las usamos (no creo que nadie se libre de ello), pero como en todo, te puedes excusar por alguna tontería, algo que no te diste cuenta, o hay quienes repiten las acciones una y otra vez y después se escudan en esas falsas excusas que, por buenas que puedan parecer, ya no las creemos.

Desgraciadamente he tenido que escuchar más excusas de las que me hubiera gustado, y más veces de las que debería. He tenido aguante, al principio de creerlas, después de «aguantarlas» y de última ya de que la otra persona se creyera que me servía esa excusa, hasta que al final digamos «te resbala», haces como decía antes «oídos sordos» y a otra cosa, ahí es cuando realmente se dan cuenta de que su excusa no es «la mejor del mundo» ya no le creen.

Dicen que «las excusas sobran cuando las ganas faltan», creo que esa frase dice mucho, pero sí, también hay excusas sinceras cuando uno intenta y no consigue, más que excusa es un «lo siento»…

B.D.E.B.

Joaquín Sabina – Nos sobran los motivos