
Hoy mientras cocinaba un arroz, recordaba la primera vez que alguien lo estaba preparando y yo estaba con él de «pinche». Recordaba perfectamente la conversación, estaba reviviendo el momento mientras echaba los ingredientes a la paellera y enseguida ha venido a mi cabeza como puede cambiar todo en un par de años.
Recuerdo que justo en ese momento parecía que todo había vuelto a su curso normal, que los años de distanciamiento habían pasado y que todo volvía a donde tenía que estar, pero una vez más me equivocaba, una vez más me di cuenta que los intereses son los que mandan y que el cariño pasa a un segundo plano, mientras todo vaya como ellos quieren está perfecto, cuando no me cambio de bando, como se suele decir, «al sol que más calienta» y creo que yo con el verano de calor que llevamos, casi que prefiero el frío a esos «soles».
Hoy lo recordaba con algo de nostalgia, porque en el fondo no lo puedo remediar, cuando se ha compartido siempre queda aquellos recuerdos, cuando has querido, seguro que algo de cariño, o al menos lo sentimos por esos momentos que se vivieron.
La vida nos da la vuelta en muchas ocasiones, pone todo patas arriba o las nubes a nuestros pies (de ahí la imagen) pero lo más gracioso es que lo hace una y otra vez, y volvemos a caer en su trampa, volvemos a confiar en aquellos que ya nos hicieron daño y si no nosotros directamente, alguien que tenemos cercano y el golpe después duele incluso más, porque nos hace más daño ver sufrir a quienes queremos que cuando el golpe nos lo llevamos nosotros.
Hoy el arroz «ha dado para mucho» no sé si por el recuerdo, la nostalgia que me invadía en ese momento, salió bastante rico y, la verdad que me vino bien, al menos me quitó ese mal sabor de boca que te queda cuando algunos recuerdos regresan sin haberlos buscado…
B.D.E.B.




