Cambiar o elegir

Cambiar o elegir

Y si algo no cambiará nunca es mi pasión por el mar.

Dinos una cosa que cambiarías de ti si pudieras.

Hoy alguien hizo que abriera un poco los ojos y reflexionara sobre esto precisamente, los cambios.

Pensé que algo había cambiado en mí que quizá ya no era la misma de hace unos meses, que había perdido parte de algo que siempre estuvo en mí, pero hoy lo entendí, aunque hizo falta que fuera otra persona la que me lo dijera, «no has cambiado simplemente ahora eliges como comportarte con cada persona, sigues siendo amable, teniendo un trato cordial y educado pero no lo das todo ni te entregas como hacías antes con quienes te han tratado mal»

Y es posible que en ocasiones más que cambiar toque hacer eso, elegir, saber con quienes podemos darlo todo y con quien ser simplemente cordial, sin más, porque lo que tengo claro es que no quiero que nadie me cambie ni haga que actúe como no soy.

En una ocasión anterior ya lo dije  si cambiamos ya no somos nosotros mismos y me gusta como soy,no quiero cambiar y menos permitir que nadie lo haga.

B.D.E.B.

La llamada que no llegó…

La llamada que no llegó…

Photo by Mateusz Dach on Pexels.com

«No entiendo porqué, aunque tenga problemas contigo, no me ha llamado para felicitarme cuando todos los años se ha acordado y tiene mi número de teléfono»

Esa frase que pronunció ayer el chico a su padre me dejó paralizada por un momento, sentí una punzada porque él esperaba esa llamada y por desgracia se quedó esperándola. El padre disculpó a esa persona diciendo que no estaba pasando por un buen momento y que era normal… (lo siento pero yo no estoy de acuerdo, aunque no dije nada) pero aún así el chico no se quedó convencido, estaba dolido.

El problema está en que en muchas ocasiones mezclamos a los niños en los problemas de los adultos, no deberíamos, principalmente cuando ese niño ha formado parte de nuestras vidas desde que nació. Me viene a la memoria cuando mi cuñada se separó de mi cuñado (hermano de mi marido), ella era la pediatra de mi hijo mayor y cuando la llamé para ver como estaba, lo primero que me dijo es que esa situación no cambiaba nada, que seguía siendo la tía del niño y su pediatra, y así fue, hasta de mi segundo hijo que por aquel entonces no estaba ni planeado. Pero no todos somos iguales.

Esa frase se me ha quedado grabada, porque conozco muy bien a mi hijo y sé que aunque hasta ahora no se haya pronunciado, las cosas le duelen y no relacionarse con su tío y su prima aún más, no recibir esa llamada, no por despiste como otras, sino porque no quisieron hacerla le ha tocado fuerte, porque los adultos ya esperamos cualquier cosa pero ellos aún les queda mucho que aprender y recorrer en esta vida.

Afortunadamente a ultima hora recibió llamadas y mensajes que le hicieron olvidar un poco ese pesar y para mí es lo importante. Hoy se ha levantado contento y espero que se olvide de ese pequeño incidente y él siga haciendo las cosas como quiera hacerlas y si le nace llamar a alguien mandar un mensaje o lo qué quiera, estoy segura de que lo hará, sin pedir permiso porque él sabe que no lo necesita, que lo que haya entre los adultos se queda entre ellos y no se tiene que ver involucrado en ello.

Nos queda mucho que aprender de los chicos, mucho (me incluyo).

B.D.E.B.

15

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Hay mil fotos pero esta me encanta

1. Sensible, desde bien niño lo has sido, cualquier cosa que los demás veíamos normal para ti era especial y sacaba a flote tus sentimientos.

2. Alegre, siempre con una sonrisa, a veces incluso enfadado se te escapa y dices «es que me haces reír» y yo creo que en realidad es que no estás tan enfadado como parece, solo que intentas parecerlo de cara hacia afuera porque por dentro ese pequeño gran corazón no te lo permite.

3. Simpático, todo el que te conoce adora tu simpatía y te adora a ti, te los ganas en un abrir y cerrar de ojos. Siempre has tenido una facilidad increíble para conocer gente y hacer amigos, imagino que porque todos necesitamos alguien como tú a nuestro lado que con simpatía y sin ofender siempre nos hagas reír.

4. Cabezota (no todo va a ser bueno) cuando algo se te mete en la cabeza no hay forma de sacarlo, buscas mil maneras diferentes para salirte con la tuya y siempre te gusta tener la razón, pero si descubres que no son las cosas como tú pensabas, también sabes rectificar.

5. Amigable, amigo de tus amigos, siempre. Les apoyas, les defiendes, estás a su lado en las buenas y en las malas, sufres si ellos sufren e intentas por todos modos que se encuentren un poquito mejor.

6. Impulsivo, para bien y para mal. Para mal, te «disparas» rápidamente cuando algo no es de tu agrado. Para bien, cuando ofrecen participar en algo tú eres el primero, ni te lo piensas.

7. Sincero, dices las cosas tal como las sientes y en ocasiones (aunque yo también lleve la sinceridad por bandera) hay que frenarse un poco porque podemos herir a los demás.

8. Bondadoso, tú bondad siempre te ha caracterizado, das lo poco que tienes. Aún recuerdo ese día que las vueltas de la compra se las diste a un señor que estaba pidiendo en la puerta del supermercado, cuando me lo contaste las lágrimas se me saltaban, pero no debería sorprenderme porque siempre te posicionas al lado del más débil y te enfrentas a quien sea necesario para apoyarlo y defenderlo.

9. Inquieto, no paras, detrás de una cosa tienes que hacer otra, te apuntas a cualquier cosa que ofrezcan sin pensar si tienes tiempo o no, ya lo buscarás.

10. El alma de la fiesta, así te has definido en alguna ocasión. Te diviertes como nadie y tienes que ser el último en irte del lugar, a tal punto que en la mayoría te tiene que traer alguien a casa porque nosotros nos retiramos antes.

11. Cariñoso, llegas y besas y abrazas sin que te lo pidan. Dices palabras que llegan, te preocupas de que todos estén bien y lo preguntas si ves que pasa algo. No puedes ver a nadie llorar, enseguida vas y preguntas ¿estás bien? Sabes que esa persona no lo está pero es tu forma de ofrecer ayuda.

12. Familiar, te gusta reunirte con todos, primos tíos, abuelos. Te duele tener a tus abuelos lejos y lloras cada vez que regresamos de verlos. Necesitas de tu familia pero lo que no sabes es que nosotros también necesitamos de ti, mucho más de lo que imaginas.

13. Desordenado (ya he dicho que no todo iba a ser bueno), el orden y tú no os lleváis bien, uno de los motivos por los que me haces enfadar pero mientras eres desordenado con los objetos, en tu cabeza siempre mantienes un orden de las cosas y a pesar de esa corta edad tienes otra cualidad, en el siguiente punto la explico.

14. Maduro, en ocasiones hablas y razonas como un adulto, pero desde que a malas penas habías comenzado a hablar. Desde bien niño me hablabas de injusticias, de lo que estaba bien y mal razonando todo, y otra cosa, leyes no te faltaban. A pesar de eso no has perdido ni infancia ni adolescencia y tienes para cada cosa un momento.

15. Respetuoso, el respeto va siempre contigo y creo que es de las cualidades que más admiro y más orgullosa estoy de haberte inculcado. Respeto a los mayores, a los pequeños, a tus iguales y no solo respetas, también ayudas al más débil y te posicionas de su parte, ofreces ayuda a los mayores en la medida que te es posible.

Hace quince años llegaste a completar mi vida, a traer la calidez en un día frío, llegaste para compartir mil historias conmigo, para ser mi cómplice en multitud de ocasiones, para poder disfrutar contigo aquello que yo nunca me atreví a hacer y que hoy, cuando te veo haciendo todo aquello que te gusta, me emociona y se me encoge el corazón porque lo vivo contigo, lo comparto contigo y me esfuerzo para que esa ilusión tuya sea posible porque sinceramente la ilusión la compartimos los dos.

Felices quince y feliz vida.

*No sé en qué momento pasamos de celebrar un cumpleaños en un parque de bolas a que se vaya de tardeo juvenil con los amigos…

B.D.E.B.

Un final que no llega

Un final que no llega

Cuando las cosas se van alargando hacen que nos vayamos desesperando, que estemos nerviosos y a la mínima que ocurra saltamos aunque después al final reconozcamos que no era para tanto y nos disculpemos si es preciso.

Así me encuentro ahora mismo, hace ya unas semanas que se abrió una pequeña rendija donde comencé a ver la luz en ese asunto que me tiene atormentada desde hace meses, pero aunque todo parece que va avanzando para mí va aún demasiado lento porque cuando tienes tantas ganas de cerrar un capítulo y seguir con tu vida necesitas que sea rápido aunque como ya he dicho en otras ocasiones, las prisas no son buenas y me podrían haber llevado a arrepentirme durante mucho tiempo.

Lo único es que mientras la situación continúa el sufrimiento también lo hace, aparece a ratos el insomnio, el mal humor, los nervios… y estos últimos los sufren quienes están a tu alrededor y aunque, como decía al principio, pidas disculpas, no puedes estar haciéndolo continuamente porque al final termina cansando, no a ti, a quienes las reciben porque nos disculpamos cuando hacemos algo mal en alguna ocasión pero si lo hacemos a diario parece que «seamos así» que nuestro carácter y forma de actuar sea esa, la de estar nerviosos y saltando por todo.

Reconozco que cada vez tengo menos paciencia (imagino que con el paso de los años va a peor) y si a eso le añadimos ciertas situaciones y problemas pues aún empeora la cosa, me acuesto todos los días pensando que al día siguiente intentaré tener algo más, que controlaré un poco esos nervios, que no saltaré a la primera de cambio y me levanto con la misma idea pero el día avanza y todo va volviendo y eso que pensaba se va esfumando y al final pues eso, volvemos de nuevo a lo mismo.

Eso al final nos agria el carácter y ya lo he visto en alguien muy cercano y la verdad que es una pena, me gusta ver a la gente sonreír, me gusta sonreír. Me gusta ver ese brillo en los ojos de cuando somos felices, me gusta tenerlo y me gusta ante una broma reír y no saltar porque no me di cuenta de que era una broma, porque estamos más pendientes de lo malo que de fijarnos que alguien quiere vernos sonreír.

Aunque este fin de semana haya servido para desconectar un poco, comienza una nueva semana y de nuevo es como si todo cayera encima.

El otro día me preguntaron que quería de regalo de Navidad y mi respuesta fue con la voz quebrada que lo que yo quería de regalo no se podía comprar…

B.D.E.B.

Y a veces no llegas a buscar la canción, simplemente aparece y sabes que es la que debe de estar ahí.
Familia…

Familia…

Ya de vuelta en casa y con la sensación de que todo ha pasado en un suspiro me quedo con algo que, si antes ya lo tenía claro, ahora aún más y justo hoy vi un objeto y dije «esa frase es para mí, define completamente todo lo que siento en este preciso instante».

Hoy además termina ese mes de noviembre que siempre me trae cosas buenas y termina de una manera bonita, con una escapada que me ha hecho sentir infinidad de emociones, porque he vivido y revivido, disfrutado y recordado, y en ambos casos he sentido muy dentro esa frase «los amigos son la familia que uno elige».

Mi querido noviembre empezó con ganas de mucho y miedo de todo. No saber si «me permitiría(n)» disfrutar de cada cosa tanto como mis ganas me llevarían a hacerlo pero, a pesar de la incertidumbre, comencé a disfrutarlo, mis lágrimas fueron menos que en meses anteriores aunque por desgracia siguieron ahí, no terminaron de esfumarse, aunque los buenos momentos las superaron con creces.

Compartí momentos, compartí sonrisas, abrazos risas, miradas, paseos, cenas, cafés… compartir… una de mis palabras preferidas.

Llegó mi día y desde ese mensaje (el primero en felicitarme) que me hizo emocionarme desde primera hora de la mañana, al que siguieron más, más de los que esperaba y que hicieron que el día fuera especial, mensajes y llamadas, incluso en inglés!! (sí amiga, esa fuiste tú), un día que hizo que me emocionara y recordar una vez más lo agraciada que soy de tenerlos a mi lado.

Continuó con celebraciones, todas con su toque especial. Una vez más ver a mi pequeño disfrutar de aquello que tanto le gusta y emocionarme, porque no lo puedo evitar.

Y así llegamos hasta este último fin de semana, con unas expectativas tan altas, no solo de disfrutarlo yo, también de que lo disfrutara el resto, que ayer se me escapó alguna lagrimilla de felicidad cuando los veía a ellos.

Visitar sitios aún por descubrir, visitar otros ya descubiertos anteriormente, pasear donde ya has paseado con otros pero viviendo el ahora y recordando el pasado con emoción. Un café en ese sitio especial que vosotros dos sabéis (aunque ahora esté de reformas) pero sin poder evitar recordar aquella tarde, conversaciones, miradas, abrazos y un sentimiento de que volverá a pasar, sin duda. Y vivir ese espectáculo viendo que aquellos a los que tanto quieres lo disfrutan casi más que tú porque tú estás disfrutando hasta de verlos a ellos.

Ellos, los que estuvieron y los que están, los que se han convertido en un apoyo grande cuando otros decidieron echarse a un lado para que cayeras.

Los amigos… un pilar fundamental en mi vida.

B.D.E.B.