
Primer día en casa desde el regreso y ya echando de menos algunas cosas (también algunas personas).
Cambiar el estar al aire libre por encerrarse entre cuatro paredes cuesta. Esta mañana me hubiese gustado ir al encuentro del amanecer en el mar, pero como el año anterior, se ve que el estrés del desmontar y regresar hacen mella en mi cabeza y de nuevo desperté con dolor, así que tocó tomar una pastilla y intentar seguir durmiendo para que se calmara.
Mañana toca la vuelta a la rutina, aún peor, no me pesa el volver a trabajar pero con ello llegan algunas historias aparcadas a las que volver a hacer frente y eso sí que me cuesta más.
Quizás ese era uno de los motivos por el que hoy quería ir a dar ese paseo, de nuevo a recargar pilas y prepararme para ese inicio que tanto cuesta.
El tiempo pasa rápido, y cuando estamos felices parece que aún más. Ha sido un verano un tanto extraño, pero he de reconocer que, aún con sus rarezas, lo he pasado genial, he disfrutado y compartido y me ha faltado tiempo, se han quedado cosas sin hacer, imagino que también porque le he dado prioridad a otras, pero todo llegará.
Se acabaron los días de piscina, de barbacoas, las noches a la luz de la luna y los almuerzos bajo enredaderas de flores, pasamos de hablar cara a cara a hacerlo a través de una llamada o escribir unas letras.
Pero regresamos a otras cosas, a otras personas que por un tiempo hemos dejado «aparcadas» y es hora de volver a compartir con ellas, esos domingos de ensayos, esas cenas improvisadas y alguna escapada que ya está en mente.
El verano da paso a ese otoño que tan poco me gusta, salvo por un detalle importante, los regresos, los reencuentros…
B.D.E.B.





