
Esta mañana, cuando estaba preparando a los perretes para salir a la calle, me dice el chico «mami, dime como se hace y te preparo el café mientras sacas a los perros».
Es la primera mañana que pasábamos solos y me ha llamado la atención, porque hace tan solo unos meses no lo hacía, pero ahora es como si se estuviera haciendo mayor así de golpe y quiera asumir que por unos días es «el hombre de la casa» y tiene que colaborar para que no recaiga todo en mí.
Me ha venido a la cabeza la conversación con una amiga unos días atrás, ella no tiene hijos (es bastante más joven que yo) pero su pareja tiene dos chicas, una de 14 años (como el mío) y otra de 10, y principalmente la mayor está pasando por una temporada de rebeldía bastante fuerte (y bastante larga, lleva casi dos años y va a peor), ella me decía que tenía mucha suerte con los chicos, a lo que yo decía que bueno, tienen sus edades y sus temporadas, a veces nos sacan de nuestras casillas pero que todo pasa. Pero ella no le ve un final feliz a la situación y en muchas ocasiones que se lleva o trae a mi hijo por asuntos de las fiestas, tiene devoción por él.
Es curioso porque muchas veces crías a dos hijos por igual y cada uno tiene su carácter diferente y su propia personalidad, por tanto actúan de diferente manera. Pero aún con esas, siempre les he educado desde el respeto (como decía en mi entrada anterior) y les he inculcado que eso va por delante siempre, pero luego cosas como la de esta mañana ya nacen de ellos, por más que se les enseñe que tienen que colaborar, con otras cosas lo hacen (aunque a veces se hagan los remolones o despistados) pero el ofrecerse a prepararte el café, sin pedirlo y teniendo en cuenta que se levanta con la hora justa para ir a clase, pues eso me ha alegrado la mañana.
Así que hoy tengo que darle la razón a mi amiga, de que sí, soy una persona con suerte, la suerte de tenerlos a ellos sobretodo.
B.D.E.B.





