Aroma a ti

Aroma a ti

¿Cuál es la prenda o el accesorio más antiguo que llevas hoy?

Se enfundó su vieja cazadora, esa que siempre solía llevar desde hacía años cuando iba al pueblo a desconectar, y se puso a caminar hacia el río.

Los enormes chopos del camino parecía que querían arropar su tristeza, esa que otros no veían. Con sus hojas, secar la diminuta lágrima que resbalaba por su mejilla.

El sonido del agua del río la tranquilizaba, era como esas palabras que quiso escuchar y nunca llegaron, una disculpa, un «lo siento», algo que la hiciera sentir mejor, pero no llegó…

Siguió ese camino tantas veces recorrido, algunas de ellas en compañía, otras en soledad, para ella acudir a ese sitio era eso… soledad aunque tuviera compañía, la más terrible de todas las soledades…

Cuando llegó al final del camino comenzaba el bosque, uno frondoso, siempre le daba miedo entrar allí sola, cualquier animal salvaje podía andar por allí suelto, pero esta vez no sintió ese miedo, justo al contrario, parecía que algo la llamaba a entrar y lo hizo. Mientras se adentraba en él escuchaba sonidos, pero no le asustaban, fuera de allí había otros peores, palabras hirientes que se clavaban en su corazón haciéndolo sangrar una vez más, otra de tantas, abriendo cicatrices que creía ya cerradas.

Llegó a un lugar donde encontró una gran roca cubierta de hojas secas, le pareció un buen sitio para sentarse, lo hizo y para resguardarse del frío, subió las solapas de la vieja cazadora hacia su cara, y un aroma la embriagó e hizo que sus lágrimas brotaran, era el perfume de él.

B.D.E.B.

El abuelo

El abuelo

Esta mañana me crucé con un señor que se parecía bastante a mi abuelo materno, del que he hablado en alguna ocasión, un señor del que guardo muchos recuerdos (no todos buenos) pero me ha venido a la mente ese último tiempo en el que estuvo durante unos meses viviendo en casa.

Él fue un hombre de armas tomar, de los de antes, ya conté que no quiso que mi madre se casara con mi padre y en represalia ni fue a la boda ni permitió que fuera mi abuela.

Un hombre que en su época era un «casanova» incluso en una ocasión mi madre comentó la sospecha de que tenía un hijo fuera del matrimonio, y no lo dudo, era alto, ojos claros y pelo oscuro y aunque no tenía fotos suyas de joven, por el parecido con sus hijos tuvo que ser bastante atractivo.

Cuando mi abuela falleció, él tuvo que venirse a Alicante a vivir, porque no podía vivir solo en mitad del campo, sin ningún hijo con él y sin medio de transporte (no conducía) así que tenía que vivir con sus hijas a temporadas, los hijos por algún extraño motivo no entraban en la ecuación…

El tiempo que vivía en casa me tocaba echar un cable a mi madre con sus cuidados, ella y mi padre tenían un pequeño comercio y principalmente a la hora de comer, era yo quien me encargaba del abuelo, yo tenía unos 17 años, mi hermana mayor estaba casada y con niños y la pequeña tenía 14 años, así que los cuidados recaían en mí.

Entre todos los recuerdos que tengo de él, habían momentos en que lo veía un poco más ¿feliz? Era el día que lo llevaba en el bus al barbero, a que le cortaran el pelo y lo afeitaran, porque en casa lo afeitaba mi padre (ese hombre al que no quiso para su hija), él, debido a su artrosis en las manos, no podía hacerlo. Pues esos días que lo acompañaba lo veía feliz, quizás porque salía de casa, me consta que a pesar que se le cuidaba bien (quizás más de lo que agradecía) no quería vivir allí.

Hoy ese señor me lo recordó, y sonreí porque recuerdo perfectamente muchos de esos momentos que no fueron muy agradables, discusiones, el hacer ver que no quería estar en casa, su cara de infelicidad, pero cuando he visto a ese señor, me acordé de él esos días que lo acompañaba a la barbería, que le ayudaba a subir al bus, que le cogía del brazo al caminar (por miedo a que se cayera) y que a él se le veía feliz.

Y es que muchas veces es mejor quedarse con lo bonito, que esto tenga más valor que lo malo, si lo conseguimos  es que finalmente tuvo una influencia positiva en nuestra vida.

Ninguno de los dos.

Ninguno de los dos.

Photo by Darina Belonogova on Pexels.com

¿Eres líder o seguidor?

Nunca he sido líder, ni protagonista, ni persona «popular», siempre he sido más de pasar desapercibida o «invisible» como diría un amigo.

Sólo recuerdo alguna vez en el instituto, algún profesor de ciencias y matemáticas, me ponía como encargada de grupo con las personas a las que le costaba más entender las tareas, pero yo no me consideraba «encargada» sino más bien una persona donde podían apoyarse y les ayudaba a entender aquello que les costaba, junto a ellos hacía los ejercicios y la verdad que me sentía muy bien cuando veía que al final los conseguían resolver y habían entendido el tema que nos ocupaba.

Aparte de ese momento de mi vida, nunca he vuelto a serlo, prefiero quedarme al margen de ese protagonismo y seguir pasando por la vida sin hacer ruido.

¡Ojo!, no veo mal a la gente que le guste serlo, siempre que no miren al resto por encima del hombro, para ser líder hay que saber serlo y no creo que sea preciso ni pisar a nadie, ni menospreciar lo que otros hacen (creo que de esto ya he hablado en alguna ocasión).

Y seguidor, pues no sé, me gusta más hacer las cosas como creo que tengo que hacerlas y que no me las impongan, me vale con unas directrices quizás si no entiendo algo, pero después hacerlo a mi manera, creo que seguir a alguien que sea líder tampoco va mucho conmigo, no es que sea un alma libre, pero intento no dejarme influenciar por los demás, aunque si me ofrecen un consejo soy toda oídos, pero imposiciones… eso ya es otro cantar.

Así que ni líder ni seguidor, alguien que escucha los consejos y los da a quienes aprecia y siempre para bien, pero ni me gusta imponer ni tampoco que me impongan.

Feliz jueves.

B.D.E.B.

Lo que nunca pasó

Lo que nunca pasó

El otro día, una cuenta a la que sigo en Instagram, lanzó una encuesta con una pregunta «¿Se puede recordar, sentir nostalgia, o echar de menos, algo que nunca ha pasado?». Una de las respuestas (y la que yo elegí) era «Si, completamente», hoy ha publicado los resultados y un 77% de las personas, habían (habíamos) elegido esa respuesta.

Y enseguida he recordado porqué la elegí, justo en una publicación anterior a la pregunta, había escrito un comentario sobre este tema «Creo que a veces soñamos con tanta fuerza, que creamos esos recuerdos de lo que nunca fue pero quizás algún día sea». Pensando esto mi respuesta a la pregunta de la encuesta estaba clara.

Realmente muchas veces deseamos que pase algo, lo soñamos durante un tiempo y aunque nunca llegue a pasar, cuando tiempo después llega de nuevo a nosotros, lo recordamos con cierta nostalgia, quizás pensando en que éramos ingenuos, o enamoradizos, o soñadores, y esa nostalgia nos lleva a pensar que hubiese sido de nuestra vida si aquello se hubiese hecho realidad, si sería completamente diferente a como es ahora.

Creo que sí, que recordamos con nostalgia aquello que no fue, que nunca pasó, pero que tantas veces soñamos con que pasara. En cierto sentido formó parte de nuestra vida, nos ilusionó y es posible que hasta lucháramos porque sucediera, aunque al final nunca pasó.

Y es que creo que recordamos con nostalgia todo aquello que un día sentimos, que nos provocó emociones y hay historias que nunca pasaron pero mientras las soñábamos nos iluminaron como si fueran reales.

Mientras hayan sueños seguimos vivos.

B.D.E.B.

Y aunque la canción no tenga nada que ver, hoy hablaba de ellos y tenía que estar aquí.
Aprovechar el tiempo

Aprovechar el tiempo

Hoy es uno de esos días que se deshacen las rutinas que habían y de repente tienes la tarde libre, para ti,para hacer lo que te plazca, pero sin saber porqué (o quizás si que lo sepas) justamente no te apetece hacer nada, y cuando esto pasa siento que la tarde ha sido desaprovechada, que podía haber aprovechado ese tiempo y en cambio lo he dejado pasar, y sabemos que ese tiempo que pasa ya no vuelve.

Soy persona de aprovechar cada momento, mientras espero algo estoy ocupada en otra cosa, si tengo una olla al fuego esperando hervir, tengo que aprovechar para sacar las cosas del lavavajillas o ir preparando alguna otra cosa… no puedo quedarme quieta.

Y así con todo, dicen que el tiempo es oro y quizás no lo sea pero no porque valga menos, sino al contrario, porque el valor es incalculable, justo porque no sabemos el tiempo del que disponemos.

De hecho, el otro día, entre dos visitas médicas tenía un ratito de espera, me asomé y la clínica aún estaba cerrada y justo al lado había un lugar que me llamó la atención y entré a tomar un café. Un sitio fuera de lo común, con una decoración vintage, música suave y luz tenue. Las camareras también hablaban flojito y dos de ellas con acento no sé muy bien de qué lugar, pero me encantó el sitio y la atención. Fue un café en solitario (para variar) pero acogedor y senti que había aprovechado ese tiempo de espera con un buen descubrimiento (mañana que tengo que volver a la clínica no descarto otro café allí).

Y es que esos ratos sin hacer nada no se deben desaprovechar, porque ese tiempo no va a volver al igual que el que he desaprovechado yo esta tarde, y me da rabia porque aunque no lo quiera reconocer si que sé el porqué de esa falta de ganas, porque el tiempo se ha invertido en dar vueltas a la cabeza a esa situación que no termina de esclarecerse, a preocuparme de nuevo por lo que aún no ha pasado, a desesperar por querer que ese tiempo tan valioso pase rápido y sin darme cuenta de que cuanto más rápido pase más lo estaré desaprovechando.

Me fastidia permitir que pase esto porque somos los dueños de nuestro tiempo, nosotros decidimos en qué debemos de gastarlo y hay que dejar un poco de lado las preocupaciones y ocupar ese tiempo en cosas que nos llenen.

Mañana imagino que será distinto, que intentaré aprovechar al máximo el día y  con las cosas que me llenan, que me gustan, y como últimamente pasa, bien acompañada que es lo importante.

B.D.E.B.

La canción no tiene nada que ver, pero si se deja pasar el tiempo, al menos que sea escuchando la música que nos gusta.