
Esta semana que tanto hemos hablado de estar irritable, parece que hasta el mar lo esté.
Esta mañana (no las tenía todas conmigo por el clima) me vine a pasear un ratito, a intentar ver el amanecer y, como siempre, aprovechar para despejarme un poco y recargar pilas.
En cuanto llegué me di cuenta que el mar estaba embravecido, durante todo el paseo las olas rompían furiosas, y ahora aquí en mi rincón, golpean fuerte contra las rocas.
El día está nublado, con alguna gota que quiere caer y un aire desagradable, tanto es así que hoy a malas penas me he cruzado con tres personas, una mujer paseando como yo,otra paseando al perro y un hombre corriendo, la playa está desierta, cosa rara porque todos los domingos (a pesar de que vengo temprano) me encuentro mucha gente de paseo, preparándose para nadar, con los perros, pescadores…
Es como que los días así no gustan, como que no te atreves a disfrutar de las cosas que se hacen habitualmente, está claro que nadar o pescar no, pero el resto ¿porqué no?
Eso me ha hecho pensar si cuando nosotros estamos así, irritables, la gente también se da cuenta y se aparta de nuestro lado, a quién le apetece estar con alguien que no para de protestar ¿verdad?
Pues creo que a a quienes te quieren y te entienden. Muchas veces lo he dicho, que mi gente es aquellos que me aguantan cuando no lo hago ni yo.
Así que al igual que se visita el mar un día triste, nublado, frío y cuando está embravecido, así deberíamos hacer nosotros cuando alguien está irritable, acercarnos y darle un abrazo, porque no siempre son días buenos.
Ahora toca disfrutar del domingo, porque aunque el día está triste yo hoy me levanté con ganas de comerme el mundo (a ver lo que dura). Disfrutarlo vosotros también, con un poco de suerte con mejor tiempo que aquí.
Un fuerte abrazo.
B.D.E.B.




