Termina el fin de semana, llevaba tiempo esperando que llegara y se ha pasado en un abrir y cerrar de ojos.
Y siempre que termina un viaje o una escapada, hago un balance de ello, siempre me pregunto qué es lo que más me ha gustado, y qué lo que menos, porque siempre hay algo que no gusta por el motivo que sea, así lo veo yo al menos. En este caso lo malo me lo guardo y voy a hablar de lo bueno.
Siempre digo que no me gusta el otoño, que me parece triste y que hace que yo lo esté, pero ayer hubo un momento en el me pareció bonito. Ayer me reencontré de nuevo con mi amigo Javi (con el que llegué hace un tiempo a este sitio), y después de andar de un sitio para otro, comer etcétera, me preguntó para dónde quería ir, y uno de los sitios que tenía pendientes y que me apetecía era el parque del Retiro, y allí nos dirigimos.
Hizo de guía y me iba explicando las cosas, yo como siempre haciendo fotos, respirando y dejándome llevar junto a los colores del otoño, al olor de las hojas húmedas y a todo aquello que me rodeaba, soñando despierta, olvidando lo malo y quedándome con esa tarde, con esas imágenes, con esa conversación, con esa compañía…
Por un momento todo se alineó para que el otoño se volviera bonito, por un momento me sentí bien, a gusto y con ganas de parar el tiempo. A veces con poco que bien nos sentimos ¿verdad?
Después bajamos por la calle de, donde ya estaban casi todos los puestos de libros cerrados, pero él quería que lo viese por si hoy por la mañana quería volver a comprar alguno.
Ayer fue un bonito día y sobretodo una bonita tarde, necesitaba ese ratito, y me trajo la calma que era tan necesaria.
Este año no está siendo el mejor por muchos motivos pero el día de ayer fue uno de los mejores vividos en este año.
Creo que esos colores captados ayer se parecieron mucho a mis paseos por la playa…
¿Cuál es la primera impresión que quieres causar en los demás?
Prácticamente siempre he intentado ser yo misma, no me gusta fingir para causar buena impresión en los demás y tampoco se hacerlo.
Cuando no estoy cómoda se me nota en la cara (hay quien dice que demasiado) pero no sé ser de otra manera, por supuesto me sé «comportar» no diré ni haré nada que pueda molestar a alguien al menos siendo consciente de ello, suelo ser bastante prudente y más con quien no conozco.
No me gusta aparentar y quizás la primera impresión que se lleva la gente es que soy seria, posiblemente por mi timidez (aunque buena parte se ha perdido con el paso de los años), ella hace que sea más introvertida cuando me encuentro con gente por primera vez, pero creo que cada vez tardo menos en perderla y mostrarme tal como soy.
No busco caer ni mejor ni peor a nadie, me muestro tal y como soy, primero tímidamente y después me voy soltando siempre y cuando esté cómoda en el sitio y con la gente, si no es así lo más probable es que esté tensa y seria, a veces incluso sin parar de mirar el reloj, se me notará en la cara.
Así soy y así me muestro, nunca busco causar buena impresión, pero si la causo me alegra, sobretodo si la otra persona me la ha causado a mí, pero sin fingir por ninguna de las partes.
Un día más que levantamos con una terrible noticia. En este caso ha sido el fuego, diez vidas y dos más luchando por no perderlas. Tantos avances, tanta tecnología pero los elementos nos ganan la batalla. Somos capaces de crear máquinas, sistemas, tecnologías y un largo etcétera, que cuando éramos niños (sobretodo los que hemos pasado los cincuenta) jamás hubiéramos imaginado, y sin embargo muchos de esos avances no se utilizan para evitar catástrofes como estas.
Imagino que como siempre estarán los intereses de unos pocos (o unos muchos) detrás. Edificios de lujo que no se privan de nada, te fumas un cigarrillo y saltan las alarmas y sin embargo, una residencia de mayores y personas incapacitadas y se forma una tragedia como la vivida, fallecidos por inhalación de humo…
Una vez más escucharemos a unos echarles la culpa a los otros y los otros a los unos…
Una vez más, los de abajo son los que sufren, en unos días, unas semanas, ya no son noticia.
Todo esto no debería quedar en el olvido, no debería ser arma para conseguir un puñado de votos.
Todo esto debería servir para revisar lo que está mal, lo que se ha hecho mal, mejorar las cosas y evitar tragedias como las vividas.
Un día como hoy, hace 89 años, una pareja humilde de la huerta alicantina tuvo a su primer hijo. Un niño que desde bien pequeño tuvo que sufrir las consecuencias de una guerra y la posterior posguerra, que desde bien joven tuvo que trabajar duro y poco más tarde luchar por conseguir casarse con el amor de su vida.
Un hombre que formó su familia y sufrió un durísimo palo que le dió la vida, la pérdida de su segundo hijo (el único varón) con apenas unos meses de vida. Aún así nunca se rindió, siguió adelante por su familia y el mismo día que cumplía 37 años, la vida le dió otro regalo, una servidora (eso dice él, imagino que será así), tres años después llegó la tercera, todo niñas, que años más tarde le regalaron cinco nietos, todos varones, la vida es así.
Un hombre serio a primera vista, pero cuando lo conoces, ya no tanto. Amigo de sus amigos y buen marido, mejor padre, genio y figura pero con un corazón enorme. Amigo de los niños, siempre, desde que nosotras éramos pequeñas, le ha encantado jugarse con los niños, hacerlos(nos) rabiar, «matarlos(nos)» a cosquillas, hacerles(nos) arrumacos…
Un hombre que se ha desvivido por su familia, por sacarla adelante, porque fuéramos felices, lo poco que tenía nos lo daba y no ha dudado en irse lejos a trabajar para sacarnos adelante.
Pero no sólo con nosotras, después llegaron los nietos y fue igual, o incluso más. Cuando nacieron mis hijos ya estaba jubilado y no dudó ni un solo instante en ayudarme en todo lo que estaba en su mano, antes de que lo llamara ya me llamaba él para llevar a los niños al cole, al futbol o quedárselos junto a mi madre en vacaciones escolares.
Podría hablaros horas y horas de él, pero creo que no es necesario, diré sólo una cosa, el mejor padre que he podido tener, duro y recto cuando era necesario, y amoroso cuando correspondía, casi todos los valores que poseo me los inculcó él junto a mi madre, me ayudó y me apoyó en prácticamente todas mis decisiones, sin negarme, sólo aconsejarme.
Hoy es su día, y el mío, en una semana lo celebraremos juntos, como todos los años y creo que ese es el mejor regalo que puedo tener año tras año, celebrarlo junto a él, que siempre me dice, «no todo el mundo puede decir que nació el mismo día que su padre…de distinto año claro»
Digamos que no me lo encontré, me lo regalaron y me encontré con la sorpresa porque no me lo esperaba y a día de hoy me emociona recordarlo y me arrepiento mucho de haberme deshecho de ello aunque en ese momento lo creí necesario.
Hace muchos años, en mi última etapa cómo estudiante, cursaba un módulo dirigido a las actividades socioculturales, en él teníamos que hacer prácticas en alguna asociación a modo de talleres, de manualidades, baile,… cualquiera de las cosas que nos iban enseñando.
Un grupo de compañeros y yo, decidimos hacer las prácticas en una asociación de etnia gitana y enseñarles a los más pequeños unos talleres de manualidades. Era un gozo ir allí y trabajar con los niños (a pesar de que siempre lo he dicho, no soy muy «niñera», me preocupo por ellos y no soporto que les hagan daño o que sufran, pero no soy de juguetear mucho con ellos), me hacía mucha gracia que me llamaban «maestra», claro que en el fondo íbamos a enseñarles cosas, por tanto para ellos éramos sus maestros.
En uno de esos talleres lo dedicamos a hacer cometas, en pareja nos juntábamos con un grupo de niños y hacíamos una por grupo. Tenía un compañero que para mí era muy especial (demasiado diría), en un accidente había perdido la movilidad de su brazo derecho, no podía hacer nada con él, pero tenía una capacidad de superación increíble, lo admiraba en muchos sentidos. Cuando terminó con su compañera de hacer la cometa con su grupo de niños, se puso en un ladito a hacer algo y cuando todos terminamos nos lo enseñó. Había hecho una diminuta cometa que no tendría más que unos 6 ó 7 centímetros, con su pequeña cola con lacitos y todo, una miniatura digna de admirar, no solo por el trabajo que ya de por sí llevaba, a eso teníamos que añadirle que el lo había hecho con su mano izquierda solamente y sin ayuda de nadie. Ni que decir tiene que todos le miramos admirados y emocionados y le pedimos que nos la regalara, pero él no quiso regalarla a nadie, imagino que para que el resto no se sintiera mal.
Un par de meses después, hicimos una comida de despedida del curso (estábamos ya a punto de terminar) en casa de una amiga. Estábamos parte de los que habíamos hecho las prácticas allí en ese centro y otra parte que no. Cuando terminó la comida me llamó aparte de todos, fuimos al pasillo de la casa y me entregó una cajita diminuta, no sabía que podía ser hasta que la abrí y allí estaba esa cometa en miniatura, las lágrimas se me saltaron, le abracé lo más fuerte que pude y no puedo explicar la emoción que sentí, después sólo hubo un gracias, un beso en la mejilla, una mirada y una sonrisa. No sé si ninguno de los dos se atrevió a nada más porque teníamos pareja y éramos demasiado jóvenes pare saber si merecía o no la pena dejarlo todo y intentar algo nuevo. El curso terminó y nos vimos después esporádicamente.
Yo guardé esa cometa muchísimo tiempo, mucho, sin que nadie supiera que la tenía. Cuando me casé se vino a mi nueva casa y siempre estaba oculta sin que nadie supiera de ella, ni siquiera mi marido. Hasta que un día, un amigo al que confesaba todo le conté la historia y como por aquel entonces esta persona era tan importante para mí, le dije que la guardara él, que cada vez que la veía me recordaba ese momento de debilidad que había tenido en el que hubiera sido capaz de dejarlo todo por este chico y me sentía que traicionaba al que ahora era mi marido y por aquel entonces novio.
Así desapareció ese objeto de mi vida y a día de hoy me arrepiento, porque la amistad con este chico se acabó (la amistad no era igual de importante para uno como para el otro), y nunca más le pregunté por esa cometa, aunque he tenido ocasiones pero sé que la respuesta es una que no me iba a gustar, así que prefiero imaginar que la sigue teniendo a buen recaudo, así como tengo yo ese recuerdo.
Nunca más supe de ella como nunca más supe de su creador, pero el recuerdo de ese día siempre me emociona.