
Ayer estaba en la oficina (los lunes trabajo desde allí), y tengo una ventana enorme sin cortinas, primero pensamos ponerlas, pero después lo dejamos así, al estar en alto no es fácil que nos vean pero nosotros si tenemos vistas a la calle, la carretera y nos entra más la luz solar, que parece que no pero te da vida, y lo que más me gusta es que hasta el cambio de horario podía ver como salía el sol.
El caso es que desde allí se divisa a la perfección un negocio de pinturas que tenemos justo enfrente, ves quien entra y sale y hasta se alcanza a ver a la gente en el mostrador. Ayer hubo algo que me llamó la atención, entró un matrimonio, unos abuelitos, y iban cogidos de la mano, no del brazo que es algo típico en ellos, no, cogidos de la mano como dos jóvenes que pasean su amor por primera vez.
Aquello me hizo sonreír y a la vez pensar, sonreír porque me pareció una estampa muy tierna y me dio que pensar en lo que antes duraban los matrimonios y lo poco que duran hoy en día, está claro que antes no existía el divorcio, más tarde estaba mal visto y ahora es lo más normal del mundo, te cansas y cada uno por su lado.
También es cierto que antes se aguantaba bastante, a veces mucho más de lo que se debería, tanto hombres como mujeres, pero principalmente ellas porque no trabajaban y era difícil empezar de nuevo una vida sin tener ese sustento.
En más de una ocasión me he encontrado con un meme de esos que dicen que hoy en día hay más divorcios porque antiguamente cuando algo se rompía se arreglaba y seguíamos usándolo, y que hoy en día lo que se rompe lo tiramos a la basura y compramos otro nuevo. No sé si realmente es así, habrá casos y casos, pero yo creo que cuando los dos están realmente enamorados, luchas porque ese amor no se acabe, porque la llama no se apague y hacemos frente a las adversidades para superarlo todo y seguir juntos, envejecer juntos.
La teoría es fácil, la práctica… a veces no reman los dos en el mismo sentido, uno quiere y el otro le da un poco igual, así el que quiere y rema para conseguirlo, al final se cansa de remar solo y deja que la barca vaya donde quiera, normalmente a la deriva. Otras veces son los dos los que ven que «se ha roto» y que no hay cola de contacto que pegue esa vasija que se encontraba llena de amor pero que al romperse en añicos es imposible volver a reconstruirla.
No siempre hay culpables (otras veces sí), y lo bueno sería seguir manteniendo una relación, de amistad y cordialidad por todo ese tiempo que nos hemos querido y ahora lo sigamos haciendo de otra forma, pero eso es quizás aún más complicado.
Nunca sabemos lo que va a durar cuando se empieza una relación, lo que si tengo claro es que ninguna es un camino de rosas, o sí, pero las rosas tienen espinas y se clavan y hay que quitarlas con cuidado, esas heridas normalmente curan y seguimos caminando. Otras espinas se clavan en el corazón y esas cuesta más de que curen, incluso muchas de ellas no llegan a hacerlo.
Aún así, seguiré emocionándome cada vez que vea a una pareja de abuelitos cogidos de la mano, o del brazo, sonriéndose, viendo el amor reflejado en esos ojos cada vez más pequeños, pero bien abiertos para que se pueda ver el brillo que desprenden.
B.D.E.B.







