Perder costumbres

Perder costumbres

Este sábado, después de bastantes semanas volví a pasear por la playa, no era la mía, no fue por la arena, pero si lo suficiente cerca como para sentir la brisa y dejarme llevar aunque fuera por un instante.

Entre que a alguien se le ocurrió decirme que esos paseos no eran buenos para mi pierna y que los domingos (es mi día de paseos) han estado ocupados o he trasnochado sábado y no ha habido ganas de madrugar, pues hacía bastante tiempo que no paseaba por el mar a pesar de tenerlo cerca.

Y cuando esto pasa y vuelves a ir, te das cuenta de que hay costumbres que no debes de perder, que aunque a esa persona le parezca que no es bueno esos paseos, ya ha llegado otro para decir que si lo son (los médicos también se equivocan, y yo prefiero esta segunda opinión), y de verdad que lo necesito, por varios motivos pero el más importante es la desconexión.

Este fin de semana pasado ha servido un poco de eso, aunque mi cabeza (y mi corazón) estaban en otro lugar, así la desconexión no ha sido completa, pero el paseo del sábado si que sirvió para que me diera cuenta de lo que echo de menos esas mañanas de domingo.

Esas en las que al amanecer llego allí, respiro profundamente y saco la primera fotografía, y a partir de ahí camino por la orilla dejándome llevar, ahora ya no es posible (a esas horas al menos) caminar descalza y dejar que las olas mojen tus pies,pero con escuchar como rompen me siento en calma, dejo la mente en blanco y observo como poco a poco el sol va subiendo y comienza el nuevo día y cuando llego a mi lugar favorito, ahí donde me siento y pierdo la mirada en el horizonte, ese que desde hace tiempo es el que me aconseja cuando estoy en un «mar» de dudas, allí es donde termino de desconectar, me encuentro conmigo misma, recargo la energía y después regreso sobre mis pasos de nuevo.

Esa costumbre que la tengo un poco «perdida» tengo que retomarla ya mismo. Hay costumbres que nunca debemos de perder, sobretodo las que nos hacen tanto bien.

B.D.E.B.

Suspenso en amor

Suspenso en amor

Sugerencia de escritura del día
¿Cuál era tu asignatura favorita en el colegio?

Cuando comienzas a ser adolescente todo son prisas, y entre tantas otras cosas que necesitas averiguar y conseguir o encontrar rápido, como si te fuera la vida, como si en lugar de ser joven fueses ya una anciana, una de ellas es el amor.

Vas creciendo y vas viendo como tus amigas van haciendo sus pinitos en esa asignatura, y tú piensas ¿Cuándo me tocará a mí?. El tiempo va pasando y ellas felices te cuentan su primer beso, su primer paseo agarraditos de la mano, hasta un «te quiero» que quizás no era ni sentido ¿y tú?

Te vas desesperando porque aunque ha habido algún tonteo no has llegado a sentir eso que dicen, tampoco has notado que nadie lo haya sentido por ti (o quizás sí pero eras demasiado joven para verlo), miras en tu interior, hasta pones tú mano en el pecho para comprobar que hay latido, que tienes corazón. Aunque en el fondo estás segura de que sí sientes, porque has sentido muchas otras emociones pero ¿y el amor?, ¿seré capaz de amar?.

Y de repente llega un día, un momento, una noche para vosotros, hay más gente pero no importa, sólo tenéis ojos el uno para el otro, esa mirada directa, esa sonrisa que nunca antes te habías fijado, esa caricia en la mejilla, te sujeta dulcemente la barbilla y deposita sus labios sobre los tuyos, se separa despacio y te mira de nuevo a los ojos, ahí sientes esas mariposas en el estómago, ahí es cuando tu sonrisa se hace casi tan grande cómo la suya, ahí es cuando te cobijas en esos brazos y quieres que esa maravillosa noche no termine nunca.

Ahí sabes, que has aprobado esa asignatura con sobresaliente…

B.D.E.B.

Perdidos

Perdidos

Siempre inmersos en nuestras conversaciones, tanto que ni nos dimos cuenta de que el grupo se adelantaba y nos quedamos detrás, sin prisas, ya los alcanzaríamos, sin darnos cuenta de que pronto la noche caería, el sol estaba a punto de desaparecer detrás de la montaña de enfrente de la que nosotros estábamos subiendo y así fue, minutos más tarde poco se podía ver salvo con nuestras pequeñas linternas.

Fue en ese momento en el que yo empecé a asustarme un poco (o mucho), tú lo sabías, me atrevería a decir que me conocías mejor que nadie, buena parte de culpa la tenían esas horas y horas de conversaciones que habíamos tenido en tan sólo unos meses que nos conocíamos.

Llegamos a un cruce de caminos, había que elegir derecha o izquierda, solo uno de ellos nos llevaría a ese refugio de montaña donde nos dirigíamos, ¿Cuál de ellos? No teníamos ni idea, me sugeriste sentarnos y esperar a que alguien del grupo bajara a buscarnos, así lo hicimos, buscamos una roca un poco plana y allí nos sentamos el uno al lado del otro, comenzaba a hacer frio, yo sollozaba y tú rodeaste mi cuerpo con tus delgados brazos, me acercaste a tu torso y me invitaste a recostar la cabeza en tu pecho.

Me abracé fuerte a ti intentando conseguir que se me contagiara esa calma que tú tenías (o aparentabas para ahuyentar mis miedos). Y en ese momento se inició una lucha interna de sentimientos, por un lado deseaba que vinieran a rescatarnos, por otro quería que ese momento fuera eterno, con tu mano acariciabas mi mejilla que comenzaba a estar helada del frío de la noche y por dentro sentía un calor inmenso. Una sonrisa tuya al levantar mi vista y ya no fue necesario nada más.

Unos pasos, ahí estaban, venían a rescatarnos y con una bronca por separarnos del grupo, no nos importó, sonreímos incluso con la mirada y caminamos cogidos de la mano, hasta llegar al sitio.

Pronto nos fuimos a dormir, alegando estar cansados del «susto», pero la razón era muy distinta, necesitábamos terminar lo que ni siquiera había empezado.

Una sonrisa, una mirada, un acercamiento de nuestros rostros y …

B.D.E.B.

Abraza(me)

Abraza(me)

La profesora dijo «abraza el agua», inmediatamente cerré los ojos y te vi ahí, extendí mis brazos y te rodeé con ellos, te abracé fuerte, por un instante sentí tu latido junto al mío, cuerpo contra cuerpo, recosté mi cabeza sobre tu hombro, inspire fuerte, pude notar el perfume en tu cuello, pude sentir tus brazos rodeando mi cuerpo, hasta pude escuchar un ligero susurro con un «te quiero».

Noté algo en la cara, estaba mojada pero no eran lágrimas.

-¡Despierta!

-Es increíble, ¿te has dormido dentro de la piscina?

Inmediatamente seguí las instrucciones de la profesora y continué haciendo los ejercicios…

B.D.E.B.

Tiempo

Tiempo

Sugerencia de escritura del día
¿Te falta tiempo?

A veces sentimos que nos falta tiempo para tantas cosas…

Que no nos falte tiempo para un café,
con una larga conversación…

Tiempo para pasear por el mar sin mirar el reloj

O subir a lo alto una montaña y observar lo pequeño que puede ser el mundo

Que no nos falte para estar al lado de aquellos…
que están agotando el suyo.

Tiempo para abrazarlos

Que no nos falte el tiempo para reír con los amigos

Para convertir un día normal en uno extraordinario

Tiempo para crecer al lado de nuestros hijos

Para verlos convertidos en hombres o mujeres,

Para ver como cumplen sus sueños.

Tiempo para viajar, para explorar, para conocer

Tiempo para sonreír, para abrazar, para reír y compartir

Tiempo para querer (nos)

En nuestra mano está el no perderlo en lo que no es importante.

Que no nos falte tiempo para disfrutar de la vida.

B.D.E.B.

(publicado en mayo 2024, ahora con voz)