
Hoy hablé del pasado, de recuerdos, de aquello que guardé como un gran tesoro, pero también hay otros que más que recordar deberían de ser olvidados.
Aquellos en los que la vida se empeñaba en no permitir la felicidad, que ponía uno y mil obstáculos para complicarlo todo, y personas que parecían ese payaso que aparece en nuestras pesadillas a reírse de nuestras lágrimas.
Hoy, sin llegar a abrir cuadernos, ni diarios, sólo hablando de ellos, llegaron esos recuerdos que están en algún rincón donde siempre evito buscar, donde nunca quiero entrar, pero que forman parte de mi vida, quizás lo único bueno es lo que se aprende de ellos.
Un día tú vida es la flor más hermosa del jardín, al otro es una flor marchita, y aquellos que considerabas familia, en lugar de regarla para intentar que recupere su belleza, o de arrancarla de cuajo, para que no siga sufriendo, la dejan marchitar día a día, haciendo más dura la agonía.
No todo fue bonito, no siempre se es feliz, la vida nos pone a prueba (a veces se pasa y no siempre lo superamos) y cada prueba que pasamos, nos hace un poco más fuertes (que no más duros), nos deja una cicatriz en el corazón, en el alma. A diferencia de las externas estas no se ven, sólo si tú las quieres mostrar, y también son más dolorosas y más tardías en curar.
Hoy, volví a ese pasado oculto, ¿duele? Algún pinchazo da, pero también ayuda a aprender a seguir viviendo y disfrutando de lo que ahora me hace feliz, de lo que hoy tengo y mañana no lo sé si estará.
Sólo pido una cosa, cuando una flor esté marchita, ofrécele un poquito de agua, quizás así puedas salvarle la vida.
B.D.E.B.




