Ayer por la mañana, aprovechando que estoy de vacaciones, decidí ir a la playa para caminar un rato, despejarme y aclararme, y como no, ver amanecer. Así que me levanté temprano y poco antes de las 8 de la mañana salí hacia allí.
Creo que lo he comentado alguna vez, aunque tengo la playa cerca, no vivo justo al lado (ya me gustaría) me desplazo allí en coche y el caminar lo hago en la playa, tengo ya mi recorrido y casi siempre es el mismo. Paseo unos tres kilómetros y medio hasta llegar a las rocas, allí paso un ratito tomando un café (que suelo llevar) leyendo, escribiendo, o simplemente pensando, y después de vuelta. Llego al sitio y suelo ir a una cafetería «alma de mar» un bonito nombre para un sitio no menos bonito, y allí desayuno con vistas al mar.
Nada más llegar a la playa vi que estaba nublado, y que el amanecer no iba a ser el que yo esperaba, aún así me puse a caminar. Estoy un poco resfriada de estos días y sabía que eso con la brisa fresca y el caminar igual no me iba a ir bien, pero aún así me apetecía bastante. Efectivamente cuando el reloj marcaba los dos kilómetros recorridos, me notaba un poco fatigada y la pierna también empezó a «protestar», así que decidí dejar la visita de las rocas para otro día (igual mañana) y volverme e ir a desayunar.
Pues a mitad de camino, comenzó un ligero «chirimiri», no le di importancia y de todas formas tampoco tenía donde resguasdarme 😅, seguí caminando mientras las gotitas eran más rápidas yo también caminaba más rápido, cuando me di cuenta (vamos cuando llegué a la cafetería) iba calada, sobretodo el chaleco acolchado que llevaba, así que me lo quité y dejé en el respaldo de la silla y pedí mi desayuno, y allí mientras veía caer la lluvia a través de esas ventanas plásticas de las terrazas, tomé en solitario mi desayuno, observando que el resto de mesas ocupadas era por parejas…
Un amanecer distinto pero que me dió la energía necesaria, esa que necesitaba. Es curioso porque pensé que tal como había empezado el día, no sería un día bueno, pero a veces quizás sea necesario un amanecer lluvioso, una repentina llovizna que nos cale por fuera y de paso nos limpie internamente y así a veces, solo a veces, conseguimos ver que no todo es malo o tan malo, y valorar lo bueno.
Hace unos meses escribí una entrada sobre un pequeño detalle que me había hecho una de mis sobrinitas, en realidad es hija de la pareja de mi sobrino, pero para mí es una sobrina más, igual que las otras.
En su día comenté que es una niña tímida y me recuerda mucho a mí cuando era pequeña, ahora cada día se va soltando más cuando nos ve y aunque lo de dar besos no va mucho con ella, si que empieza a dar abrazos cuando llega al saludarte y cuando se despide.
El día de nochebuena, «papá noel» le trajo por encargo mío un set para pintar acuarelas, aunque como toda niña le gustan las muñecas, juguetes, juegos, le fascina pintar «hacer arte» como ella le dice, así que aunque ella no «había pedido» ese regalo, se quedó entusiasmada con él.
Tanto esa noche como al día siguiente, ha estado más conversadora conmigo, ha compartido sus juguetes conmigo y me ha explicado como funcionaban, jugamos también con los perretes, ella adora a Ares y a Hera (aunque a esta última acaba de conocerla). Sólo me da pena que esté un poco lejos y no nos veamos más a menudo, pero es un encanto de niña que se ha hecho desde que la conocí un huequito en mi corazón.
Y el día de Navidad por la tarde, ya en su casa, estrenó su regalo y su madre quiso compartir ese momento conmigo. Quizás algún día, en esa habitación de la que hablaba hace unas horas, cuelgue alguna acuarela de esa pequeña que tanto «arte» tiene.
You get to build your perfect space for reading and writing. What’s it like?
Un lugar ideal para mí, tanto para leer como para escribir es al aire libre, en plena naturaleza, en el mar, cuando estoy en el camping…
Intentando eso sí, que no haya mucho alboroto ni gente alrededor, me gusta estar en tranquilidad tanto para una cosa como para la otra.
Cuando tengo ocasión llego a mi rincón favorito en el mar y allí sentada en las rocas, me siento a leer y escribir. Cuando viajo a Burgos, después de un paseo por el río, me gusta sentarme en el porche de la casa a contar lo sucedido o dejar ir la mente sumergiéndome en la lectura. Y en el camping me ocurre lo mismo, generalmente a la hora de la siesta o en la noche que son las horas más tranquilas.
Pero si tuviera que diseñar, como dice la pregunta del día, una habitación para leer y escribir, sería una habitación con paredes lisas y en tonos muy claros, blanco, beige o azul muy muy claro. Con una gran ventana para dejar entrar la luz solar, en una esquina un pequeño escritorio blanco, con un par de cajones y una silla cómoda, también de color claro.
Cerca de la ventana una mecedora, con una pequeña manta para los días de frío y una mesita auxiliar redonda y pequeña, para apoyar la taza de café. Alguna pintura de acuarela, también en tonos claros y inspiradas en el mar y la naturaleza.
Y un pequeño detalle, la ventana con una repisa en el interior en la que repose un jarrón con una vanda (es una planta perteneciente a la familia de las orquídeas) con sus delicadas flores en color morado.
Hoy en muchos lugares celebran el segundo día de Navidad, aquí no se celebra pero como la mayoría de veces he estado de vacaciones en estas fechas, este ha sido el día idóneo para comer con una familia amiga, puesto que el resto de días lo celebramos con la familia de «sangre» el 26 aprovechamos para comer con esa otra familia.
El caso es que después de comer, al llegar a casa, he sentido una sensación extraña, como si las fiestas hubieran terminado ya. Aún queda nochevieja y año nuevo por delante, y por supuesto ese día mágico para mí, el día de reyes (en concreto la noche del día 5). Pero esa ha sido la sensación del día, aunque creo que todo ya empezó anoche.
Ayer por la tarde, después de la comida de Navidad fue como que ya todo había terminado, y más tarde por la noche, cuando escribía esa entrada sobre finales, me sentía terminando ya estas fiestas, pensaba en la comida de hoy y ya se acaba todo, pero no es así, aunque la sensación la sigo teniendo.
Y así está siendo el día de hoy, las fiestas no han terminado pero siento que si lo han hecho, aún quedan los últimos días del año pero deseo que empiece el nuevo, es como que necesitara saber si termina o empieza una etapa, una sensación extraña que me hace sentir rara porque no sabría decir si me siento bien o me siento mal, o simplemente no me siento.
Hoy llevaba todo el día con algo en mente y he decidido aprovechar estos días de vacaciones y escaparme por las mañanas a ver la amaneceres en el mar, y si el resfriado que estoy pillando no lo impide, mañana será el primero de esos días.
Cuando no tengo ganas de nada, esos paseos son lo único que me apetece, y aunque el mar no me dará las respuestas que necesito, si que me da la calma y energía para seguir adelante.