
Me encanta ese momento de tumbarte y mirar al cielo, principalmente en la noche para poder ver las estrellas, buscar las pocas constelaciones que conozco y como no, la luna que me cautiva con su belleza.
Aún faltan unos días para poder hacerlo a cada noche, de momento lo observo de día y tampoco está mal. Después de comer por ejemplo, tumbarse a la sombra de las palmeras, y observar las nubes, sus formas, unas más blancas, otras más transparentes y en ocasiones, casi negras…
Esas que llamamos nubarrones, que parece que el cielo se enfurece y empieza a protestar en forma de truenos, así como a veces nosotros mismos sentimos esa oscuridad por dentro, esa que nos hace enfurecer, agriar nuestro carácter, y quejarnos hasta de lo que menos importancia tiene, enfurecernos…
La lluvia cae y nos resguardamos, nos cubrimos de ella y la observamos a través de un cristal. Cuando estalla nuestra tormenta, quizás quien esté cerca también desee alejarse de nosotros, resguardarse y observarnos sin llegar a tocarnos.
Y yo te pregunto, ¿prefieres un día oscuro, de tormenta y nubes negras o uno en qué podamos observar las formas de las nubes?
Yo cada día tengo más claro que prefiero la calma.
Feliz sábado para todos.
B.D.E.B.



