
Esas pesadillas que se repiten una y otra vez, como lo hacían aquellas otras cuando sólo era una niña.
Una niña miedosa, creció con miedo y nunca lo perdió, por mucho que fuese querida, cuidada, protegida por sus padres, el miedo en las noches llegaba en modo de pesadilla, esa que se repetía una y otra vez, cada noche, en cuanto el sueño la vencía.
La niña creció y se convirtió en mujer, y aunque el miedo no desapareció si lo hicieran las pesadillas, aquella temida pesadilla, porque crecemos y nuestros miedos ya son otros, nuestras pesadillas también son otras.
Miedo al olvido, a perder algo/alguien querido, miedo a la oscuridad, a las tormentas (a nuestras tormentas). Miedo al fracaso, a los cambios bruscos, al engaño.
A que se repitan situaciones, aquellas que por tiempo te robaron el sueño, y la ilusión, y quizás algo más.
Que diferente este miedo al que sentías de pequeña ¿verdad?
Este es más real.
Quizás por eso te gusta soñar despierta… así evitas las pesadillas.
B.D.E.B.





