Era un domingo más, de esos en los que toda la familia (por parte de mi madre) nos reuníamos en la casa de campo de mis abuelos, en esa ocasión estaban casi todos los hijos y un buen puñado de nietos.
Los niños correteábamos por toda la finca, entrábamos a nuestro lugar preferido, la cuadra, y allí le dábamos comida a los animales sin que nos viera el abuelo, cariñosamente le llamábamos «tata» nunca llegué a saber el porqué.
Más tarde nos sentamos a comer, mientras nosotros, los niños, estábamos con nuestras risas, los mayores hablaban de sus cosas, y entonces ocurrió. Mi abuelo y su segundo hijo siempre tenían sus diferencias de opiniones, no era la primera vez que discutían, pero nunca como ese día.
Los gritos eran cada vez más fuertes y nuestras pequeñas voces guardaron silencio, sus caras cada vez más rojas y enfurecidas y sus bocas sin dejar de escupir todo aquello que les llegaba, sin siquiera pensar en quienes estaban presentes.
Rompí a llorar, a temblar, a quedarme sin respiración, sin llanto… Mi padre me alzó a sus brazos y ordenó a mi madre coger a mis hermanas y salir de allí. El último recuerdo de ese día fue a mi padre amenazando a mi tío y abuelo, que si me pasaba algo que se escondieran, él, un hombre que odiaba la violencia (y la sigue odiando).
Fue mi primer ataque de ansiedad, a malas penas con unos 7 años, sin saber siquiera que existía esa palabra, con los años llegaron algunos más.
Esa falta de aire, ese llorar sin sonido, el hacerte un ovillo, el temblar…
No sé si fue desde ese día, pero odio las discusiones fuertes, las evito, huyo de ellas, siempre fueron culpables de esos ataques de ansiedad, lo siguen siendo.
Quien lo ha sufrido sabe de lo que hablo, sólo unos brazos rodeándote con cariño, son capaces de hacer que vuelva la calma.
Justo hace un par de días hablé de este mismo tema (sin saber de la pregunta de hoy), pera ayer recibí un paquetito, un pedido y hoy, aprovechando esta pregunta, quiero compartir algo con vosotros.
Hace una semana aproximadamente, un amigo compartió por Instagram una publicación de un grupo de gente que se habían juntado para hacer un libro y todo lo recaudado iba destinado a las víctimas de la DANA, el libro (la foto que os muestro) se llama «Letras de barro» y los nombres de los autores están escritos en la portada.
El caso es, que me pareció una idea buenísima y digna de admiración, así como tantas otras cosas y acciones que hemos podido ver durante este tiempo, hemos visto hacer a la gente de a pie lo que muchas veces los de arriba no han hecho, y estoy segura que muchos de nosotros lo seguimos teniendo presente y seguiremos ayudando de una u otra forma dentro de nuestras posibilidades.
La respuesta ya la tenéis, admiro la solidaridad de los demás y así como hablábamos el otro día, aquí si espero estar a la altura de los demás aportando mi granito de arena. Con un poquito de cada uno al final se consigue algo grande.
Dar las gracias a ese grupo de gente @pidememaquetasdeamor por esa iniciativa, de la que de momento he leído el prólogo y un par de hojas más y ya me ha emocionado (compré uno para mí y otro para regalar a un amigo), y aquí abajo os dejo también el enlace por si os animáis.
Gracias a ti también que compartiste esta iniciativa.
No podría decir uno solo, entre otras cosas porque cada vez que intento recordar los dibujos que más me gustaban, las imágenes no llegan del televisor, llegan de un salón de una casa, la de mis padres.
Un día cualquiera y allí estábamos, en el sofá, mi hermana pequeña y yo junto a mi cuñado (pareja de mi hermana mayor), disfrutando de los dibujos los tres, le encantaba verlos con nosotras, mientras mi madre andaba por la cocina y mi hermana mayor con ella, mi padre ojeando el periódico y nosotros pendientes de esa vuelta al mundo de Willy Fog, o de las aventuras de David el gnomo, o riendo con los pitufos y gargamel.
Hay unos dibujitos que me llamaban mucho la atención, «Erase una vez..» mientras nos entretenían nos enseñaban cosas.
Y después crecí un poco, y llegaron mis sobrinos, y entonces me tocaba ser yo la que me sentaba con ellos a ver las doradas armaduras de los «caballeros del zodiaco» o las locas aventuras de esos héroes que vivían en las cloacas «las tortugas ninja».
Ninguno en especial, siempre me ha gustado más el poder disfrutar las cosas en compañía, en buena compañía.