Días…

Días…

Hace ya unos días que noto que algo no está como debería, no sabría decir el qué ni el porqué pero no termino de estar bien. Imagino que son rachas, días que se está mejor, otros con menos ganas…

Así que esta tarde, al dejar al pequeño en karate y aprovechando esas dos horas «muertas» que iba a tener, me he venido a la playa, a dar un pequeño paseo (lo que se puede) y hacer lo que más me ayuda, sentarme a escuchar el sonido del mar, escribir unas letras y perder la mirada en el horizonte, se que esto va a llevar a derramar alguna lágrima, pero lo salado cura, o eso dicen…

Hoy no llevo bien el día, primero llevé al bichillo a la peluquería canina y los recuerdos aún duelen, pero poco a poco, también es cierto que mañana es día 8, van cuatro meses…y aunque ese pequeñajo que corretea continuamente delante y detrás mía, me ha hecho reponerme bastante, aún hay momentos que duele.

Es curioso porque cada vez que me marcho de casa, aún quedándose acompañado, se pone a llorar y con el resto no lo hace, es como si supiera que el llegó a casa por y para mí, y la verdad que siempre que puedo lo llevo conmigo porque nadie sabe lo que me ha ayudado en este tiempo que llevamos juntos.

Hoy ha sido un día extraño y aquí es donde por fin consigo estar bien, estar conmigo misma y con el mar, perder la mirada, notar la brisa fresca, sentir la arena en los pies y dejarme arropar por el sonido de las olas. Dejar que salgan las lágrimas y así limpien por dentro, curen y ayuden a cicatrizar heridas.

La sombra se va alargando cada vez más, pronto se esconderá el sol hasta mañana que vuelva a brillar, con el comienzo de un nuevo día, un día que aún no se si será mejor, igual o peor que el de hoy, pero merece la pena averiguarlo.

B.D.E.B.

Refugio

Refugio

El autocar los había dejado al pie del camino para subir a la montaña, arriba se encontraba el refugio de excursionistas donde tenían que pasar las próximas noches.

Hacía muchos años que habían realizado esa misma escapada, siendo adolescentes, en el instituto y ahora, casi treinta años después, en una de esas reuniones que hacían cada vez que era posible juntarse un buen número de antiguos compañeros, decidieron volver a aquel refugio de montaña donde tan gratos momentos habían pasado.

Y allí estaban, subiendo por el camino de la montaña, cargados con sus mochilas a la espalda como en los viejos tiempos.

Esa semana había sido de locura, había estado en el trastero recuperando parte de las cosas que tenía guardadas de las acampadas, desde bien jovencita siempre que había podido había marchado aunque fuera un fin de semana, porque el contacto con la naturaleza, respirar aire fresco de la montaña, despertar con el piar de los pájaros, todo aquello le daba vida, y ahora por circunstancias y vueltas o revolcones que te da la vida, llevaba más de dos años sin poder hacer una escapada de ese tipo. Así que cuando lo propusieron los compañeros, no lo pensó, se apuntó la primera.

En el autobús, él se había sentado a su lado y pudo comprobar que seguía como antaño, poco hablador pero con una mirada que no necesitaba palabras. Le extrañó verlo porque casi nunca iba cuando quedaban y cuando asistía en terminar de cenar siempre se marchaba.

Y mientras subían por el camino, también seguía a su lado y ella comenzó a preguntarle como le había ido en todos esos años, él fue bastante escueto en sus respuestas, ella sólo sacó en claro que no se había llegado a casar, no tenía pareja y el trabajo le iba bastante bien. Ella le contó un poco sobre su vida, cuando él preguntó, «Y a ti,  ¿Cómo te ha ido?»

Siguieron subiendo la montaña callados mientras escuchaban las  conversaciones y risas del resto, lo único que hacían era cruzar miradas y ella sonreír, él seguía con esa media sonrisa que tenías que conocerlo para saber que esa era su forma de hacerlo, sólo en dos ocasiones le había visto una sonrisa «completa» y de sólo  de recordarlo, le invadió algo que no supo muy bien como interpretar.

Al llegar al refugio, cada uno dejó su mochila en una de las camas de las literas que habían en hilera y ella dejó su mochila en la cama de al lado de la de él, cosa que hizo que la mirara profundamente como si le quisiera dar las gracias.

Bajaron, la chimenea estaba ya encendida, preparando las brasas para preparar algo de cenar. Llegó la cena, la sobremesa y al poco todos a descansar, por la mañana tenían una buena ruta de senderismo y los no perdonaban, ya no eran unos chavales.

Cuando la habitación quedó en silencio, sólo se escuchaba el «respirar profundo» de muchos del grupo, él la volvió a sorprender, de nuevo una caricia en la mejilla, en la comisura de los labios y ella no dió tiempo a que él se acercara, fue ella la que acercó sus labios a los de él y los besó, se apartó un poco y pudo ver esa sonrisa completa, cómo la de aquella noche y él sólo dijo unas palabras «toda una vida esperando de nuevo este momento». Ella apoyó la cabeza en su pecho y él la rodeó con sus brazos, y así abrazados durmieron toda la noche.

A la mañana siguiente un «no me encuentro bien» y un «yo me quedo a cuidarle» sirvió de excusa.

Solos pudieron hablar, cruzar miradas, abrazarse y descubrir que aquellas brasas que un día quedaron en aquel lugar, les había bastado una pequeña corriente de aire para avivarlas y convertirlas en fuego, un fuego con la suficiente fuerza como para no ser apagado fácilmente.

El regreso a casa se convirtió en un regreso a la vida, una vida que años atrás dejaron a su suerte y de nuevo los había vuelto a cruzar.

B.D.E.B.

Ser madre

Ser madre

¿Cuáles son tus marcas favoritas? ¿Por qué?

Esa cicatriz bajo el vientre, esa marca que irá conmigo el resto de la vida, es mi marca favorita, la que me recuerda los dos maravillosos encuentros que tuve y que a su vez marcaron también mi corazón.

Hoy es día de eso, de felicitarlas, de darles y demostrarles todo nuestro amor, aunque eso tendría que ser a diario, porque se es madre todos los días y también tenemos que ser hijos cada día y en todo momento.

Pero hoy quiero resaltar una cosa, no sólo son (somos) madres aquellas que hemos llevado un bebé en nuestro vientre durante unos meses, ese es un momento precioso, un privilegio y somos muy afortunadas de ello, pero ser madre es mucho más.

Hay muchas mujeres que no han tenido a esa criatura en el vientre y  se han convertido en madres, en muy buenas madres, mejores que muchas otras que si lo han tenido en sus entrañas.

Y es que madre es la que nos cuida, nos protege, la que sería capaz de poner su vida por delante de la nuestra.

La que nos abriga ante el frío, nos intenta evitar el sufrimiento, la que nos aconseja, duerme con nosotros para espantar las pesadillas, la que con sólo mirarnos sabe si somos felices o sufrimos.

Madre es la que nos acompaña, desde que llegamos a su lado,  agarrando nuestra mano, en ese camino tan complicado que es la vida, sin soltarnos, aún cuando a malas penas tenga fuerzas para seguir caminando, esa mano que no nos suelta hasta su último aliento

Todas ellas son madres, no sólo las que nos quedaron marcas en la piel, también las que las llevan en el corazón, porque esas marcas son las más bonitas que tendremos en nuestra vida…

B.D.E.B.

Mi tío

Mi tío

Dinos las personas que admiras y de las que te gusta recibir consejos…

Admiro a mucha gente, a aquellos que a pesar de lo que les venga encima pelean por sacar a flote a los suyos, a quienes le sonríen a la vida, quienes respetan, quiénes dan sin esperar nada a cambio y intentan hacer mejor la vida de los demás.

Y ahora hablaré en pasado,  porque así era uno de mis tíos, hermano pequeño de mi madre y una excelente persona.

Kiko le llamaban, ese era su nombre para todos, creo que por Francisco sólo lo conocían los «organismos oficiales» porque nunca escuché a nadie llamarle así.

Un hombre con una sonrisa eterna dibujada en su cara, una sonrisa que te contagiaba al minuto de estar a su lado. Era gracioso, amable, cariñoso y bromista y muy muy buena gente.

Al fallecer mis abuelos, él se quedó (les compró a sus hermanos) la casa de ellos, ese caserón en mitad del campo del que he hablado alguna vez. El seguía teniendo allí conejos, pavos, gallinas y cuando íbamos un domingo seguía la costumbre de hacer para comer un arroz a la leña.

Podías llevar a cualquier persona contigo, mi tío los trataba cómo a un sobrino más, y al despedirse siempre les decía, «aquí tienes la casa del tío Kiko para cuando tú quieras volver, me llamas y esta es tu casa»

¿Su consejo? Disfrutar de la vida todo lo que se pudiera, salir a bailar con tu pareja cada vez que fuera posible y disfrutar de la familia.

Adoraba a su familia, nos adoraba a todos y cuando íbamos con un sobrino nuevo para que lo conociera (él vivía en el pueblo y venir a la ciudad no le gustaba nada) sentía la misma emoción que si de un nieto suyo se tratara.

Siempre, siempre, nos hacía reír, menos un día que me hizo llorar, el día que se marchó…

B.D.E.B.

Feliz día, feliz vida

Feliz día, feliz vida

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Hoy cumple dieciocho años una persona muy especial, alguien que conocí siendo una niña y ahora es toda una mujer, preciosa por fuera pero más bella si cabe por dentro.

A pesar de su juventud es luchadora, le pone muchísimas ganas a todo lo que hace, es buena, responsable, amable, cariñosa, amiga de sus amigos… la lista de calificativos sería enorme para describirla, ella es hija de una pareja de amigos que son cómo familia, su madre (alguna vez he hablado de ella) sólo con mirarme sabe de mi estado de ánimo, me atrevería a decir más que ninguna otra persona.

Su gran sueño es ser veterinaria y estoy segura de que lo conseguirá porque el amor que tiene hacia los animales es también infinito y con su perseverancia seguro que consigue todo lo que se proponga.

Hoy mientras le escribía unas letras, porque los dieciocho siempre son especiales, (aún recuerdo este año en nochevieja que la pobre se quedó chafada por no poder ir a la discoteca por a malas penas unos meses), me acordaba de todo lo que hemos pasado desde que la conocí.

Al principio ella y mi hijo mayor se llevaban «a matar», cada vez que nos juntábamos era una pelea continúa, sin embargo ahora…mi hijo siempre dice que es cómo una hermana, me consta que el cariño es mutuo, son muy buenos amigos cosa que en los principios nunca lo hubiéramos imaginado, ni su madre ni yo.

Y es que cómo siempre digo hay amigos que son más que eso, y con ellos hemos compartido tantas risas y tantos llantos (de estos últimos más de los que nos hubieran gustado), pero la vida es así, nos pone gente en nuestro camino, gente que nos complementa, que son los que te ayudan a sobrellevar esas situaciones dolorosas.

Gente que quiere a tus hijos y los trata como si fueran suyos y tú haces lo mismo. Son niños que has visto crecer que has cuidado que has protegido, que has acompañado. Has celebrado cada cumpleaños y los ves convertirse en aquello que desean.

Y ellos hacen lo mismo contigo, aunque sean jóvenes se acuerdan de ti, te mandan un mensaje de felicitación o de apoyo en los momentos duros, te abrazan, sonríen al verte y se alegran de tu felicidad.

Hoy es un día especial para ella, para sus padres y hermana y por supuesto para mí, verla crecer es una de las cosas más maravillosas que me sigue ofreciendo la vida.

B.D.E.B.