Cuando en algún momento no he sabido que rumbo tomar, cuando en alguna ocasión he tenido ganas de salir corriendo o de tirar la toalla, siempre he pensado en «mi gente» y me he vuelto a centrar, a enfrentarme a las circunstancias, a esa expresión de «coger el toro por los cuernos».
A ellos les debo mucho, tanto a familia como a amigos, ellos son los que hacen que la vida tenga sentido y los que cuando las fuerzas flaquean te ayudan a sostenerte.
Por ellos termino centrándome y sigo hacia delante, porque quiero que me vean bien y no quiero que sufran por «mi culpa» y así es cómo todo vuelve a tomar sentido.
Habrá quien piense que las cosas hay que hacerlas por uno mismo, pero yo sinceramente las hago por ellos, que al final también repercute en mí, porque si ellos están bien, yo también lo estoy.
Como siempre digo, los que siempre están, los que me quieren y respetan mis decisiones, los que me apoyan y me aguantan cuando yo misma no lo hago, los que caminan a mi lado a lo largo de la vida, sin soltarme de la mano.
Soy una persona que se emociona fácilmente, cualquier gesto hecho con cariño (porque se nota) un abrazo, una caricia, una simple sonrisa o unas palabras, son suficientes para sacar mi lado sensiblero y que se escape alguna lágrima, también soy llorona, qué le vamos a hacer…
Creo que quizás por eso, cuando hablo de algún recuerdo por aquí, lo hago con cariño y intento expresar esos sentimientos que me llegan de ese momento, ese lugar, esas personas. Se que a veces os llegan a algunos porque me lo decís, y para mí es una alegría porque cuando cuento algo cara a cara, el que está enfrente se da cuenta enseguida de lo que siento porque tengo algo, no sé si una virtud o un defecto, y es que se me nota todo demasiado en el rostro, en la mirada. Pero cuando lo escribes, es distinto, no sabes si llega o no.
Otras veces son relatos y ahí si que es un poco más complicado, porque cuando es algo que no has vivido, aunque tengan siempre algo que ver contigo, situaciones similares, historias conocidas o que una parte de esas letras te describan a ti o a alguien cercano. Ahí es cuando no sé si va a llegar a emocionar, aunque cuando yo lo lea y relea me emocione, se me escape alguna lágrima, porque no se trata sólo de emocionar, también emocionarse…
Todo esto viene porque hoy compartí algo que escribí aquí hace unos meses, en una de las redes sociales, y aunque me consta que emocionó en su momento, yo también me emocioné mientras lo escribí, cuando ves que le llega a la gente, en parte te alegra (aunque no me guste hacer llorar).
Y es que emocionarnos es lo que nos hace sentir que estamos vivos, tanto si reímos como si lloramos.
Y si tenemos que elegir pues mejor reír y si lloramos que sea de alegría.
Hoy me ha llamado mi padre para ver si le podía recoger unas cartas que le habían llegado al anterior piso y las tenía la vecina.
Hace unos meses, en contra de nuestro parecer (de mis hermanas y mío) vendió su piso de prácticamente toda la vida, casi cincuenta años viviendo allí y decidió que quería mudarse. Nosotras no lo vimos bien principalmente por mi madre, con Alzheimer (aún no muy avanzado) lo que menos ayuda es cambiar lo que conoces por cosas nuevas, casa, barrio, ciudad… Pero él lo decidió, lo hizo y nos avisó cuando ya no había marcha atrás, así que ahí están a poco menos de una hora de aquí, más cerca de mi hermana pequeña pero para mi madre, lejos de sus otras dos hijas, de sus nietos y bisnieta y de su hermana pequeña, la única que le queda viva (es lo que siempre repite cuando le preguntan, ¿qué tal en tu nueva casa?)
El caso (me he desviado un poco) es que hoy cuando he vuelto a mi antiguo barrio, mi antigua calle, mi portal…he visto «mi casa» desde el otro lado de la puerta y me ha invadido la nostalgia.
Llegué a esa casa con tan solo un año de vida, ahí di mis primeros pasos, allí llegó unos años más tarde mi hermana pequeña.
En esa casa nos separamos por primera vez de mis padres cuando tuvieron que salir fuera del país a trabajar para poder darnos de comer, mientras mis abuelos se hacían cargo de nosotras por unos meses.
En esa casa lloré por ese primer amor, y también fui feliz cuando fue correspondido. Allí mi marido pidió mi mano y de allí salí vestida de novia hacia el altar.
En esa casa y con mis padres se crió los primeros meses mi hijo mayor, mientras nosotros trabajábamos, allí empezó a gustarle cocinar (le encantaba todo lo que hacía la «yaya»).
Tantos recuerdos han llegado en un solo instante, que cuando la vecina me ha pedido que les diera mañana un fuerte abrazo de su parte, y a continuación me ha dicho que no entendía porqué se habían ido de allí…se me quebró la voz para despedirme y enseguida me puse las gafas de sol para que no viera mis ojos llenos de lágrimas.
Cuando se marcharon, no dejaron una vivienda, dejaron un hogar lleno de recuerdos…
Recuerdo cuando tenía unos doce o trece años, mis padres tenían unos amigos en Segovia y otros en Guadalajara que todos los años por navidades se escribían una felicitación y se intercambiaban unas participaciones de la lotería de Navidad. Mi padre me encargaba siempre de que fuera yo la que escribiese esas felicitaciones, eso de escribir no ha ido mucho con él, y cómo mi hermana mayor ya estaba casada y mi otra hermana era más pequeña, pues me tocaba a mí.
Más tarde siempre me gustó escribirme con amigos que vivían lejos, seguir mandando felicitaciones de Navidad y por supuesto, mandar y recibir postales cuando me iba yo de viaje o amigos que se iban me las enviaban.
¿Qué bonito verdad?
Aunque mi letra precisamente bonita no lo ha sido nunca, más bien diría que es fea y a veces cuesta entenderla, pero para mí siempre ha valido más lo que quieren decir las palabras que escribes qué cómo se ven en la hoja.
Pero llegó un momento que entró Internet en nuestras vidas y todas esas costumbres se han ido perdiendo. No sabría recordar la última vez que recibí una carta escrita a mano o una postal, si que recibo, recibimos, alguna felicitación en Navidad de clientes y alguno que ya es más amigo, y también soy yo la que se encarga de enviarlas escritas por mi puño y letra (aunque sea fea). Pero no es lo mismo escribir a quien tienes un trato simplemente laboral que si el trato es más cercano, las palabras no pueden ser las mismas porque falta el sentimiento.
También me gusta acompañar los regalos de la gente que quiero con una tarjeta, me da igual que sea comprada o una simple cartulina, pero con unas palabras diciéndoles que son importantes para mí.
Y no voy a mentir, también me gusta recibirlas porque esos pequeños detalles son el mejor regalo, te hacen más ilusión y te llega más adentro que el objeto al que acompañan.
Algunas de las entradas de este blog están escritas en una libreta, en esa que aparece en la foto, esa que me acompaña en mis paseos por el mar. Otras en las notas del teléfono, pero me gustan más las de la libreta, aunque tengan algún que otro tachón, aunque al trasladar aquí se modifique algo, pero en la libreta siempre está lo primero que te llega, lo primero que sale…
Hoy en día vamos a lo práctico, a lo sencillo, a lo rápido…mandar un correo electrónico, o un WhatsApp, comprar una tarjeta que ya venga escrita y simplemente firmarla.
Sinceramente, daría un paso atrás, me gustaría abrir el buzón y seguir encontrando cartas y postales de los amigos, llenar el arbolito de Navidad de felicitaciones y que las tarjetas que acompañen los regalos estén escritas de nuestro puño y letra…
Ayer, poco antes de las doce de la noche, comenzó a llover y así ha pasado la mayor parte de la madrugada. Hoy ha amanecido igual y ha tocado dejar la caravana allí en el camping porque no podíamos meter las cosas mojadas y nos hemos bajado para casa. La ventaja de ir a un sitio cercano es esa, pero los planes de hoy pues se han ido un poco al traste.
Al llegar aquí también estaban cayendo algunas gotas, así que hoy toca tarde de sofá y relajarse para empezar mañana la semana con energía, aunque no sé si por la lluvia o por la pierna que me está molestando más de lo habitual, la batería está muy baja.
Y hoy pensando (es lo malo de quedarme en casa, la cabeza da una y mil vueltas), llevo ya más de dos meses con este tema de la pierna y aún no saben nada y vas de especialista en especialista y ahora pues más pruebas y aunque espero que ya saquen algo en claro, no las tengo todas conmigo porque eso pensé las dos últimas veces y sigo casi igual.
Intento ver las cosas con esperanza y pensar que pronto habrá una solución, pero no voy a engañaros, a veces ya no sabes, cuando te pasa algo extraño que ni siquiera los médicos dan con la tecla, pues empiezas a desesperar.
Ayer (al final nos visitaron unos amigos), hablando ya de las fiestas, que están a la vuelta de la esquina, me invadió un poco de tristeza de ver que así no voy a poder disfrutar de ellas cómo me gustaría, no me siento capaz de participar en los desfiles y el pensar que ese sentimiento, que año tras año me invade cuando hacemos la ofrenda a nuestra patrona, igual no lo voy a tener me entristece un poco.
Sé que aún falta algo más de un mes, y que si este año no es posible habrán muchos más, pero esta situación me está impidiendo ya unas pocas de cosas y cuando no le ves fin pues se hace más cuesta arriba.
Hoy me saltó un recuerdo de la romería de hace dos años tal día como hoy 28 de abril, también llovía, pero con chubasquero y paraguas, allí estaba fiel a mi cita. Este año no llovía pero tampoco la pude hacer.
Ayer compartía algo en las redes que hoy tendría que aplicarme a mi misma, pero hay días que tenemos muchas ganas y otros que necesitamos recuperarlas…