Ahí no es

Ahí no es

Háblanos de una ocasión en la que te sentiste fuera de lugar.

No soy de posicionarme en un grupo para separarme de otro (o del resto), pero hay veces que la gente tiene mucho poder de persuasión y aprovechan cualquier momento o cualquier debilidad para conseguir apartarte, para llevarte a su terreno, para poner sus opiniones en tu boca. Todo esto despacito, sin hacer ruido, sin que apenas te des cuenta, cuando ya lo haces es demasiado tarde y no entiendes que ha pasado, lo único que aciertas a ver, es que ese no es tu lugar, que ahí no es.

Más tarde, eso ya está superado y te encuentras con un grupo de gente, desde fuera parecen todos majos y fíjate hasta te incluyen en ese grupo, empezáis a hacer cosas juntos, ves algún detallito que no le das importancia y sigues ahí, si parecen majos…hasta que llega un día que empiezas a ver o te ayudan a ver, todo un escaparate ellos no te ven como tu les ves, ellos no son los amigos que tú creías que eran, de nuevo te has vuelto a equivocar, de nuevo ese no es tu lugar, ahí no es.

Diferentes momentos en mi vida me he sentido fuera de lugar, a veces hay que llegar al sitio para darte cuenta que no, qué ese no es tu lugar, que «ahí no es». A veces te das cuenta por ti misma, otras es alguien quien te ayuda a abrir los ojos (creo que ya sabéis lo confiada que soy), pero a fin de cuentas, lo importante es darte cuenta, ya sea de una manera u otra, porque no siempre es malo estar fuera de lugar.

Evito estar fuera de lugar en muchas ocasiones, principalmente cuando te cruzas con gente que mira al resto por encima del hombro, es algo que no soporto, intento huir de esa gente, mantenerme lo más lejos posible porque en ese caso si que lo tengo claro desde el principio que ese no es mi sitio.

¿Dónde es? Donde no tengan cabida las mentiras, donde seamos iguales en distintas condiciones, donde hayan risas y te abracen si hay lágrimas, donde las miradas sean directas a los ojos y las sonrisas sinceras, donde te escuchen y no sólo oigan lo que dices.

Ahí si es.

B.D.E.B.

Estresante

Estresante

Caricatura dibujada por un amigo en aquella época tan bonita

Sugerencia de escritura del día
¿Cómo sería tu vida sin ordenador?

Partiendo de la base que normalmente estoy teletrabajando, pues de ahí ya estaría contestada la pregunta, me tocaría asistir todos los días a la empresa, realizar mi trabajo de alguna manera completamente distinta y seguro que bastante más laboriosa y algunas cosas más que ahora mismo no vienen «al cuento» (quizás otro día explicaré), así que lo más probable es que mi vida se convirtiera en un estrés continuo, principalmente porque a lo cómodo nos acostumbramos antes que al contrario.

Si dejamos el trabajo a un lado. Primero habría que ver si podemos hacer uso del móvil, porque si es así, prácticamente es como si tuviéramos ordenador, la pantalla más pequeñita y menos funciones, pero para lo que utilizo yo digamos de «ocio» con el móvil me apaño bastante bien, incluso la mayoría de entradas de este blog son leídas y escritas desde el móvil (ahora mismo no, porque desde el ordenador lo hago más rápido y cómodo).

Si también nos quitaran el móvil ya la cosa cambiaría un poco o mucho. Sé vivir sin él y de hecho cuando estoy con gente que me importa a malas penas lo miro (salvo cuando los demás también lo hacen), pero una cosa es un rato y otra de continuo, me imagino que lo necesitaría, como decía antes estamos muy acostumbrados a lo cómodo y el móvil lo es.

Mi primer ordenador lo tuve ya de bien mayorcita, aunque estudiando ya llegué a conocer alguno, pero el primero en el trabajo sería con unos veintisiete o veintiocho años, cuando mi viejo pantógrafo manual pasó a ser automático, grababa lo que yo introducía en el ordenador, y prácticamente a la vez me regalaron uno para casa y ahí fue donde descubrí «El poder de una pantalla».

A partir de ahí ya se convirtió en algo más habitual, lo usaba a diario y años más tarde, cuando dejé el taller para pasarme a la oficina, se convirtió en herramienta indispensable para mi trabajo. El ordenador de casa lo tuve que dejar a un lado por un tiempo y prácticamente me deshice de él, con el nacimiento del primer chico ya no tuve mucho tiempo libre y el que tenía lo dedicaba a estar con amigos, temas relacionados con la fiesta y poco más.

En casa sólo estaba el portátil y por trabajo y así siguió hasta la pandemia, a partir de ahí entro el ordenador de sobremesa de nuevo aunque esta vez ya sólo por trabajo, y aquí sigue, ahora también escribo alguna entrada en él, pero sólo cuando estoy trabajando (¡ojo!, digamos que mi tiempo de trabajo es bastante flexible) pero a partir de las tres, se cierra sesión y hasta el día siguiente no se vuelve a encender, después sólo queda el móvil.

Así que supongo que, aunque me costaría, si podría vivir sin él, pero la vida sería eso, estresante.

Quienes dudo que puedan hacerlo son las nuevas generaciones, si les quitamos estos aparatos electrónicos no sé si sabrían hacer las cosas manualmente.

B.D.E.B.

Querido diario

Querido diario

Mientras realizaba la mudanza de casa de sus padres, en la que había sido su habitación durante muchos años, aquella que años atrás pensó que había vaciado de todas sus pertenencias, apareció ahí, en el escondite de detrás de lo que en su día fuera su escritorio. No recordaba haberlo guardado allí, ni siquiera se acordaba de él, de aquel pequeño cuaderno rosado, que una amiga le regaló cuando celebró su «primera comunión». Lo guardó en su bolso y esperó a llegar a casa y tener un momento de soledad, para abrirlo de nuevo y regresar a aquella infancia, no se atrevería a decir «feliz» pero si que hubo momentos de felicidad.

Cuando llegó a casa, aprovechando que no había nadie en ese momento, se puso cómoda en el sofá y empezó a leer. Conforme leía las páginas se daba cuenta que no había mucho de interés, sus días se reducían a ir al colegio, a visitar a sus tías, y si acaso el fin de semana algún paseo con sus «amigas». ¿Lo eran realmente? la amistad que conocía ahora era muy distinta a aquella, pero mejor sigamos con esas páginas, monótonas, sin nada de emoción ¿acaso la había sentido de niña?

Descubrió que sólo había estado escribiendo durante cuatro meses, después lo dejó, no por falta de hojas (quedaban aún bastantes en blanco), quizás porque no había nada interesante que escribir, o quizás porque a veces lo importante dolía y no quería escribir sobre ello, nunca imaginó que muchos años después contaría esos momentos que nunca escribió en el diario, principalmente los felices, porque los hubo, aunque en aquel momento ella no era capaz de verlos.

Recordó los juegos en la calle, no tan a menudo como a ella le hubiera gustado, pero había que aplicarse en las tareas del cole, mientras sus amigas jugaban en la calle, ella se quedaba en casa haciendo esas tareas o estudiando para un examen, sus notas eran muy buenas y quizás por eso era objeto de alguna burla, era mejor disfrutar de los juegos y ganar algún suspenso, al menos a los ojos de quienes le llamaban «amiga».

Siguió recordando cosas que había escrito ahí, aparte de los encuentros con sus tíos y primos, eso sí le hacía feliz, cada vez que todos se juntaban, sólo había una cosa de aquello que le entristecía, cuando su abuela le quitaba cada cosa con la que jugaba para dársela a su prima porque era más pequeña… nunca lo entendió, aún así quería a ambas con locura.

Y algo más escribió, su pasión por esa fiesta que hoy en día sigue latente, quizás es con lo poco que se identifica de aquella niña, el paso de los años le hizo dar un cambio brutal.

Su timidez disminuyo bastante (aunque nunca la perderá del todo), aprendió a rodearse de quienes si son amigos (aunque tuvo que sufrir hasta conseguirlo), le sigue gustando pasar desapercibida (para nada le gusta ser el foco de atención, ni estar delante de focos o cámaras), y algo que ha aprendido ya mucho más tarde, que es bonito y reparador escribir a «tu diario» cómo te sientes, o como te has sentido, lo que te hace feliz o lo que te hace llorar, o esa anécdota que te hizo saltar una carcajada, o describir ese viaje que tanto te gusto.

Compartir momentos, emociones, lugares, ratitos de escritura y lectura, con tantos que un día también tuvieron un diario y como ella, en aquel momento no se atrevieron a escribir.

Por todos vosotros va hoy este texto.

B.D.E.B.

Adiós septiembre

Adiós septiembre

30 de septiembre, último día de este mes que se ha hecho muy muy largo. Ya desde que empezó sabía que iba a ser un mes difícil, vuelta a la rutina después de varias semanas de relax en el camping, vuelta al trabajo, a extraescolares del chico, vuelta a visitas médicas, y la entrada del otoño…

A eso se le han ido añadiendo unas pocas de complicaciones, de un estado emocional no muy bueno, de salud tampoco ha sido el mejor mes, y de otras cosas que mejor las dejamos a un lado. En definitiva un mes, pues algo peor que las expectativas que tenía, porque aunque intente esperar que todo vaya bien, no sé que tendrá este mes y el inicio del otoño que nunca me ha ido bien.

Quizá todo empezó hace muchos años en los que una serie de circunstancias hicieron que este mes se me atravesara un poco. Aquí en esta zona el mes de septiembre y octubre siempre los hemos relacionado con «la gota fría» o la DANA como le llaman ahora y con algunos sustos en el cuerpo pues cuando vemos el cielo negro nos asustamos un poco. Y el hecho de que empiece a anochecer antes y que no haya tanta gente por la calle como en verano, quizás también entristece un poco.

Ahora en octubre aún acortan más los días pero parece que ya nos vamos acostumbrando a ello.

También este mes ha tenido alguna cosa buena (no sólo vale contar lo malo) de nuevo reuniones con los amigos, desde el viaje a Andorra no nos habíamos vuelto a ver y ya tocaba, también por supuesto las visitas a mis padres, aunque sean con un sabor agridulce por el estado de ella, poder disfrutar de esos ratitos todos juntos es un lujo.

Y mañana vamos a por octubre, con cositas ya programadas y esperando que sea un poquito mejor que este que se acaba.

De este mes espero ver ésos amaneceres otoñales en el mar y quizás algún atardecer bonito desde la sierra, y por supuesto, un poco de tranquilidad emocional que hace mucha falta.

B.D.E.B.

Cambio de prioridades

Cambio de prioridades

¿Cuál es tu prioridad mañana?

Desde hace ya muchos años, empecé a poner a muchas personas por delante mía, principalmente cuando tienes hijos, ellos son la prioridad absoluta, sobre todo cuando son pequeños y necesitan de la ayuda de un adulto. Más tarde van creciendo y aún así los ponemos igualmente como prioridad ante todo, también añadido a la pareja, si la hay, a nuestros padres que se hacen mayores, y a veces se extiende hasta hermanos y amigos.

Vamos poniendo a todos delante y tú cada vez te vas quedando más atrás de esa lista, a veces, trabajo y alguna cosa más va también delante, no sólo personas.

Y llega un día que te vas fijando, que el cansancio te supera, la salud no acompaña, las fuerzas se van agotando, y hasta las ganas…

Y ahí es cuando te fijas en que todo eso(s), que has puesto cómo  prioridades, que va(n) delante tuyo, no se percatan, siguen exigiendo y no ven que ya llegas a donde tenías que llegar, que tanto física como mentalmente te encuentras desbordada y que eso no ayuda a mejorar tu salud, más bien lo contrario.

Llegado ese punto hay que tomar una decisión, o cambias de prioridades y te comienzas a poner, sino la primera, bien cerquita de ese puesto, o cualquier día estallará todo y las consecuencias serán bastante peores.

Claro, para ese cambio de prioridades hay un problema, que si haces eso te sientes egoísta, y tú no estás acostumbrada a serlo, pero quizás sea lo que toque porque piensas: «¿en qué lugar estoy yo para ellos?» Y aunque no se hagan las cosas para que te lo agradezcan o te lo devuelvan, tú no dejas de ser persona también y sientes, sufres, te cansas igual que ellos.

Puede ser, aunque no te guste, que haya llegado el momento de ser un poco egoísta, de ponerte al principio de esa lista y si no eres la «prioridad» de nadie, ser la tuya propia.

B.D.E.B.