Hoy mi hijo pequeño (muy majo él) me ha recordado que ya voy por la mitad de mi vida (siendo muy muy optimista) y justo me ha recordado que no hace mucho comentaba eso mismo con dos de mis amigas (de las que están)
Hablábamos de las cosas que a estas alturas son más importantes, y principalmente de a quiénes tenía claro que quería tener a mi lado.
Cuando somos unos chavales le damos importancia a un montón de cosas que con el paso del tiempo vemos que no la tienen tanto y también nos pasa con las personas, que las creemos importantes en nuestra vida y a la primera de cambio te dan la espalda. Pero luego resulta que quién estaba ahí, sin hacer ruido, sin hacerse notar ha sido quien ha estado contigo cuando más lo has necesitado.
Entonces llegas a una edad en la que te das cuenta de lo importante que es el disfrutar del día a día, de los pequeños momentos que la vida nos regala, de un paseo, un amanecer o un atardecer, de una bonita luna o tumbarse a ver las estrellas.
Te das cuenta de que sólo quieres a tu lado a quien se preocupa por ti, a quien se alegra de verte, con quien puedas compartir una buena conversación, quien te cobija en un abrazo cuando más lo necesitas y sale a bailar contigo cuando hay algo que celebrar
Y la verdad que no se si me quedará la mitad de la vida (lo dudo mucho) o quizás un cuarto pero si que tengo claro de lo que quiero disfrutar y a quienes quiero tener a mi lado.
B.D.E.B.
Esta una de las cosas que quiero disfrutar, que me hace mucho bien.
Empieza la semana de San Valentín y me ha llamado la atención que varias cuentas a las que sigo, y alguna publicidad que te sale por las redes, están anunciando ofertas para hacerte un tattoo en pareja por «x» dinero.
Hace muchos años me hice el primero, algo significativo (todos los que llevo tienen algún significado) y pensé que sería el único hasta que hace algo más de un año mi hijo mayor nos pidió hacernos uno familiar y accedí por él. Eso sí, sin nombres, porque algo que siempre he tenido claro es que no me tatuaría nunca el nombre de mi pareja (él también opina cómo yo).
No quiere decir eso que no le quieras (a mi parecer) pero la vida da muchas vueltas, más de las que nos imaginamos y creo que si el día de mañana cada uno toma un camino distinto y rehaces tú vida, a la persona que entre en la tuya no le apetecerá mucho ver el nombre de tu «ex» siempre ahí, por supuesto respeto a quien lo hace pero muchas veces son chicos jóvenes que hoy están muy enamorados y mañana…
Bueno, también me ha salido otra publicidad que decía que si no tenías pareja te podías tatuar con amigos, cosa que también me ha llamado la atención, a ver que tatuarse entre amigos lo mismo lo entiendo y me parece bonito pero lo que me ha chocado es de nuevo lo mismo, que si tienes pareja toca compartir el tattoo.
Ahora también es cierto que la eliminación de tatuajes por láser es cada vez más fácil y menos costosa que antes, así que si el amor no dura toda la vida pues también puedes eliminarlo de la piel.
El problema está cuando ese nombre lo llevas tatuado en el corazón, de ahí no se puede eliminar…
La casa de mis sueños estaría sin duda al lado del mar, dónde todos los días se pudiera ver el amanecer reflejado en el agua.
Tendría una piscina, porque en casa son más de piscina que de playa, también tendría una barbacoa para disfrutar con los amigos, para mí esas dos palabras «barbacoa y amigos » van siempre de la mano. En la parte delantera habría un precioso jardín, aunque cada semana me tocara ir al vivero (por más que las cuido, no tengo buena mano con las plantas).
Y una cocina grande, la mía es enana y se queda pequeña con mi pasión por cocinar, me falta mucho espacio para dar rienda suelta a esa afición.
Las habitaciones, tendría alguna de más porque me encanta tener invitados en casa, no es necesario que sean muy grandes, al igual que el resto de estancias (luego hay que limpiar).
Esa podría ser la casa de mis sueños pero ¿acaso importa?
Mejor pregúntame cómo sería el hogar de mis sueños, una casa es una fachada, un conjunto de ladrillos y cemento más o menos grande, más o menos bonito.
El hogar de mis sueños sería, un sitio cálido dónde se respirase tranquilidad, dónde la felicidad superase con creces a la tristeza, dónde siempre hubiesen sonrisas y muy pocas lágrimas.
Un lugar dónde reinase el amor, los abrazos, los besos, los te quiero (los que salen del corazón). Un lugar dónde todo el que venga a aportar (más cariño) será bien recibido y dónde se le acogerá cómo a uno más de nosotros. No hay habitación de invitados pero siempre les cederemos una de las nuestras, la cocina es enana pero se guisa poniendo pasión y cariño en cada plato.
Ese sería el hogar de mis sueños, estoy cerquita, se parece bastante pero creo que la perfección no existe, por eso son sueños, aunque hago o hacemos todo lo posible porque sea así.
Siempre, siempre, la fachada no es tan importante como el interior.
Era un sábado y decidimos pasar por la empresa a saludar a mi suegro, nosotros no solíamos trabajar los sábados pero aún así él siempre se iba para allí un rato y si convencía a alguien más pues mejor. Nunca ha entendido que el descanso y desconectar es necesario porque si no llega un momento que te agotas, no sólo físicamente sino psicológicamente y ese cansancio es mucho peor.
Cuando llegamos allí nos encontramos con un chaval jovencito que no conocíamos y al preguntarle por él a mi suegro, nos explicó que estaba en el bar de unos conocidos que lo habían acogido y él pues se lo había llevado a trabajar un rato.
Claro está que la cosa no quedó ahí, a los pocos días estaba trabajando allí, ya con su contrato y todo legal.
Nos contó su «historia» triste claro está, de cómo había llegado (supuestamente) a nuestro país, cómo después de pasar por mil penurias llegó a nuestra ciudad… en fin, no lloramos pero el nudo en la garganta si que estaba.
Al poco tiempo éramos amigos, él estaba en un piso que le habían alquilado a buen precio el matrimonio del bar pero que estaba fatal, así que nosotros decidimos llevarnoslo para casa hasta que consiguiera algo mejor y ahí comenzó nuestra amistad.
Era uno más de la familia, por aquel entonces no teníamos niños y digamos que «no querían llegar» así que él pues casi se convirtió en un hijo adolescente, venía con nosotros a todos lados, ya fuera a casa de la familia, de amigos si salíamos… Muchas tardes nos íbamos a tomar café él y yo, era mi confidente, sabía todo de mí, todo, no me dejaba nada en el tintero y él finalmente fue sincero y me contó toda la verdad de su vida, aún no sé si era aún más dura que la historia anterior pero me dolió mucho la mentira, si algo no soporto de la gente es la mentira, yo no se hacerlo ni para seguir una broma, es algo que no va conmigo, pero lo quería tanto que entendí perfectamente su situación y le ayudé a contárselo a los demás (no todos lo tomaron igual de bien que yo)
Lo apoyamos en todo, le ayudamos más de lo que hubiera imaginado poder hacer por alguien (no económicamente, emocionalmente) y salió adelante, consiguió un piso compartido y con él nuevos amigos, una pandilla para salir de su edad y a mí me pareció genial, de momento…
Algo que no me pareció tan genial fue que en un tiempo muy breve se olvidará de nosotros. Ya no había charlas en una cafetería, ni a malas penas visitas, ni llamadas, mensajes… poco a poco todo fue a menos.
Aún recuerdo que en esos tiempos me visitó una de sus hermanas, la única que tenía aquí y que yo conocía y sabéis aquella frase de «te lo dije» pues esa me dijo ella.
El daño fue mucho, la decepción grande pero bueno, yo pensé «si él es feliz» y hasta ahí llegó la relación.
¿Lo peor de todo?
Pues que estas cosas hacen que luego no le abras la puerta de tú corazón a la gente, que te cueste, tengas miedo a que te hagan daño.
Pero de repente aparece alguien que te hace cambiar de idea y te demuestra que merece la pena seguir dejando entrar a la gente, porque con solo una de esas amistades de las que están se cura esa herida y piensas:
«Lo que me hubiera perdido si no le hubiese dejado entrar»
Hoy, por primera vez en muchas semanas, me he sentido bien, hasta feliz me atrevería a decir.
Esta mañana trabajé desde la oficina, el día estaba gris, lluvioso, pero por alguna razón me sentía bien, alegre, habladora con mi compañero y me ha sorprendido que no he parado de sonreír, hasta me ha resultado tan raro que no he podido resistir el hacer una foto a ese día gris y publicarla en redes con una frase bonita.
Creo que necesitaba ya un día así, imagino que hay varias cosas que están influyendo, nuevas ilusiones, un reencuentro próximo del que tengo muchísimas ganas y unos cuantos planes previstos.
Han sido semanas muy duras pero por suerte hoy he vuelto a ser yo, a sonreír y disfrutar con cada pequeña cosa que ha pasado en el día y aunque los planes de mañana se han estropeado pues enseguida me he puesto a planear otras cosas.
Espero que esta sensación de hoy sea duradera porque ya tocaba.