
Cuando los días pesan más de lo que creemos poder soportar (aunque al final lo soportamos porque creo que somos más fuertes de lo que creemos), esos días me gusta revisar imágenes de esos amaneceres en el mar, revisar y alguna, seguramente, termina acompañando una entrada. Quizás pueda ser un poco «cansina» pero estas imágenes me devuelven a ese momento vivido.
Mucha gente me dice que «menudo madrugón» un domingo, y que si merece la pena, mi respuesta es siempre la misma, un simple «sí» sin dar más explicaciones a quienes seguramente no lo entenderían, porque quienes sí lo entienden no preguntan.
Esas imágenes me recuerdan ese momento, ese en el que siento la tranquilidad que tanto necesito en este momento de mi vida, el no asistir una semana a esa «cita» parece que me falte algo y no consiga esa paz de ninguna otra manera.
Se ha vuelto en algo muy necesario, es la mejor de las terapias y observar después las imágenes y escoger una para acompañar unas letras ya termina de relajarme en un día que ha sido de estar demasiado nerviosa, demasiado alterada y con ganas tremendas de tirar la toalla, pero rendirse no es una opción, siempre lo digo al resto, así que tengo que tomar de mi propia medicina.
Hoy lo he vuelto a hacer, revisar las imágenes del paseo de ayer y recordar ese momento, el de pasear sin prisas, el de llegar a mi rincón, sentarme a escribir y tomar un café mientras la mirada se perdía en ese paisaje y me dejaba llevar por esa paz que solo el mar consigue darme y más cuando está en calma.
Hay días que el peso se lleva mejor recordando los momentos que nos traen paz porque parece que esta venga de regreso.
B.D.E.B.





