Recordar el momento

Recordar el momento

Cuando los días pesan más de lo que creemos poder soportar (aunque al final lo soportamos porque creo que somos más fuertes de lo que creemos), esos días me gusta revisar imágenes de esos amaneceres en el mar, revisar y alguna, seguramente, termina acompañando una entrada. Quizás pueda ser un poco «cansina» pero estas imágenes me devuelven a ese momento vivido.

Mucha gente me dice que «menudo madrugón» un domingo, y que si merece la pena, mi respuesta es siempre la misma, un simple «sí» sin dar más explicaciones a quienes seguramente no lo entenderían, porque quienes sí lo entienden no preguntan.

Esas imágenes me recuerdan ese momento, ese en el que siento la tranquilidad que tanto necesito en este momento de mi vida, el no asistir una semana a esa «cita» parece que me falte algo y no consiga esa paz de ninguna otra manera.

Se ha vuelto en algo muy necesario, es la mejor de las terapias y observar después las imágenes y escoger una para acompañar unas letras ya termina de relajarme en un día que ha sido de estar demasiado nerviosa, demasiado alterada y con ganas tremendas de tirar la toalla, pero rendirse no es una opción, siempre lo digo al resto, así que tengo que tomar de mi propia medicina.

Hoy lo he vuelto a hacer, revisar las imágenes del paseo de ayer y recordar ese momento, el de pasear sin prisas, el de llegar a mi rincón, sentarme a escribir y tomar un café mientras la mirada se perdía en ese paisaje y me dejaba llevar por esa paz que solo el mar consigue darme y más cuando está en calma.

Hay días que el peso se lleva mejor recordando los momentos que nos traen paz porque parece que esta venga de regreso.

B.D.E.B.

Natalia Lafourcade – Soledad y el mar

Encontrar(te)…

Encontrar(te)…

Mientras caminaba hoy, no estaba segura de llegar a mi rincón, al que se ha convertido en mi refugio desde hace ya algunos años.

No quería forzar el pie y la otra pierna también estaba pidiendo un descanso, pero algo me impulsaba a seguir caminando.

Iba a mi ritmo, despacio y observando todo a mi alrededor, las nubes que estaban por querer descargar agua,el mar que, a pesar de las borrascas, no andaba muy revuelto, eso sí, la playa no estaba tan bonita como otras veces, las tormentas anteriores la han dejado un poco «desordenada» pero también es cierto que habían de nuevo miles de conchas y en ese lento caminar las iba observando.

Seguía hacia ese rincón del final de la playa, sin saber muy bien el porqué, hasta que llegué allí y lo encontré vacío, solitario, solo las rocas esperando que alguien se parara sobre ellas y escuchar sus confesiones al mar.

Descubrí porqué he llegado hasta allí, ahora sé que te buscaba a ti…

Deseaba encontrarte allí, esperando mi llegada y, incluso me pregunté si te habría reconocido, estaba segura de que sí.

Estarías allí con una gorra enfundada en la cabeza, con unas gafas de sol a pesar de ser un día nublado, a veces las utilizamos para ver el mundo de otro color, otras para que nadie pueda observar esa mirada perdida en el horizonte.

Llevarías también una sudadera con capucha, esta encima de la gorra para terminar de cubrir tu cabeza por si la lluvia comenzaba a descargar y una chaqueta, esta última para protegerte del frío de la mañana.

-Sabes que la chaqueta te iba a sobrar ¿verdad?

En cuanto yo llegara te abrazaría fuertemente para protegerte del frío y darte esa calidez que en días como hoy tanto necesitamos.

B.D.E.B.

Zoe – Soñé
Como una flor

Como una flor

Algo comienza como una flor que se acaba de abrir, desde el inicio se puede observar su belleza, su delicadeza, está ahí y la observas y a cada momento te embelesa más y más, te hace sonreír y por un momento olvidar aquello que no es tan bello como ella.

Así surgen algunas amistades, como esa flor que se abre ante tus ojos, de un día a otro y mientras está floreciendo no deja de sorprenderte de que forma se ha hecho tan presente en tu vida.

Día a día la vamos cuidando, regando con ternura, con cariño, sin abusar del agua, pero estando presente y vigilando que no le falte nada. Le quitamos las flores que se van marchitando, cortamos algunas ramas para que surjan brotes nuevos y la trasplantamos cuando crece y el tiesto se queda pequeño.

Esas amistades también hay que cuidarlas, darles cariño, vigilar que no se marchiten y quitar las malas hierbas (o aclarar malos entendidos), vigilar si necesitan de nosotros y estar, para dar y ofrecer nuestra presencia siempre que se necesite.

Hoy me sorprendo en un año cuantos momentos han habido, cuantas veces estuviste, cuantas veces fuiste mi pañuelo de lágrimas y solo tú has sabido leer entre líneas en cada uno de esos momentos.

Todo empezó con una flor y un café, un atardecer con vistas al mar, a día de hoy sigo regando y cuidando para que sigas presente en mi vida y hoy una vez más un abrazo hizo florecer de nuevo esta amistad.

B.D.E.B.

Kany García y Natalia Lafourcade – Remamos
Ellos sí

Ellos sí

¿Necesitas un descanso? ¿De qué?

Pues creo que yo necesito algún descanso de muuuuchas cosas, pero parece ser que ellos también lo necesitan.

Ahí están, se han adueñado del sofá y la negrita hasta ha tirado el cojín al suelo porque le molestaba.

Supongo que ellos necesitan un descanso de los humanos, visto lo visto…

¡Envidia me dan!

B.D.E.B.

Con el pañuelo en los ojos

Con el pañuelo en los ojos

Hoy llegó de nuevo una canción que no había escuchado anteriormente y me hizo quedarme pensando, en la cantidad de veces que llevamos ese pañuelo o venda en los ojos, algunas de ellas porque queremos o necesitamos ponérnoslo y en otras porque alguien nos ayuda a hacerlo.

Imagino que nos ponemos ese pañuelo porque en ocasiones la verdad duele demasiado y parece que cuando no se ve nos duela algo menos, pero si lo pensamos bien sigue doliendo igual lo único que quizás no está tan presente, tenemos que «ahondar» un poco más para darnos cuenta de ello.

Y luego está cuando son otros los que nos ayudan a ponerla, cuando no quieren que veamos lo que hay realmente y en lugar de ponerse una máscara que pueda llegar a agobiarles y quitarla o se les pueda caer por su propio peso, nos yudan ponernos esa venda para que no consigamos ver más allá y así nos pueden guiar por el camino que más les interesa.

De una forma u otra somos nosotros los que tenemos que aprender a quitarnos esa venda, a no dejar que nos la pongan y a no ponerla nosotros, es mejor ver lo que tenemos de frente, ahondar todo lo que sea necesario y poder mirar a las personas directamente a los ojos porque estos pocas veces nos mienten y una mirada directa habla , a veces más que las palabras.

Así que se me ocurren varias circunstancias en las que ponernos un pañuelo en los ojos, para que nos den una sorpresa, para jugar, para agudizar el resto de los sentidos… ahí ya que intervenga la imaginación de cada uno, pero no permitamos que fuera de esto se nos tapen los ojos porque aunque en ocasiones no guste lo que vemos, es mejor verlo que vivir en la oscuridad.

B.D.E.B.

Leyva, Gabi Moreno – Con el pañuelo en los ojos