
Hace un par de días, Oscar del blog «memorias de un corazón roto«, escribió una entrada que no pude evitar el comentar, hablaba de las relaciones largas, que estaban hechas «de personas que decidieron perdonar, tener conversaciones incómodas, momentos de distancia, paciencia y sobre todo la decisión de luchar por un mañana unidos de la mano» (son palabras de él en esa entrada), y no puedo estar más de acuerdo.
Cuando estás en una relación larga (en mi caso 34 años, que se dice pronto), siempre hay un tira y afloja, es como estar en una noria, un día arriba, viendo el cielo y otros con los pies en la tierra, o más abajo aún.
Cuesta llevarlo, como le decía a él, no es fácil, hay mil problemas, pero también hay mil soluciones, si se quiere, si los dos quieren.
A veces llega un momento de ultimátum, por parte de uno, y es entonces cuando el otro abre bien los ojos y se da cuenta de que sólo hay dos opciones, o intentar arreglar aquello que se está rompiendo, o desecharlo y si acaso, más adelante, «comprar» otro…
Y entonces esa persona decide arreglar aquello que estaba rompiendo, que con el paso de los años y sin darse cuenta (o sí, pero sin querer verlo), ha ido rasgando poco a poco, y busca soluciones, y se empeña en reparar los daños, porque quizás aún no es tarde y hay reparación.
Del otro lado está la persona dañada (que también tiene su parte de culpa en esta historia) y tiene que decidir si realmente merece la pena volver a intentarlo o tirar toda una vida por los aires, si es cierto ese refrán que donde hubo fuego, siempre quedan brasas…
Que complicado ¿verdad?, pues así son las relaciones largas, complicadas, muuuuy complicadas. A veces son necesarios tiempos de reflexión, estar separados uno del otro para echarse de menos, para esperar esa llamada, ese mensaje, saber que el otro está deseando que amanezca el día donde tú estás para poder darte los buenos días y constantemente mandarte mensajes por cualquier tontería, para que sepas que está ahí, que te piensa.
Son complicadas, difíciles, a veces dan ganas de tirar la toalla, pero se trata de remar a la par, si uno se cansa en un momento dado, sacar el otro fuerzas para que no se pare, para seguir con el rumbo, ayudarse, perdonarse y completarse. Muchas veces los obstáculos los ponemos nosotros, otras veces los pone la vida pero de la mano podemos ser capaces de saltarlos.
B.D.E.B.




