Los abrazos que me diste, siempre me acompañan, cuando el día está frío me abrigan, cuando duele curan, cuando la soledad se apodera de mí me acompañan.
Reconfortan después de un día cansado, alegran cuando la tristeza invade, sostienen cuando me derrumbo y me acunan en mis sueños.
Porque un abrazo es todo eso, cuando sale del alma, en el sobran las palabras, un suspiro las calla.
Los abrazos que me diste, siempre me acompañan y estarán en mi recuerdo, hasta que me abraces de nuevo.
Hoy la luna sabe que tenemos una charla pendiente, se escondió tras las nubes y se asoma tímida, sin prestarse a ser cazada.
Pero soy paciente a veces, y esperaré ese despiste, cuando me crea ya dormida para cazarla.
Necesito verla en su esplendor y dejar que alumbre mis sueños, necesito susurrarle y pedirle, por mí, por ti, por ellos.
Llevo días esperando este momento, he seguido día tras día su crecimiento, la vi salir de entre las montañas cuando estaba atardeciendo, la vi perseguirme en cada momento de ese paseo.
Hoy la busqué y no daba con ella, de repente apareció cubierta de una pequeña niebla, ¿porqué te escondes bella?
Acaso no sabes que tenemos toda la noche por delante, que esperaré el mejor momento y cuando estés plena y distraída, por un momento serás mía, después te dejaré marchar,
Qué cambio, grande o pequeño, te gustaría que tu blog causara en el mundo.
Ojalá y esta pequeña página sirviera para cambiar tantas y tantas cosas de este mundo, desde las guerras, las injusticias, el abuso de poder, maltratos… la lista sería muy larga, tantas cosas necesitan ese cambio, pero por cabezota que sea y aunque me lo proponga, no está en mis manos hacerlos, ni desde este sitio ni desde fuera, me puedo implicar colaborando en algunas causas y poco más, pero quienes están arriba, los que tienen el poder si que podrían hacerlo, pero los intereses valen más que una vida…
En el mundo no voy a poder hacerlo, pero si este sitio ha causado algún cambio en mí, me ha dado mucho más de lo que yo pensé y esperé cuando lo creé. Con esta van 840 entradas (y yo que entré más que nada a leer), en cada una de ellas un cachito de mí, de mi vida cotidiana, de mis problemas, de mis alegrías, de mis sueños, de historias que llegan y otras que se transforman, de lo que fue y de lo que se quedó en el camino… historias que algunos de vosotros seguís desde hace ya un tiempo y otros desde poquito pero que cada visita para mí es un motivo de alegría.
El cambio en mi vida ya está hecho, este sitio me ha servido par conectar con otras personas, para compartir sentimientos, alegrías y tristezas, para sonreír algunos días en los que no apetecía nada y de repente alguien consigue esa sonrisa sincera que no sabes ni como ha pasado, para abrazar a la distancia y para ayudar a sostener si alguien lo necesita. También ha servido para poder mirar directamente a los ojos a dos personas a las que adoro, delante de una taza de café, para comprobar que lo virtual se convierte en real y que ahí detrás estamos, a veces más cerca que algunas personas que tienes al lado.
Así, a la pregunta de hoy, en el mundo no podré hacer cambios con este sitio, pero me conformo con que si alguien me necesita sepa que estoy ahí, que solo tiene que hacer como la canción «darme un silbidito» decir un hola, y que este sitio es el tuyo también, porque vosotros lo hacéis posible.
Hoy era día de eso, dar un pequeño paseo, jugar con los perretes y tomar unas fotos al atardecer del Puig Campana (dejo el enlace a una entrada donde cuento su leyenda, para quien no la conozca).
Un día en el que me levanté sin los mejores ánimos pero que poco a poco ha ido mejorando algo, aún así, era necesario esta tarde hacer eso, capturar ese momento que tanto me gusta aquí porque esa montaña me atrae por algún motivo y lo primero que hago cuando salgo de la parcela por la mañana, es girar la cabeza para verla, para darle «los buenos días» o quizás esperando que me los de ella.
Ahora, con la llegada de la noche, el silencio que ya casi llega de nuevo, con esa luna a punto de completarse y, no diré que animada, pero al menos algo más que esta mañana, me pongo a pensar en como ha ido aconteciendo el día, como una conversación me ha dejado asombrada y casi si me descuido me vuelven a saltar las lágrimas (en estos días quizás os cuente la historia), una entrada de alguien ha conseguido levantar un poco ese ánimo, porque agradezco siempre lo que hacen por mí (de nuevo muchas gracias Jorge), y comentarios que también consiguen sacar una sonrisa, y quizás cuando ves (sin ver) a alguien que sufre y que hoy necesita que le sostenga, entonces lo tuyo pasa a segundo plano y le dedicas unas palabras amables para que sepa que estás ahí.
Hoy esa imagen con la que empieza esta entrada tiene tres dedicatorias, para ti artista por conseguir una sonrisa siempre y por ayudarme a traer de vuelta aquello que estaba aparcado, para una «ratita lectora» que es de las que siempre está, aunque se quiera mantener en la sombra, eres de atardeceres y aunque no es el más bonito está sacado desde el cariño, y por último y no menos importante, para ti Óscar, porque aunque la imagen no tenga quizás un significado especial, esconde una historia de amor que tampoco tuvo un buen final.
Me pregunto cómo es posible que un sueño sea capaz de cambiarnos el estado de ánimo de una manera tan brutal.
Estos días estaban siendo tranquilos, de paz, de no pensar y de sentirme segura y un simple sueño ha enviado todo al traste, y yo que nunca los recuerdo, hoy si me tenía que acordar, para llevarlo presente todo el día.
Ahora, en el silencio que todavía se respira aquí, menos alguno más madrugador, el resto siguen durmiendo y aquí delante de la pantalla del ordenador, ha faltado escuchar a alguien para terminar de despertar todos los sentimientos y hacer que una pequeña lágrima se escapara, porque a veces no es necesario más que una pequeña emoción por otro motivo para despertarlo todo.
Aprovecho este momento de soledad para desahogarme un poco antes de que todos despierten, imagino que en un ratito se sentirá de nuevo el bullicio, pero ahora, es mi momento y necesito respirar profundo y preguntarme porque las cosas tienen que doler tanto cuando no deberían.