Roturas…

Roturas…

¿Te has roto algún hueso?

La verdad que romperme un hueso como tal, nunca me lo he roto. Hace años el menisco y no sé en qué momento fue, y también estoy operada de los dedos del pie, pero esos más que romperse los taladraron y pusieron tornillos, espero nunca más, porque no he sufrido dolor peor,  o si…

Pero si me han roto cosas más delicadas, el alma y el corazón, y eso amigos, duele más que esa operación, mucho más, y la recuperación es mucho más larga y dolorosa, si es que en alguna ocasión se termina de curar.

Y lo malo de las roturas (tanto de huesos como emocional) esa que con los años, conforme nos hacemos mayores, cuesta mucho más de sanar.

Cuando un niño se rompe un hueso en pocas semanas lo tendrá soldado, y en poco más hará vida normal. Cuando nos pasa a cierta edad, ese tiempo es mayor, luego llega la rehabilitación, y mientras rezamos para que tengamos suerte y se nos quede bien.

Pero cuando la rotura no es de huesos…ahí no sabemos el tiempo, imagino que depende de cuanto nos hayan roto, porque a veces es una pequeña herida, pero otras nos rompen en mil cachitos y es complicado recomponerlos, siempre faltará alguno que no vuelva a su sitio, aquí creo que no hay rehabilitación, queda reposar y esperar que la herida cicatrice, a su aire, que se tome su tiempo.

Es curioso porque la mayoría de huesos nos los rompemos de niños o adolescentes (yo era demasiado tranquila para romperme nada), pero las otras roturas suelen ser ya de adultos y aquí no importa lo tranquilo que seamos, que te portes bien, aquí creo que ninguno estamos a salvo por mucho que nos lleven entre algodones.

B.D.E.B.

Cambiar el chip

Cambiar el chip

Amanecer un día cualquiera desde la ventana de la oficina.

¿Cómo mantienes el equilibro entre el trabajo y la vida personal?

Difícil cuestión muchas veces. Bien por los horarios, otras veces por problemas, jefe, empleados, compañeros y al final terminan llevándose a casa, el mayor de los errores, pero en ocasiones es difícil dejarlo allí.

La cosa se complica aún más si es un negocio propio, si la pareja trabaja en la misma empresa…ahí aún es más complicado ese equilibrio.

Conciliar el trabajo con la vida personal si tienes la suerte de tener un buen horario, o flexible, incluso teletrabajar, creo que es más sencillo. Si hablo de mi propia experiencia, trabajar una jornada intensiva, sólo de mañanas y la mayor parte de los días desde casa, facilita mucho la tarea de esa conciliación, tienes bastante tiempo libre para ocuparte de la familia, de tus hobbys o para lo que quieras. Siempre digo que en ese sentido soy una privilegiada…

Pero el tema más complicado, en mi caso  al menos, es dejar aparte el trabajo de la vida personal, casi tarea imposible cuando se trabaja juntos en un negocio tuyo.

Imagino que es el paso de los años el que nos enseña a hacerlo, después de que hayas tenido muchos problemas trasladados a esa vida personal y que van dañando la relación familiar, llega un momento que toca parar y decir «hasta aquí» y a partir de ese momento intentar por todos los medios no hablar de trabajo, como decimos «cambiar el chip» fuera del horario laboral, y si alguna conversación llega al final a hablar del tema laboral, darse cuenta de ello y buscar otro tema de conversación.

¿Difícil? Mucho, ¿imposible? No, se llega a conseguir y sobretodo es necesario que se consiga para el bien de la relación y de la familia.

Habrán momentos en que algo más «grave» o alguna decisión importante, lo complique todo un poco y sea más complicado, pero tienen que ser momentos puntuales, situaciones excepcionales, no por costumbre, porque si no estamos perdidos y ese equilibrio no lo conseguiremos nunca.

B.D.E.B.

Romper una promesa

Romper una promesa

¿Qué sacrificios has hecho en tu vida?

Anoche leí esta pregunta antes de acostarme y me quedé pensando si tenía alguna respuesta para ella, no me llevó mucho tiempo en dar con ella.

A lo largo de nuestra vida creo que todos hacemos sacrificios, pero realmente no lo consideramos así, muchos los hacemos por otras cosas que queremos conseguir, otros por personas a las que queremos y de estos últimos, algunos (la mayoría diría) los hacemos por gusto, porque nos nace y queremos hacer felices a esas personas, pero en ocasiones es porque alguien te lo pide y el amor puede más que tú y aceptas.

Hace unos doce años dos personas me hicieron mucho daño, no a mi sola, a unos pocos (por no decir todos) del  grupo familiar. Pero a veces pienso que sólo me dolió a mí, porque fue suficiente una pequeña disculpa dos años después (a mí personalmente nunca me la dieron) para que todo se olvidara… Quizás es lo normal y la rara soy yo, pero creo que para disculparse hay que sentirlo porque una disculpa por conveniencia, a mí no me sirve.

Yo prometí no sentarme más en una mesa con esas personas, pero el amor dicen que todo lo puede y finalmente me tocó romper la promesa. Para mí fue un gran sacrificio, porque no soy persona de romper promesas y porque cuando algo se rompe del todo, es muy difícil repararlo (nunca más fue lo mismo).

Y como el tiempo desenmascara a las personas, cuatro años después la volvieron a hacer pero más «gorda», el golpe fue más duro, sólo contra una parte de la familia, pero con mucha intensidad.

Este es el único sacrificio que lo considero como tal, porque el resto yo diría que los he ido olvidando, pero hay cosas que no se pueden olvidar.

Feliz sábado.

B.D.E.B.

Aroma a ti

Aroma a ti

¿Cuál es la prenda o el accesorio más antiguo que llevas hoy?

Se enfundó su vieja cazadora, esa que siempre solía llevar desde hacía años cuando iba al pueblo a desconectar, y se puso a caminar hacia el río.

Los enormes chopos del camino parecía que querían arropar su tristeza, esa que otros no veían. Con sus hojas, secar la diminuta lágrima que resbalaba por su mejilla.

El sonido del agua del río la tranquilizaba, era como esas palabras que quiso escuchar y nunca llegaron, una disculpa, un «lo siento», algo que la hiciera sentir mejor, pero no llegó…

Siguió ese camino tantas veces recorrido, algunas de ellas en compañía, otras en soledad, para ella acudir a ese sitio era eso… soledad aunque tuviera compañía, la más terrible de todas las soledades…

Cuando llegó al final del camino comenzaba el bosque, uno frondoso, siempre le daba miedo entrar allí sola, cualquier animal salvaje podía andar por allí suelto, pero esta vez no sintió ese miedo, justo al contrario, parecía que algo la llamaba a entrar y lo hizo. Mientras se adentraba en él escuchaba sonidos, pero no le asustaban, fuera de allí había otros peores, palabras hirientes que se clavaban en su corazón haciéndolo sangrar una vez más, otra de tantas, abriendo cicatrices que creía ya cerradas.

Llegó a un lugar donde encontró una gran roca cubierta de hojas secas, le pareció un buen sitio para sentarse, lo hizo y para resguardarse del frío, subió las solapas de la vieja cazadora hacia su cara, y un aroma la embriagó e hizo que sus lágrimas brotaran, era el perfume de él.

B.D.E.B.

Ninguno de los dos.

Ninguno de los dos.

Photo by Darina Belonogova on Pexels.com

¿Eres líder o seguidor?

Nunca he sido líder, ni protagonista, ni persona «popular», siempre he sido más de pasar desapercibida o «invisible» como diría un amigo.

Sólo recuerdo alguna vez en el instituto, algún profesor de ciencias y matemáticas, me ponía como encargada de grupo con las personas a las que le costaba más entender las tareas, pero yo no me consideraba «encargada» sino más bien una persona donde podían apoyarse y les ayudaba a entender aquello que les costaba, junto a ellos hacía los ejercicios y la verdad que me sentía muy bien cuando veía que al final los conseguían resolver y habían entendido el tema que nos ocupaba.

Aparte de ese momento de mi vida, nunca he vuelto a serlo, prefiero quedarme al margen de ese protagonismo y seguir pasando por la vida sin hacer ruido.

¡Ojo!, no veo mal a la gente que le guste serlo, siempre que no miren al resto por encima del hombro, para ser líder hay que saber serlo y no creo que sea preciso ni pisar a nadie, ni menospreciar lo que otros hacen (creo que de esto ya he hablado en alguna ocasión).

Y seguidor, pues no sé, me gusta más hacer las cosas como creo que tengo que hacerlas y que no me las impongan, me vale con unas directrices quizás si no entiendo algo, pero después hacerlo a mi manera, creo que seguir a alguien que sea líder tampoco va mucho conmigo, no es que sea un alma libre, pero intento no dejarme influenciar por los demás, aunque si me ofrecen un consejo soy toda oídos, pero imposiciones… eso ya es otro cantar.

Así que ni líder ni seguidor, alguien que escucha los consejos y los da a quienes aprecia y siempre para bien, pero ni me gusta imponer ni tampoco que me impongan.

Feliz jueves.

B.D.E.B.