Siempre me decanto por el mar, creo que no es preciso decirlo, nací, me crie y continúo viviendo en una ciudad costera, el mar es mi salvación, mi cura, mi medicina natural. Cualquier problema termino acudiendo a él como si me fuera a dar respuestas que no yo misma tengo, pero si no consigo allí aclarar mis ideas, mis tormentas internas, al menos regreso a casa con esa paz tan necesaria para enfrentarse al mundo.
Así que sí, `refiero el mar y el porqué también está contestado, pero de la montaña tengo muy buenos recuerdos, muchísimos, por tanto también me gusta. No tanto subirme a una cima por el vértigo que tengo, curioso, porque sin embargo me encanta volar en avión y verme y saberme encima de las nubes (esto lo dejaré para otro día). Adoro un paseo por los robledales cuando visito Burgos, recuerdo las excursiones al «Maigmó» de jovenzuela con mis amigos en las motos (esas que ahora no me gustan nada) y recuerdo con especial nostalgia esa noche.
«Esa noche en ese refugio de montaña,
esa en que a pesar de estar acompañados
nos sentíamos apartados del resto del mundo.
Esa misma en que me dedicaste tu maravillosa sonrisa torcida,
quizás la más especial de todas,
una ligera caricia
y una mirada que me atravesó hasta el alma.
Esa noche en que dormí apoyada en tu pecho,
escuchando a tu corazón a mil por hora,
esa en que fuimos algo más que amigos,
esa que simplemente quedó en el recuerdo,
el más bonito de todos.
¿Ya sabes porque adoro la montaña?»
Aunque me decante por el mar, la montaña siempre me trae muy buenos recuerdos.
Es curioso pero las tres comidas preferidas de casa me las enseñaron las abuelas de mis hijos, es decir mi suegra y mi madre.
Por orden de preferencia la primera es la lasaña. Esta es la que me enseñó la suegra y la que, según dicen, es mi plato estrella, tanto para los de casa como para los amigos y resto de familia, no me gusta «echarme flores» pero la verdad que me sale de lujo, si pregunto que preparo de comer,tanto unos como a otros me responden lasaña, según me dicen he superado a mi maestra.
El segundo lo aprendí de mi madre «arroz con costra», es típico de la zona de aquí, más de la «Vega baja» y para quienes no lo conocen, es un arroz con pollo, conejo y embutidos que se termina de hacer con huevo por encima y al horno para que cuaje, está buenísimo.
Y por último, cocido con pelotas, típico también de la misma zona (mis padres son de allí) es un cocido como cualquier otro, más carne que verduras y una vez hecho se le añaden las «pelotas» parecido (que no igual) a unas albóndigas pero más grandes.
Estas dos últimas comidas son muy especiales para mí, las aprendí de mi madre que a su vez las aprendió de la suya. Toda la vida la vi preparándola pero como que me negaba a cocinarlas, a saber cantidades y pasos a seguir porque tenía miedo de que mi madre no estuviera para seguir haciéndolas y aprendí poco antes de que a ella se le olvidara…cosas de la vida.
Me encanta la cocina, lo he dicho muchas veces, y tengo la suerte de que se me da bien, pero lo que más me gusta es cocinar con cariño para aquellos que me importan,ya sea familia o amigos.
La respuesta sería sí, sí confío en mi intuición, tanto que a veces me gustaría equivocarme, pero pocas veces ocurre.
Me traslado a diciembre del año pasado, desde navidades que me sentí muy culpable de pasarlas lejos de aquí porque estaba segura de que sucedería algo (más tarde sucedió) y sólo espero que se quedara en aquella parte y no pase la segunda. Llegó fin de año y brindé por un 2024 lleno de buenos momentos (a sabiendas que no iba a ser así) y ya lo dije ayer, no ha sido el mejor año.
Es sólo uno de los ejemplos, quizás el más cercano, pero sí, mi intuición no suele fallar, a veces hasta me niego a intuir las cosas, prefiero pensar en otras, no pensar en lo que pueda o no pasar, en si va a ser mejor esto o lo otro, simplemente hacerlo. A veces hacer hasta lo contrario por si acaso.
No me suele fallar en los hechos pero tampoco con las personas, ¡ojo! No soy de juzgar a la gente, pero si intuyo muchas veces quien se va a quedar en mi vida y quien no, suelo acertar también, aunque a veces me ha fallado y ha dolido (hay quienes se saben poner muy bien una máscara).
Lo malo de todo esto es que a veces seguimos haciendo cosas aún a sabiendas de que no es la mejor opción y que tarde o temprano pasará eso que tú ya sabes que va a pasar, pero a veces queremos alargar lo bueno y después llegará lo malo.
Cuando llegue, nos quedará siempre el recuerdo de lo disfrutado ¿no?
«-Hola pequeña, pareces perdida. Ven, toma mi mano y te llevo a un lugar seguro.
Bajando por la rambla llegamos a la explanada, un maravilloso paseo compuesto por 7,5 millones de teselas en colores rojo, marfil y negro, formando ondas y flanqueado por palmeras a los dos lados. Si caminamos hacia la derecha nos encontramos a mitad de camino con la «concha» un sitio perfecto, para sentarse en una silla de madera y escuchar un domingo por la tarde a la banda de música dar un concierto.
Cuando la música haya deleitado nuestros oídos, seguiremos camino hasta llegar al final del paseo y nos encontramos con el inicio del parque de canalejas, donde podremos dar un paseo entre ficus centenarios, algunos de ellos podrían ser el escondite ideal para pequeños duendes, parecen sacados de un cuento.
Si por el contrario elegido el camino hacia la izquierda, llegaremos al final y nos encontraremos con la plaza de la puerta del mar y su bonita fuente. Cruzamos la avenida y ahí está, el paseo del puerto a la derecha, desde dónde veremos claramente el monte Benacantil con su famosa «cara del moro» y coronando en la cima, el castillo de Santa Bárbara.
Y al otro lado nuestra playa, la playa del postiguet, aunque la visite y pasee menos por ella (es más pequeña y más transitada) es la playa de mi adolescencia, de mi juventud, de mis primeros sueños…
También está el precioso barrio de Santa Cruz, la Plaza de los Luceros, la pasarela del puerto justo encima de donde rompen las olas en las rocas de la playa del postiguet, tantos lugares…
¿Mi lugar preferido? Hace tiempo lo describí y está un poco más alejado, donde termina la playa de San Juan y comienza el Cabo de las Huertas, justo ahí, en ésas primeras rocas, apartada del museo y con poca más compañía que el mar, ese es mi lugar preferido, a pesar de ser una enamorada de mi ciudad.