
Noventa otoños, porque es en esa estación en la que naciste, esa que tan poco me gusta, aunque estoy empezando a buscarle el lado bueno, uno de ellos es que en ella cumples años y eso ya es suficiente motivo.
Un largo camino el que llevas recorrido, siempre con tu entereza, con esa firmeza de hombre serio y duro pero con un gran corazón, dispuesto a ayudar antes siquiera que te lo pidan, prudente en muchas ocasiones, sin meterte en los asuntos si no te piden opinión, cabezota, mucho pero al final conseguimos convencerte (a veces).
Noventa otoño y noventa celebraciones, y lo que te gusta hacerlo, con tu familia hijas, yernos, nietos, tu hermano, ahora hasta bisnietas. Te gusta celebrarlo y recibir regalos, aunque para ti el mayor regalo sea reunirnos a todos, pero se te ilumina la cara con cada paquetito. Recuerdo uno en especial, no era un paquete, era un sobre con una tarjetita hecha a mano por él, tu nieto más pequeño, eran unos dibujos y unas letras, aún mal escritas debido a su edad, lo guardaste como oro en paño, creo que el resto ya sobraron ese día.
Noventa años y cincuenta y tres acompañándote en este día, porque nunca me lo quise perder y quizás por eso nací ahí, como regalo y para que cada año podamos estar juntos en esa celebración, lo celebramos doblemente y creo que eso ha hecho crear un vínculo especial, no imagino un cumpleaños sin ti y cuando llegue sé que será duro, pero en eso no quiero pensar.
Quiero pensar en esa llamada de esta tarde, en ese «felicidades» y ese «igualmente» que llevamos años dedicándonos, quiero pensar en ese abrazo del domingo, en esa celebración «casi» todos juntos, nos faltará el tercero del grupo, pero seguro que habrá manera de que esté con nosotros. Quiero pensar en esa cara de felicidad, en ese brillo en los ojos y esa sensación que me invade al soplar las velas junto a ti.
Felicidades papá, te deseo lo mejor en este día y siempre.
B.D.E.B.





