
Hay un momento en el que todo el mundo se marcha, ya no hay gente practicando deporte, los paseantes de la orilla se desvanecen y buscan la claridad de otros paseos, el mar se queda solitario, las casetas vacías…
La luna único testigo de tus lágrimas y ese mar en calma, tan diferente de como se ve a lo largo del día.
Se queda solitario, vacío… ¿te suena? quizás por ello la conexión es aún más grande. En ese momento odias las prisas porque te gustaría quedarte allí más, un rato más, ese ratito más tan necesario cuando estás con esas personas que importan, un ratito más y me voy, un café más, una charla más, un abrazo más…
Y al final llega la soledad, esa compañera tan poco querida, esa que en ocasiones y sin quererlo inunda tu corazón por algún motivo desconocido, quizás por no querer explicar lo que sientes, por no preocupar, por no compartir tus dudas y tus miedos, tus preocupaciones, prefieres dejar a ese corazón en solitario, como ese mar de noche.
Aunque si lo piensas bien no está solo, por la noche lo acompaña la luna y cuando ella se marcha el sol aparece para darle calor y recordarle que no está solo.
B.D.E.B.





