
Despiertas más tarde de lo habitual, mareada y con la cabeza un poco aturdida, un café y una ducha para despejarte y a continuación te sientes delante de la pantalla del ordenador a trabajar.
Rato después llegan varias notificaciones al móvil, alguien se está poniendo al día de tu blog, pero continúas trabajando para recuperar el tiempo que has perdido. Y entonces pasa, una llamada, miras la pantalla y sonríes sin saber aún porqué te llaman.
Antes que nada te pregunta si te pilla bien o estás liada, ¿acaso importa? Hay llamadas para las que dejas lo que estás haciendo, luego seguirás.
Te llama para saber como estás, después de leer tus últimas entradas, necesita saber que estás bien, que sólo son momentos tontos o si necesitas hablar de ello. Alguien que quizás tenga más motivos para que le escuchen que tú, pero se ha molestado, se ha interesado por cómo estás tú.
Una conversación que dura un ratito, en la que en varias ocasiones intento controlar la emoción, porque de verdad que no se puede ser más bonita que ella. Hablamos de varias cosas, de que tenemos que volver a vernos, de salud, de aquí de este sitio donde nos reunimos muchos que en ocasiones tenemos más cosas en común de las que creemos.
La conversación termina con una invitación, con una propuesta de escapada a visitarla y a desconectar, no concretamos fecha pero ahí queda.
Una llamada que ha sido suficiente para alegrar el día, una vez más la vida me sigue poniendo en el camino a gente bonita, de las que están, porque esas cosas se notan, se sienten.
Sé que en algún momento leerás estas letras, así que (aunque ya lo hice en la llamada) desde aquí te doy nuevamente las gracias, por la llamada, por la invitación y sobretodo por estar ahí y leerme bonito.
Mil gracias amiga y te dejo de regalo esta canción de Natalia que seguro que te gusta.
B.D.E.B.





