La ilusión de los pequeños

La ilusión de los pequeños

Cuando los chicos eran pequeños, mi hermana la pequeña acostumbraba a llevárselos a su casa a pasar unos días en reyes.

Ella vive en Alcoy y allí tiene lugar la cabalgata de reyes más antigua, no sé si lo habíais escuchado alguna vez, es clásica, nada ostentosa, pero si la más antigua y merece la pena disfrutar de ella alguna vez, tanto niños como mayores porque nos hace volver a ser niños por un momento.

Hubo un año, en el que mi hijo mayor ya estaba «haciendo preguntas» y no las tenía todas consigo de que realmente existieran los reyes magos.

Ese año mi hermana los volvió a invitar a pasar unos días allí en su casa y llevarlos junto a mi sobrino a ver el campamento real, los pajes y la burrita y por supuesto la famosa cabalgata.

El campamento lo montan en la montaña y por la noche se ven las antorchas y claro los chicos se quedan fascinados. Por no hablar del día de la «burrita» que junto a miles de pajes, recogen todas las cartas de los niños.

A cada cosa que iban a ver, el estaba más y más ilusionado, y por fin llegó el gran día, el día de la cabalgata. Mi hermana se bajó con los tres chicos a una de las avenidas por donde pasaban y allí con la «impaciencia» de tres niños, deseosos de ver a los protagonistas de la noche, contestó a cada una de sus preguntas. Mi hijo mayor estaba atento a todo aquello y disfrutando emocionado del espectáculo.

Cuando llegó el momento de los protagonistas de la noche, los observó sin apartar la vista, mi hermana estaba pendiente de su reacción pues ya estaba enterada de su indecisión ante el tema, y cuando Baltasar pasó delante de ellos, él se volvió hacia su tía y le dijo:

«Sabes tía, los reyes de aquí de Alcoy si que son los verdaderos, en Alicante son personas disfrazadas»

Hoy que me contaron una preciosa historia (para mí el primer regalo recibido), en este día que siempre termino llorando porque me puede la emoción, me llegan esos recuerdos, la llamada de mi hermana para contarme lo ocurrido y mis lágrimas como las de ahora al recordarlo.

Terminar de disfrutar de esta noche y si alguna vez tenéis oportunidad, ver esa famosa cabalgata con esos «reyes verdaderos».

B.D.E.B.

Noche de ilusión

Noche de ilusión

Mientras su madre y su hermana mayor preparaban la cena, ellas dos estaban sentadas junto a su padre y el marido de su hermana viendo la cabalgata de reyes en el televisor. Los ojos bien abiertos para no perder detalle, maravilladas con la música, los personajes y ansiosas de ver a los protagonistas de la noche, SS MM los reyes magos de Oriente,. Apareció el primero y la hermana pequeña chilló, ¡papá mira, es Melchor! Detrás viene el mío. La pequeña tenía como preferido Gaspar, y a ella le gustaba Baltasar.

Cuando llegó Gaspar la pequeña daba saltitos de alegría y hasta lo saludaba como si pudiera verla, ella era más tranquila, nerviosa porque no paraba de morderse las uñas, pero su timidez no le dejaba exteriorizar tanto sus sentimientos. Aún así, cuando en la pantalla se pudo ver a Baltasar, una gran sonrisa se dibujó en su cara.

Terminaron de ver la cabalgata y se sentaron los seis en la mesa redonda a cenar, y mientras lo hacían, no paraban de preguntar si vendrían los reyes y les traerían el regalo que habían pedido, uno sólo, porque los reyes tenían que repartir entre muchos niños y no podían traer muchas cosas, aunque eran mágicos no podían ir tan cargados.

Comieron la cena rápidamente y llegaba la hora del roscón, mientras su madre preparaba el chocolate, ellas dos y su padre, se encargaban de poner unos polvorones y mantecados en un platito, un vaso de leche y un vaso de agua para los camellos (porque todo el mundo sabe que los camellos no beben leche,  le decía la mayor a su padre).

Una vez todo preparado, lo dejaron en la galería de la casa y se sentaron nuevamente en la mesa a degustar el roscón con el chocolate, y a descubrir a quien le tocaba el haba o el rey, o cualquier figurita que hubiera. Ella tenía ya un nudo en la garganta, escuchaba ruidos, no podía seguir comiendo, por un lado deseando encontrarse con ellos, por otro incapaz de salir sola para ver si habían llegado, demasiado miedosa para eso.

Su padre decía «¿escucháis algo?, parece que se escuchan ruidos cerca de la cocina» y su cuñado asentia y decía escucharlos también, la pequeña reía y quería ir corriendo a la galería para ver si habían llegado, ella estaba entre alegre y asustada, sólo iría acompañada de su padre y cogida de su mano, aunque era tres años mayor que su hermana, el miedo podía con ella. Su padre se levantó para acompañarla, sabía que de otra manera no se acercaría a mirar y con la pequeña delante de ellos, salieron del salón directos a la cocina, antes de que ella pudiese ver nada su hermana saltaba y gritaba de felicidad ¡Han llegado, han llegado! Cuando se acercó un poco soltó la mano de su padre y miró los dulces y los vasos de agua y leche,estaban intactos…de seguido miró a su padre preguntando porqué nunca se tomaban lo que ella les ponía, y su padre le contestó que estarían llenos de tantas casas que visitaban.

Cogió su regalo y lo abrió, despacito, despegando el fixo poco a poco (a día de hoy sigue haciéndolo así, mientras los demás desesperan viendo si es sorprendida), su hermana ya lo había abierto rasgando el papel, ella no, ella despacito y cuando por fin pudo verlo una sonrisa se puso de oreja a oreja, era una muñeca bebé, las que tanto estaban de moda y deseaba tener, los reyes habían leído su carta y habían traído justo el regalo que había pedido. Estaba feliz de enseñársela al día siguiente a sus amigas, esas que decían que los reyes no existían, que eran los padres. No, se equivocaban, su padre no podía comprar esos juguetes, trabajaba duro para que no les faltara de nada pero los regalos eran los justos. Además, había estado toda la noche con ella, como los iba a dejar él allí.

Esa muñeca bebé, fue la última que le trajeron los reyes, al año siguiente tenía un bebé de verdad (su primer sobrino) con el que jugar. Los regalos ya eran de otro tipo pero guardó bajo llave el secreto y la magia para los más pequeños de la casa.

A día de hoy me sigo preguntando, en que momento salía sin que nos diéramos cuenta, como conseguía que no fuéramos conscientes de nada.

Él creo una ilusión en mí por esa noche de reyes, una ilusión que yo he compartido con mis hijos y aunque los regalos se den en nochebuena, el día 5 de enero por la noche, siempre hay un regalito para cada uno debajo del árbol, nunca puede faltar ese detalle en las navidades, porque esa ilusión de niños no la podemos perder.

Os pido una cosa para esta noche amigos, dejaros llevar por la magia de esos reyes, por la inocencia como cuando éramos niños y seguro que esa ilusión la volvemos a sentir.

Que los reyes os traigan esta noche toda la felicidad del mundo y que os acerquen de mi parte un gran abrazo, bueno, también aquello que hayáis pedido en vuestras cartas. ¿No la habéis escrito? Pues ya estáis tardando 😉

B.D.E.B.

A ti…

A ti…

Estas letras van hoy para ti.


No sé como te sientes pero lo puedo intuir, y quizás no sea la persona adecuada porque seguro que hay más por ahí, pero aún así quiero que sepas que puedes contar conmigo,  para contar aquello que no quieres contar, para hablar aquello de lo que sólo quieres callar, para decir lo que te está haciendo sufrir.


No soy nadie, pero sé escuchar, en silencio si es lo que quieres,  sin opinar si es lo que necesitas, sin juzgar porque no se debe. Se trata de estar y conseguir que te desahogues, porque a veces ese nudo no nos deja pensar con claridad  porque nos quita el aire, presiona el alma,  desgarra más el corazón.


Quizás te entienda más de lo que creas, o quizás no entienda nada, la intuición a veces falla, no siempre acierta, pero si no he fallado, déjame decirte…


Que aquí estoy, aquí estaré, lejos pero cerca, en lo que necesites, si es hablar o si es callar, si lloras o necesitas reír, si sale el sol o es un día de tormenta.


Cuando quieras, cuando lo necesites, cuando te haga falta.


B.D.E.B.

Taller de tapas

Taller de tapas

What is the greatest gift someone could give you?

Digamos que igual no es el mejor regalo que me han hecho, pero si es un regalo que me ha sorprendido, gustarme seguro que sí (lo disfrutaré el próximo sábado), y sobretodo que es un regalo compartido, ahora os explico todo.

En noviembre fue mi cumpleaños y tengo una amiga, de esas que se ha ido introduciendo poco a poco en mi vida, primero conocidas, luego un poquito más y desde hace casi dos años ya, la amistad se ha ido consolidando y haciendo más fuerte, ha estado en los malos momentos y me ha entendido y apoyado y ya sabéis que yo eso es lo que más valoro.

Me felicitó el día de mi cumpleaños y unos días más tarde me escribió preguntando si el día 11 de enero tenía algo que hacer y al decirle que no me pidió que lo reservara porque de regalo de cumple nos íbamos a ir las dos a hacer un «taller de tapas alicantinas».

El regalo me sorprendió mucho por varios motivos, primero porque es algo diferente a lo que estoy acostumbrada, siempre vamos a lo «normal», ropa, zapatos, accesorios, perfumes…pero un taller de cocina nunca se me hubiera ocurrido, claro que ella sabe que me encanta la cocina, así que muy bien elegido, otro de los motivos es que a ella no le gusta la cocina, pero el taller lo vamos a hacer juntas, es una tarde y lo que preparas te lo llevas a casa, aunque ella ya me ha dicho que después nos vamos los cuatro a cenar fuera (no sé si no se fía del resultado del taller)

Un regalo que, aunque aún no lo haya disfrutado (prometo contaros como ha ido la experiencia), de momento me ha encantado recibirlo, porque me lo han hecho sabiendo lo que me gusta, por querer compartir esa tarde conmigo y sobretodo cocinando cuando ella no es para nada amante de la cocina.

Así que, como decía al principio, no sé si será el mejor pero lo que si estoy convencida es que me ha ilusionado y emocionado porque después de todo, también me ha regalado su tiempo, que es lo más valioso.

Y a vosotros, ¿algún regalo especial?

B.D.E.B.

Pequeños placeres

Pequeños placeres

Esta mañana leí una frase:

«la vida tiene cosas magicas, los atardeceres, el mar, el cielo, la música, la lluvia, los libros y  algunas personas»

Algo que me llamó la atención y enseguida pensé en lo acertado de lo que decía. Soy persona de disfrutar de las pequeñas cosas, de los pequeños placeres, de vez en cuando sales un poco de la rutina, por otras personas o porque la situación lo requiera o por temas laborales, pero la mayoría de veces prefiero disfrutar de esos pequeños placeres antes que de «lujos».

Aquí que vivo en tierra de arroces, prefiero compartir un arroz en casa de los amigos o en el camping, a comerlo en uno de tantos restaurantes con toda su fama en prepararlos. Cuando estás en casa lo haces con todo el cariño, estás ahí, echando un cable al cocinero (la mayoría de mis amigos son los que lo preparan), aprendiendo, muy importante, yo me he enseñado a prepararlos bien no hace tanto. Y después de la degustación llega lo mejor, la sobremesas, sin preocuparse de que el camarero tiene ganas de irse y comienza a recoger la mesa (ojo, no los culpo que a veces llevan horas y horas alli), cuando estás en casa no hay prisas y me encantan ese ratito de después.

Del mar no es preciso que os cuente, creo que ya sabéis lo que significa para mí más que de sobra.

Los atardeceres, aunque sea «cazadora de amaneceres», me encantan los atardeceres, aquí no se aprecian bien, pero aún así también son bonitos y cuando he estado en otras provincias reconozco que hay maravillas. De los más bonitos que he vivido, en Ibiza, quedé enamorada…

Me encanta mirar las nubes, sus formas, aún más desde un avión, sus tonos anaranjados cuando está amaneciendo, otras veces se ponen oscuras y comienza a llover, esas primeras gotas que nos mojan, que volteas la cabeza hacia atrás y dejas que mojen tu rostro, o verla caer tras una ventana, esas diminutas gotas que golpean el cristal y algunas se quedan depositadas en él. El rocío de las mañanas, la escarcha en las provincias más frías, o esa estrella de hielo dibujada en una ventanilla del coche.

La música y los libros, a veces van de la mano los dos, porque poner una música suave y sentarte a leer, que paz nos trae también ¿verdad?

Y algunas personas, ¡ay! Diría que eso es magia de la buena, porque todos conocemos a alguien que es magia para nosotros, que con un chasquido de sus dedos hacen que tus lágrimas se conviertan en sonrisas, cambian tu soledad por sentirte acompañada en el duro camino de la vida, que sin llamar acuden, que sin querer te quieren y tú a ellos, con su magia nos abrazan y ya no nos dejan solos nunca más, les llaman amigos.

Esos pequeños placeres, esa magia en cosas que son pequeñas (aunque yo diría que son muy grandes) todo eso es lo que merece la pena. Así que ahora que estamos ya echando las cartas a los reyes (que también son mágicos) en la mía voy a pedir un poquito de todo esto amaneceres en el mar y atardeceres en la montaña, ratitos de lectura con una buena música de fondo, tumbarme ésas noches de verano y mirar las estrellas en el cielo, ver caer la lluvia tras la ventana, o bailar bajo de ella, observar las formas de las nubes y sobretodo, rodearme de personas mágicas.

B.D.E.B.