
Hay muchos de los días que cuando salgo a pasear y me quedo mirando el mar, el amanecer, esas nubes pintadas de colores por los rayos del sol, el reflejo en el mar, no puedo resistirme a fotografiarlo y después mostrarlo, ya sea por aquí en alguna entrada o por redes sociales o en un estado. Me parece tan bonito que quiero mostrarlo tal y como yo lo veo, compartirlo con los demás.
Y así como me pasa con esas imágenes, hay momentos en los que los sentimientos golpean fuerte y también necesitamos mostrarlos, en ocasiones son felices y en otras justo lo contrario.
Cuando son sentimientos de alegría, felicidad, creo que los compartimos con la idea de que quienes nos lean se puedan contagiar un poquito de esa alegría o felicidad que sentimos, a veces incluso pasa, leemos a alguien y sin darnos cuenta sonreímos o reímos, y por un momento nos olvidamos de lo nuestro.
Pero otras veces lo que mostramos no es tan «feliz», no es alegría, en esas ocasiones creo que hasta salen las letras más bonitas, quizás porque sacamos todo ese dolor que sentimos y al salir se transforma en algo bello, aquí no queremos contagiar a nadie, lo mostramos para desahogarnos, para sentirnos un poquito mejor.
En ambos casos es como si tratáramos de sacar una fotografía, en este caso a nuestro corazón, mostrar como nos sentimos así como mostramos eso que vemos, compartirlo con el resto aunque creamos que es más complicado, pero al final todos lo hacemos, de una forma u otra, «disfrazando» las palabras o hablando con más claridad, pero creamos esa imagen de nuestro interior, que a veces no todo el mundo quizá la sepa ver, porque muchas veces nos quedamos en lo primero que vemos, otras nos detenemos a ver cada detalle y es ahí cuando se descubre lo que nos quieren mostrar.
Feliz noche de domingo y que tengáis una buena semana (esta cortita para algunos).
B.D.E.B.




