
En ocasiones nuestra propia mente nos hace prisioneros aún estando en libertad.
Nos impide realizar cosas que antes hacíamos casi a diario por miedo a que suceda algo que quieres evitar aún sabiendo que debes de enfrentarte a ello cuanto antes, necesitas hacerlo porque sabes perfectamente que hasta que no lo hagas no serás libre.
He pasado anteriormente por esta situación y es agotadora, esa sensación de querer, de decir yo puedo y después buscar mil excusas para no hacerlo, te mientes a ti misma sin darte cuenta y cuando por fin te paras a pensar, ahí es cuando te das cuenta de lo que está pasando.
Hoy me di cuenta de ello, y hasta me atreví a reconocerlo delante de alguien, lo considero un logro pero sé que no es suficiente.
El logro será cuando consiga hacerlo, cuando me atreva, cuando pierda ese miedo que me paraliza, cuando me de cuenta de que las situaciones hay que enfrentarlas, firmes, con la cabeza bien alta y siendo quien siempre has sido, porque nunca quisiste esto y sigues sin quererlo.
Añoro esa libertad, la que siento en mis paseos, sentir la calma, mi cuerpo relajado, mi corazón en paz.
Quiero dejar los nervios a un lado, que nada me paralice, que nadie me detenga, mirar de frente, sin miedos, sin dolor.
Deseo ser la de siempre, volver a mis rutinas, sin sobresaltos, sin voces altas, sin lágrimas, sin presión.
Quisiera tanto y me atrevo tan poco, que no sé si algún día volveré a la normalidad, es un camino largo y a pesar de la compañía me siento sola al recorrerlo.
La libertad en ocasiones nos la negamos nosotros mismos.
B.D.E.B.






