Días duros, personas bonitas.

Días duros, personas bonitas.

Esta imagen está tomada uno de esos días duros en los que el mar ayuda a recomponerse.
Sugerencia de escritura del día
¿Qué te relaja después de un día duro?

Hace un año contestaba esta pregunta con este título «este lugar» , hoy casi podría ser la misma respuesta, aunque hay algunas cosas más que me relajan, una mirada que dice «estoy a tu lado», una broma de alguno de los chicos buscando mi sonrisa, un mensaje que llega porque me conocen casi más que yo… y los mimos de esos dos bichejos que me reciben en casa como si volviera después de meses fuera.

Desde hace un año para aquí han habido muchos «días duros» más de los que jamás hubiera esperado, situaciones que no esperé nunca que sucedieran, acciones que tampoco me creí capaz de realizarlas y momentos en los que (a día de hoy lo reconozco) no tenía ni ganas de seguir viviendo.

Una sensación de culpabilidad que ha durado casi todo ese año, un «miedo» que, aunque ha disminuido, no se ha ido del todo y una incertidumbre que me mataba día a día. Hoy quizás con un poco más de tranquilidad (no la suficiente, pero se lleva mejor) y el corazón lleno de todas esas personas que a cada día hicieron que fuese un poquito mejor, diese un paso más sin soltarme de la mano, tuvieran una palabra amable, una palabra de ánimo, un empujón cuando me quedaba parada y unos brazoss que me sujetaran cuando caía.

Aún faltan situaciones complicadas por vivir, lo sé, y lo que no sé es como me afectarán, pero de lo que estoy segura es que después de esos días duros tendré siempre a esas personas que estuvieron que estáis, a los que tengo alrededor de mí, que harán (haréis) que me relaje después de ese día duro.

Después de un día duro busco tu mirada.

Busco unas letras que me hagan sonreír.

Unas palabras que abracen.

Una sonrisa que contagie la mía.

Después de un día duro espero escuchar esa voz, recibir ese mensaje.

Me encuentro complicidad, amabilidad.

Después de un día duro, descubro que hay muchas cosas bonitas por las que merece la pena seguir adelante, seguir luchando contra esos días.

B.D.E.B.

Primera noche…

Primera noche…

Esa primera noche, que no es la primera, pero sí en esa ocasión. Sales, observas el cielo estrellado, la luna de lejos, pequeñita, pero en un rato la sentirás más cerca.

Las palmeras brillando y los árboles luciendo sus primeros brotes, intentas recordar cuando fue la primera noche, no esta, la primera de todas, hace mucho tiempo ya…

Y de repente llegan otras primeras noches, nada tienen que ver con esa imagen, pero aparecen en tu mente como por arte de magia quizás…porque  ¿fueron importantes? Tendría sentido.

Después de esa primera noche hubo una primera madrugada y un primer amanecer, ¿lo recuerdas? Supongo que no, no siempre recordamos por igual esas primeras veces, no siempre son igual de importantes para cada persona…

Y hubo una primera mañana en que nos dijimos adiós, ¿o fue una tarde?, no consigo recordarlo, mi memoria retiene mejor esas primeras veces de lo que aún hoy me hace sonreír.

B.D.E.B.

Ricardo Arjona – Primera vez
Pedacitos

Pedacitos

En casa tengo un pedacito de mi mar, observo las caracolas, paso la yema del dedo sobre ellas para sentir su textura, dentro de alguna todavía conserva un poquito de esa arena fina. Las observo muchas mañanas café en mano, las recoloco en la bandeja, sujeto alguna cerrando mi puño, sintiéndola, recordando el momento en que la vi durante mi paseo, en qué amanecer fue de tantos vividos, tantos sentidos…

Suelo hacerlo cuando llevo tiempo sin esos paseos, aunque hayan sido sustituidos por momentos bonitos, los echo de menos y tengo ganas de volver. No es cuestión de ver, es cuestión de sentir y noto que ya hace falta.

En mi casa tengo un pedacito de jardín, unas flores que dan color al día a día, que dan vida a esos otros objetos inanimados que conservamos, que hacen la vista bonita, que me recuerdan cuando en ocasiones me he perdido entre árboles y flores silvestres.

Ese pedacito de jardín me invita a hacerme pequeña e introducirme en él, a pasear por la naturaleza, a respirar ese aire puro, el aroma de las flores, sentir la fresca sombra de los árboles y recordar, siempre recordar…

También hay algo parecido a un pedacito de río, el río… tengo uno en mente por el que he paseado en muchas ocasiones, que me trae recuerdos dulces y otros amargos. Un río por el que paseé con una sonrisa, agarrada a una mano, y también paseé con lágrimas en los ojos cuando esa mano se olvidó de agarrarme, esos brazos olvidaron abrazarme.

Un río por el que quizás no vuelva a pasear, a veces nos negamos lo que duele demasiado.

B.D.E.B.

Antonio Orozco y  Alejandro Fernández – Estoy hecho de pedacitos de ti.
Callejeros…

Callejeros…

Hoy conseguí sacarle una foto, normalmente se esconde debajo de los coches y te mira así, «con cara de pocos amigos», creo que se sabe importante en el barrio, a diferencia de sus compañeros callejeros, ella entra y sale de su casa cuando quiere.

Es un «alma libre» sabe que cada vez que regresa tiene su plato de comida, su cama mullidita, un techo sobre el que resguardarse del frío invierno y del caluroso verano, y lo más importante, una humana que la llena de mimos cada vez que se le acerca.

Sus compañeros le permiten acercarse, ella no va de «diosa», cuando está en la calle se convierte en una más de la colonia, no mantiene distancias con ellos, se acerca y comparten el césped del jardín para tumbarse a la fresca o se esconde como cualquier otro debajo de un coche.

Hoy, mientras me miraba y posaba cuando le tomaba la foto, uno de sus compañeros tomaba el sol como que con él no iba la cosa…

B.D.E.B.

Sin voz…

Sin voz…

Ayer, mientras realizaba la romería, me noté un ligero picor de garganta pero no le di mucha importancia. Conforme pasaban las horas y el día avanzaba, mi voz se iba «agotando» a la par de las energías, así cuando llegué a casa, aparte del cansancio de todo el día, mi voz se había quedado bastante más flojita de lo habitual, y esta mañana cuando levanté, casi no había rastro de ella.

Pocas veces me he quedado sin voz, cuando me resfrío se nota que la voz se apaga un poco, cambia, pero afonía muy pocas veces he tenido y como en esta ocasión diría que es la primera vez.

Así que cuando esta mañana intenté hablar y me quedé en eso, en el intento, me sentí un poco agobiada de ver que había mucho que decir pero costaba hacerlo y cuando me fuerzo el picor de la garganta me provoca toser.

Peor ha sido cuando he tenido que llamar a mi padre por teléfono para avisarle que no podría subir a comer con ellos, al hombre le ha costado un mundo entenderme y yo aún me he sentido más agobiada.

A partir de ahí me he puesto a pensar lo complicado que es en ocasiones hacerse entender, en esta ocasión por no tener voz,pero en otras ocasiones por más que tengamos esa voz para explicarnos, no siempre lo logramos hacer o no siempre la otra persona logra entendernos por muy bien que lo expliquemos.

Otras veces somos nosotros mismos los que preferimos no «tener voz» y no entrar en debates absurdos que no nos van a llevar a ningún sitio porque sabemos de antemano la posición inamovible de la otra persona.

También puede pasar que quienes tenemos enfrente se pongan a hablar y hablar y no te den opción para que tú puedas dar tu opinión, y si lo haces quizás tu voz no se escuche a malas penas entre las otras.

Y no podemos olvidar esos casos en los que no hay voz porque alguien te deja sin palabras o no encontramos las adecuadas para expresar algo.

La voz es muy importante y debo reconocer que me alegra un mensaje pero lo hace mucho más una llamada o un audio, que hoy sentí que me faltaba algo para poder expresarme y sin embargo sé que a veces puedo hacerlo mejor a través de las letras que hablando.

Hay más formas de comunicarse y ya lo he dicho en muchas ocasiones, una mirada, una sonrisa, un abrazo… dicen mucho más que mil palabras pronunciadas.

B.D.E.B.

Leiva – Hasta que me quede sin voz