Sobresaltos

Sobresaltos

Ayer, a pesar de no haber mucho oleaje, las olas rompían fuerte, tanto que en un par de ocasiones me sobresaltaron. Iba demasiado ensimismada en mis pensamientos, en soñar despierta, que parecía que el mar dijera «¡eh!, que estoy aquí» y yo volviera a la realidad.

Fue de esos días en que desde el principio ya sabía que no llegaría hasta mi rincón, la pierna últimamente da un poco la lata y un poco de cansancio hicieron el resto. Aún así fui caminando con la mente puesta en mis cosas y llegué hasta poco más de la mitad de lo que acostumbro, y allí aprovechando la pasarela de madera para adentrarse del paseo a la arena, me senté.

Leí, me tomé el café que siempre llevo y escribí un poco, pero me fijé que desde allí las fotos no las podía hacer igual que desde mi rincón, y es que creo que voy teniendo cada momento para cada cosa y cada lugar. Las primeras fotos del amanecer si me gusta tomarlas desde la arena, ver el sol como va ascendiendo por el horizonte rápidamente, pero cuando ya está arriba me gusta ver el mar desde las rocas, con más tranquilidad, menos gente, aunque es cierto que a esas horas no está muy concurrido.

Estuve un poquito allí mientras observaba el mar y a la gente pasear, allí el sonido de las olas llegaba distinto, un poco más lejano y menos fuerte, justo cuando ya había dejado de soñar despierta, cuando estaba más centrada en lo que tenía delante.

Recordé esos dos sobresaltos que me había llevado durante el paseo, me recordó lo fácil que es últimamente sobresaltarme (aunque siempre lo ha sido pero ahora aún más), me pareció esa llamada de atención, igual que la que en ocasiones hace la gente, para que te des cuenta de que están ahí, que no se han marchado, que no te han dejado en paz…

Pero que diferentes son unos sobresaltos de otros, volver la atención al mar, a obligarte a poner atención a lo que nos está haciendo daño.

B.D.E.B.

Su compañía siempre

Su compañía siempre

Esta foto fue la que hizo que supiera que tenía que formar parte de la familia

¿Qué tiene de bueno tener un animal de compañía?

Nos ponemos en situación, estamos trabajando desde casa, tocan el timbre, abrimos y una mala noticia se cuela por la casa.

Te sientas de nuevo delante de la pantalla, incapaz de ver nada con esa vista «borrosa» y de repente una bolita de pelo negro se acerca hacia ti, se pone a dos patas y con las delanteras te busca para que la cojas al brazo.

Una vez encima, se acomoda en tu regazo y te deshace en mimos, y con sus ojitos negros te mira cómo quien quiere preguntar

-¿estás mejor?

B.D.E.B.

Comenzar de nuevo y paz mental

Comenzar de nuevo y paz mental

Qué es lo más caro que te has comprado (sin incluir la casa o el coche).

Dejando de un lado la parte económica (quizás también será importante cuando llegue el momento) este «comenzar de nuevo» me está costando cosas muy valiosas, y aún no se ha terminado.

Me está costando meses de sufrimiento, de tener un día bueno y dos malos, días de no querer levantarme de la cama, de no tener ganas ni fuerzas, de querer dormir y despertar cuando todo haya acabado.

Me está costando lágrimas, muchas, más de las que pensé que derramaría, cada una de ellas tiene un valor enorme porque deberían de estar reservadas para cosas más importantes, pero sin embargo, pensando que esto no debería de doler, duele, la decepción, la rabia, la impotencia, la confianza rota, y tantas cosas más. Me propongo que no soltaré ni una más, y en ocasiones no me siento capaz ni de hablar sin que ese nudo me ahogue.

Me está costando mi tranquilidad, noches sin dormir, pasar una gran parte del tiempo en tensión, esperando algo peor de lo que ya ha pasado, siempre llega un «golpe» más y siempre más duro que el anterior. Se pierden los nervios y aquí, no es el pulso el que tiembla, es todo el cuerpo.

Supongo que eso será el precio que más caro pague, luego llegará lo material, pero creo que esto está siendo lo peor, la salud, la tranquilidad, la paz mental, no debería de tener un precio, en este caso lo tiene y hay quienes lo cobran caro.

B.D.E.B.

Amanece en la ciudad

Amanece en la ciudad

Comienza a amanecer en la ciudad, un domingo cualquiera. En sus vehículos alguien que le toca trabajar, hay trabajos que no entienden de festivos. Otros vuelven a casa, después de una divertida noche de risas, música, bailes, quizás alguna mirada cómplice, o algún beso robado… quién sabe si es el comienzo de algo.

Otros, los menos, van a observar como sale el sol, el comienzo de el último día de la semana. Mientras estás detenido en un semáforo, pasa alguien, su día comienza muy diferente del vuestro.  Empieza empujando un carro de bebé, sin bebé, con todas sus pertenencias.

Seguramente acaba de abandonar su morada antes de que salga el sol y sea alguien quien lo eche de allí, o quizás prefiera alejarse de esas miradas, algunas con desprecio sin saber que motivos lo llevaron a estar así, porque los humanos somos así, perdimos la «humanidad» en algún momento.

Tú continúas el camino, acomodado en tu vehículo, él continúa el suyo empujando ese carro y con rostro serio.

Está claro que el día no amanece igual para todos, lo que tú consideras una belleza digna de disfrutar, para otros puede suponer el calvario de un día más.

B.D.E.B.

Cuando el pulso tiembla…

Cuando el pulso tiembla…

En ocasiones es nada más levantarte, notas que tu mano mientras sujetas esa taza de café, comienza a temblar suavemente, no sabes el porqué pero sigues fijándote en esa mano y es un síntoma de que estás intranquila, que no todo va tan bien como piensas.

Otras veces viene en forma de sobre, lo abres despacio, como si quisieras detener el tiempo, y mientras lo haces, te fijas de nuevo, ese leve temblor aparece de nuevo.

Cuando vas a conocer a alguien, has hablado en ocasiones pero siempre a la distancia, y llega el momento, te preparas, vas hacia ese lugar y cuando guardas las llaves, o sacas el móvil para ver si hay algún nuevo mensaje, ahí está, lo sientes una vez más.

Y llega el momento, buscas el sitio perfecto, enfocas, está ideal, encuadras un poco y de repente vuelve, ese pequeño temblor vuelve a aparecer cuando no debe…

Después observas lo que has conseguido y a pesar del temblor no ha quedado mal, aunque cuando conseguiste pararlo quedó mucho mejor.

Ojalá siempre fuese igual de fácil conseguir que pare ese temblor.

B.D.E.B.

Y aunque no tenga mucho que ver, acabo de encontrarla y no he podido evitar compartir Sabina y Vanesa Martín.