Relax

Relax

¿Qué haces para relajarte?

Habitualmente mi forma de relajarme es dando esos paseos que tanto me gusta por el mar. En horas en las que no hay mucha gente (casi tarea imposible ahora mismo), amanecer o atardecer, aunque ya sabéis que me declino por el primero que en mi tierra es el que se ve en el mar.

Pero es cierto que hay otras formas para relajarme. En estos meses de atrás que han sido un poco duros y que cada dos por tres habían noticias que me ponían nerviosa, necesitaba con urgencia salir de casa, adonde fuera, quedar con amigos para tomar un refresco, o simplemente dar un paseo o incluso ir a hacer la compra, quedarme en casa me provocaba ansiedad y cuando sonaba un móvil aún más hasta que descubría de quien era la llamada. Salir y estar con amigos, incluso algunas llamadas de ellos para ver como me encontraba era lo que hacía que me relajara un poco y quitara esa tensión de encima.

También me relaja despertarme de la siesta y, café en mano (para que digan que nos pone más nerviosos), leer los blogs amigos o escribir alguna entrada, eso también me trae una buena sensación de relax.

Soy consciente de que la etapa dura no ha terminado, ha sido un impas por el verano pero ahora «volveremos a la carga» y con ella habrá que buscar de nuevo ese relax necesario, esos métodos para hacerlo.

De momento ya empecé a practicar uno de ellos el domingo pasado, salir a cazar amaneceres y mañana si nada lo impide repetiré, aunque al paseo se unirá una amiga pero creo que las dos necesitamos de esa paz que nos da el mar para enfrentarnos a esa vuelta a la rutina.

Y tú, ¿qué haces para relajarte?

B.D.E.B.

Historia de una concha

Historia de una concha

Hay historias que comienzan cuando algo termina, quizás cuando acaba un verano, cuando finaliza una relación, cuando termina un periodo de reflexión…

Esta historia comienza cuando una pequeña concha que durante tiempo estuvo oculta en el fondo del mar sirviendo de escudo contra depredadores y de refugio para quienes lo necesitaron, una corriente la arrastró hacia la orilla del mar, y en aquel momento descubrió otro mundo, en el que no tenía que vivir oculta, que en la orilla también podía ser útil para los demás, descubrió que podía mostrarse de otra forma, ser algo más de lo que había sido hasta ahora.

Descubrió a otras compañeras en esa orilla, sirvió de hogar para algún ermitaño, sirvió al mar de otra manera y se balanceaba en multitud de ocasiones en sus olas.

Un día alguien caminando la encontró, la observó y decidió cogerla, no era una concha bonita pero era diferente a las que acostumbraba a ver, la limpió con el agua del mar y la llevó consigo a seguir el paseo, se sentó en las rocas y la depositó a su lado, comenzó a contarle su historia ¡como si la pequeña concha le escuchara!, no importaba, también se la contaba al mar y hasta le hacía preguntas esperando respuestas. Se levantó de las rocas para volver del paseo y cogió de nuevo la pequeña concha, pensó llevarla a casa, seguro que le encontraba un bonito lugar para ella, pero mientras caminaba por la orilla cambió de opinión.

Al llegar al lugar donde la había encontrado la volvió a depositar en la arena, junto con otras que parecían esperarla, ese era su sitio y allí sería útil, en casa no sería más que un objeto de decoración.

La pequeña concha se quedó allí, junto a sus compañeras, siendo de nuevo refugio, conservando el entorno y embelleciendo esa fina arena y se sintió orgullosa de haber sido visible a los ojos de alguien que a la vez supo que era lo mejor para ella.

B.D.E.B.

Juegos sucios

Juegos sucios

¿Guardas rencor por algo? Cuéntanos por qué.

Hay quienes dicen que es rencor, yo no lo considero así, porque no quiero ni le deseo mal a nadie, no existe el odio ni malos sentimientos hacia aquellas personas que me hicieron sufrir, que lo hacen y lo peor, que hacen sufrir a los míos. Perdoné y estoy segura de que seguiré perdonando, pero olvidar es más complicado y por ello los necesito fuera de mi vida, simplemente por un motivo, para que no vuelvan a dañar ni a hacer sufrir más.

«Hoy de nuevo le vi llorar, sus lágrimas brotaron no sin antes ver como su rostro cambiaba, sentí su congoja, sentí su dolor, lo vi sufrir porque su corazón sigue sintiendo y duele ver como otros se aprovechan de ello.

Jugar con los sentimientos es jugar sucio, es aprovecharse, abusar de la otra persona. A sabiendas lo hacen, utilizan las formas más rastreras de llegar a donde duele y una vez en la herida, apretar fuerte para que vuelva a sangrar.

Conocer los sentimientos de otro no debería de ser para dañar más, no se deberían de utilizar como arma, pero para algunas personas todo vale y cuanto más duele parece que antes ganarán la partida.

Hoy de nuevo se rompió frente a mí, lo hicieron romperse, sus lágrimas eran amargas y su rostro reflejaba el dolor, un dolor que lo hago mío. Aún así no guardo rencor pero no me pidas que olvide…»

B.D.E.B.

«Plomo»

«Plomo»

Cuenta alguna anécdota del viaje más lejano que hayas hecho.

Al lugar que más lejano he viajado ha sido a Venezuela. Lo hice en tres ocasiones, la primera hace veintiséis años, la última hace dieciocho y después ya las cosas se pusieron peor y no volví más, quién sabe si algún día…

De esa primera vez, aparte de mil recuerdo maravillosos, hay también algunas anécdotas.

Una de ellas fue ir a un barrio de Caracas, digamos un tanto «conflictivo» a por unas pinturas que nos encargó mi suegro para la empresa que tenía allí y ante un sonido parecido al de petardos, preguntar al familiar con el que íbamos:

-¿Tato, están en fiestas que se escuchan petardos?

-¿Petardos? ¡Eso es plomo! Subir a la camioneta que nos vamos ya.

Como anécdota fue de las más significativas, aunque hubieron muchas cosas que me llamaron la atención, unas para bien y otras no tanto, pero me volví con un maravilloso sabor de boca de sus gentes y de la belleza de muchos lugares.

Los dos viajes siguientes también fueron especiales y desgraciadamente la situación se complicó y ya no volví nunca más. Quién sabe si algún día…

B.D.E.B.

A ellos los descubrí allí y en una fiesta de despedida, unos mariachis nos cantaron esta canción.
Sensibilidad y debilidad

Sensibilidad y debilidad

Hoy me preguntaron si me veía débil  y yo contesté que quizás sí porque me afectaban mucho las cosas, «eso es ser sensible y no tienes que confundir la sensibilidad con la debilidad, son dos cosas diferentes y no creo que tú seas débil, eres una persona sensible».

A pesar de las adversidades has seguido adelante.

Has tirado de ti y los tuyos cuando las fuerzas se perdían.

Te enfrentaste a muchas batallas, sin más armas que lo que el corazón dictaba.

Te caíste mil veces, limpiaste tus rasguños y seguiste adelante.

Serviste de apoyo a quienes no podían caminar solos, aguantaste tu peso y el de la otra persona.

Seguiste peleando incluso cuando la batalla parecía perdida, nunca te rendiste.

Incluso ahora, cuando pensabas que no podrías más con otra lucha, has pedido ayuda y te haces más fuerte.

Tendrás momentos de debilidad, pero no eres débil.

Los demás quizás lo crean pero lo importante es que tú no lo hagas.

Llegaste hasta aquí gracias a esa fortaleza, mira atrás y observa todo lo conseguido.

Y sobre todo sigue siendo igual de fuerte, porque aún queda mucho por conseguir.

Ser sensible no es ser débil, fortaleza y sensibilidad no están reñidas.

B.D.E.B.