Responsabilidad…

Responsabilidad…

Mi pasión por la luna viene desde niña.

¿En qué momento te diste cuenta de que ya eras oficialmente adulto/a?

Hablé de ello hace un tiempo en una entrada «De niña a mujer». Tenía tan solo doce años cuando nació mi primer sobrino y pasé, prácticamente, de jugar con muñecas a tener un muñeco de carne y hueso en mis brazos.

Ayudaba a mi hermana cuidando de él en mis vacaciones o fines de semana mientras ella y mi cuñado trabajaban o incluso bajaban a algún torneo de dardos. Me lo llevaba para casa de mis padres y allí esperaba a que llegasen todos de trabajar.

Cuando tenía quince años nació su hermano y la tarea se duplicó. Más tarde uno de mis abuelos cayó enfermo y pasaba temporadas en casa, yo ayudaba en sus cuidados mientras mis padres trabajaban, era lo que tocaba y lo hacía con ganas y cariño, nunca me quejé, ni de los niños ni del abuelo.

Así que de los doce a los dieciséis más o menos, pasé de niña a adulta a fuerza de responsabilidades.

Recuerdo un día que en el instituto, uno de mis profesores tuvo una charla conmigo, no de profesor a alumna, creo que más como un amigo, me dijo que estaba asombrado conmigo, que era muy joven y mientras la gente de mi edad solo pensaba en vivir y disfrutar y eludían responsabilidades, yo me ocupaba de mis sobrinos, mi hermana pequeña y mi abuelo, me esforzaba en los estudios y si era necesario echaba una mano a mis padres en un pequeño comercio que tenían. Imagino que yo aquello lo veía normal él, acostumbrado a trabajar con adolescentes, sabía que todos asumían responsabilidades.

Las circunstancias son las que mandan en muchas ocasiones,  podemos pasar de niños a adultos en un abrir y cerrar de ojos, no siempre depende de nosotros, o sí…

B.D.E.B.

Paula Mattheus – Vale la pena
Momentos dulces

Momentos dulces

Con que poquito somos felices en ocasiones. Es suficiente estar en buena compañía, una sonrisa, un abrazo o una mirada cómplice para sentir estar en el sitio correcto y que la felicidad nos invada.

Algunas veces la buscamos y no la conseguimos pero otros días, sin apenas darnos cuenta, nos va invadiendo poco a poco y nos damos cuenta cuando vemos que no necesitamos más, que pararíamos el tiempo en ese momento y lo haríamos eterno.

Nos pasamos media vida (si no más) en busca de ella y llega un momento en que te das cuenta que está ahí, al menos una gran parte,porque no sé si existirá una felicidad completa pero bueno  al menos una parte y lo suficiente para conformarme.

Sé que no durará mucho tiempo, es como vivir en una especie de sueño del que sabes que vas a despertar en algún momento, pero mientras lo disfrutas lo saboreas, ese momento dulce que no siempre encontramos a pesar de buscarlo.

Podría ser mejor, podría durar más, pero de momento solo queda disfrutarlo, endulzarme con él y pedir no despertar por el momento.

B.D.E.B.

Valeria Castro – Sobra decirte
Lo que nos supera

Lo que nos supera

Algunas situaciones llegan a superarnos, queremos hacernos los fuertes, hacer ver que podemos con todo, que algunas cosas son nimiedades para nosotros y llega un momento en que nos desmoronamos porque ya no podemos más.

Y lo peor es que aún así, seguimos queriendo que los demás piensen que estamos bien y hasta se lo «demostramos» pero siempre aparece ese momento en que ya no podemos más y de repente nos venimos abajo, a veces por angustia, por agotamiento, porque ya no podemos más, y otras porque después del susto, en la calma es cuando la situación nos supera.

Hoy le pasó a alguien cercano, él que siempre te dice que está bien, que no hay nada importante, que te hace ver que puede con todo, aunque de un tiempo a aquí le vamos notando que las cosas ya le pesan.

Hoy se asustó, la situación le superó y aunque de momento no lo quiso reconocer llegó a un punto en el que se derrumbó, y es que llega un día en que el más fuerte también se convierte en débil, no lo diría así, quizás que aunque no lo quiera dejar ver, también lloran.

Creo que más que las situaciones, son los sentimientos que llevamos dentro, no siempre los dejamos salir, no siempre los mostramos, nos gusta guardarlos bajo esa coraza que nos empeñamos en vestir y llega un momento en que esta cae al suelo, dejando al descubierto aquello que somos, aquello que sentimos.

Tendríamos que evitar llegar a ese punto, no acumular tanto pero en ocasiones es complicado.

Hoy hablo de él, pero podría ser yo misma, claro que en el fondo los genes son los que mandan…

B.D.E.B.

El reloj cucú – Maná
Traspasar límites

Traspasar límites

Igual que esa fina línea que separa el mar del cielo, es la línea que separa la prudencia de la ofensa

Me considero una persona bastante prudente, incluso cuando me dan  confianza hay algunos límites que no me gusta traspasar y para depende de que cosas tengo que tener mucha mucha confianza y aún así hay algunas cosas que nunca haría, o diría ni aunque fuera de broma.

Tengo un defecto, tengo muchos realmente, pero uno de ellos es que a veces creo que todo el mundo tiene que ser igual en ciertos aspectos, y eso no es posible, cada uno somos como somos y hay algunas personas que sueltan sus «gracias o bromas» sin darse cuenta de que traspasan esos límites, primera sin tener la confianza suficiente y segunda sin darse cuenta de que aquello que han soltado no tiene gracia más que para él solo y el resto que estamos allí (o al menos una parte) esperábamos que la otra persona no lo hubiera escuchado.

El otro día escribía que cuando me siento en confianza con las personas, cuando las noto cercanas, me dejo llevar y me gusta incluso bromear, pero siempre sin molestar ni ofender y creo que hay cosas que no se pueden considerar bromas, porque rozan la ofensa y a la otra persona puede no caerles bien, si a mí que no era la implicada me ha molestado, imagino que la otra persona si llega a escucharlo (se alejaba cuando lo han dicho) pues aún más.

Vuelvo al principio, quizás yo sea demasiado prudente, aunque me consta que más personas les ha pasado como a mí, pero cuando pasa algo así, al momento me siento incómoda y necesito apartarme un poco, porque ese tipo de «juego» no va conmigo.

Imagino que cada uno vemos los límites a una «distancia» diferente, quizás los míos estén más cercanos o quizás los de otros estén más lejos, no sé cual será la distancia correcta pero prefiero pecar de prudente a traspasarlos y poder ofender a alguien.

B.D.E.B.

Saurom – No seré yo.
Llegaste tú…

Llegaste tú…

¿Qué momento con un desconocido te devolvió por completo la fe en la gente?

…y la soledad se volvió compañía, las noches en vela no se hacían tan largas y las lágrimas se convertían en risas.

Tenías esa palabra adecuada, la facilidad para cambiar de tema y que olvidara todo aquello que dolía. Sabías acompañar en la distancia, hacías lo posible porque te sintiera cerca, no me soltabas de la mano.

Nunca te retirabas primero, siempre esperabas que lo hiciera yo, sobretodo esos días… Esos en los que sabías que necesitaba de alguien, necesitaba de ti. Te convertías en mi confidente, el guardián de mis secretos, el hombro en el que llorar y el «payaso» que me hacía reír.

Y me devolviste la confianza en la gente, en que no todo el mundo quisiera a los demás por interés, porque tú…

Tú nunca pediste nada a cambio, ni siquiera ese hombro para llorar, ni que escuchara tus problemas, no. Nunca quisiste añadir preocupaciones, solo intentabas aliviar las mías.

Siempre me reprocho el haberme alejado aunque fuese por «obligación». Te busqué después y nunca más supe de ti, aún así y por muchos años que hayan pasado, recuerdo aquellas noches, aquellas lágrimas y aquellas risas, recuerdo la música compartida, tu compañía, tus abrazos en la distancia, tu forma de consolar, tu manera de dar sin nunca pedir.

Tú me devolviste la confianza pero también me enseñaste que se puede conocer a un desconocido, que se puede querer sin conocer.

Esta noche hay lluvia de estrellas, si tuviera que pedir un deseo sería que nuestros caminos se cruzaran de nuevo.

B.D.E.B.

Amaral – Podría haber sido yo.