
Aquí puede parecer que todos los días son iguales, todos los atardeceres que también lo sean, pero para mí siempre son distintos. Así como cada atardecer tiene un tono más o menos rojizo, con más nubes o sin rastro de ellas, los días también son distintos.
Hay cosas que se repiten, como el baño de mañana y tarde en la piscina, o la clara en el chiringuito después del baño. Pero hay otras que son diferentes, de normal soy de desayunar aquí, al aire libre y tomando mi café sorbo a sorbo, saboreándolo y con toda la tranquilidad del mundo, otros días como hoy, son de ir al pueblo y tomarlo en una cafetería, junto con algo dulce y después ir a comprar.
Otra cosa que se repite son las visitas, ya hablé de ello, me encanta recibirlas y de echo unos amigos que vienen mañana ya es su tercera visita y yo encantada. Hoy le tocó el turno al chico mayor, aunque casi podía dormir aquí porque viene casi a diario a comer (quizás echa de menos mi comida 😉). Pero hasta eso es distinto, unas veces viene con los tíos, otra con la novia, otra con un amigo…
Días parecidos pero distintos, días felices y otros que te viene algo a la mente y te hace que se amargue un poco.
Días en que busco la luna, otros que intento cazar las estrellas.
Días en los que pararía el tiempo y me quedaría en este lugar por los restos, otros que echo de menos alguna rutina.
Días en los que he paseado por el monte y otros por el mar, buscando esa conexión que tenemos los dos.
Días distintos sí, días en los que te das cuenta lo poquito que necesitas para ser feliz, tranquilidad.
Y otros que sabes que no durará para siempre, así que solo queda disfrutar del momento, de los atardeceres hasta que lleguen esos amaneceres que tanto te gusta salir a cazarlo.
B.D.E.B.




